La industria vitivinícola argentina encuentra en Cuyo su polo productivo indiscutido al concentrar más del 71% de la superficie cultivada del país. Aunque el Malbec acapara los mayores laureles internacionales, los viñedos locales albergan una rica matriz varietal que abarca tintas de gran estructura, blancas de altura y rendidoras uvas criollas.
Más allá del Malbec: qué otras variedades de uva lideran la producción en Mendoza
El mapa del vino va más allá del Malbec. La provincia de Mendoza lidera la vitivinicultura con tintas, blancas y variedades criollas.
¿Cuáles son las uvas tintas que compiten en volumen y prestigio?
Detrás del Malbec, la provincia sostiene un poderoso frente de tintas de alta calidad:
- Bonarda: Con casi 18.000 hectáreas radicadas principalmente en el Este provincial (San Martín y Rivadavia), aporta gran volumen, fruta fresca, notas de frambuesa y taninos sumamente amables.
- Cabernet Sauvignon: Mendoza concentra el 76% de la superficie nacional de esta cepa, logrando en Luján de Cuyo y el Valle de Uco ejemplares con estructura, notas especiadas y gran potencial de guarda.
- Cabernet Franc: Se convirtió en la uva de culto de los enólogos para cortes de alta gama, destacándose por su óptimo rendimiento en climas fríos y suelos de altura.
¿Qué lugar ocupan las uvas blancas, rosadas y criollas en la cosecha?
En el segmento de blancas, el Chardonnay reina en el Valle de Uco gracias a los suelos calcáreos que le otorgan acidez y notas minerales, acompañado por la frescura del Sauvignon Blanc, el rescate de viñedos antiguos de Semillón y la presencia del Torrontés. A su vez, la Pedro Giménez se mantiene como la uva blanca más plantada de Argentina para vinos de consumo cotidiano.
Por su parte, las variedades rosadas y criollas como la Cereza y la Criolla Grande conforman el histórico motor del Oasis Este. Estas uvas sustentan la elaboración de vinos de mesa, abastecen la millonaria industria de exportación de mosto concentrado y protagonizan una tendencia creciente de vinos de autor ligeros y frescos.
La diversidad geográfica mendocina demuestra que la vitivinicultura local es mucho más que un monocultivo. Esta pluralidad de terruños permite abastecer tanto la mesa diaria de las familias como los mercados internacionales más exigentes, consolidando a la región como un referente indiscutido en la escena vitivinícola global.