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Combustible

Tu auto ya usa biocombustibles y quizás no lo sabías: qué son y qué podría cambiar

Mientras el Congreso debate un nuevo marco para los biocombustibles, uno de los puntos centrales es aumentar la cantidad de bioetanol que se mezcla con las naftas. En Argentina ya se utilizan combustibles de origen biológico.

Por Cecilia Zabala

Cada vez que un automovilista carga nafta en una estación de servicio de Mendoza o cualquier otro punto del país, una parte del combustible que ingresa al tanque no proviene del petróleo. La explicación está en los biocombustibles, productos obtenidos a partir de materias primas de origen agropecuario, agroindustrial o de residuos orgánicos que pueden utilizarse solos o mezclados con combustibles fósiles.

En Argentina, los dos protagonistas son el bioetanol y el biodiésel. El primero se mezcla con las naftas y el segundo, con el gasoil.

El tema volvió al centro de la agenda porque el Congreso discute una nueva Ley de Biocombustibles y uno de los principales consensos que comenzó a tomar forma apunta a elevar del actual 12% al 15% el corte obligatorio de bioetanol en las naftas.

La discusión parece técnica, pero podría tener consecuencias concretas para la matriz energética, la agroindustria y, eventualmente, los combustibles que utilizan millones de vehículos.

¿Qué son los biocombustibles?

La legislación argentina define como biocombustibles al bioetanol y al biodiésel producidos en plantas del país a partir de materias primas nacionales de origen agropecuario, agroindustrial o provenientes de desechos orgánicos.

El bioetanol es un alcohol obtenido mediante la fermentación de biomasa. En Argentina se produce principalmente a partir de maíz y caña de azúcar.

El biodiésel, en tanto, se obtiene a partir de aceites o grasas de origen biológico. En el país tiene especial importancia el aceite de soja.

Ambos permiten reemplazar una porción de los combustibles fósiles utilizados en el transporte.

Por eso, cuando se habla de "corte" se hace referencia simplemente al porcentaje de biocombustible incorporado al combustible tradicional.

Tu auto ya usa biocombustibles aunque quizás no lo sepas

Actualmente, todas las naftas que se comercializan en Argentina deben contener obligatoriamente 12% de bioetanol. Es decir, de manera simplificada, cada 100 litros del producto final contienen 12 litros de bioetanol.

Por lo tanto, prácticamente cualquier vehículo naftero que carga combustible en una estación de servicio argentina ya funciona con una mezcla que contiene este biocombustible.

En el caso de los vehículos diésel sucede algo similar con el biodiésel. La Ley 27.640 fijó originalmente un piso obligatorio del 5%, aunque facultó a la Secretaría de Energía a modificarlo. Actualmente, el corte vigente es del 7%, luego de una reducción dispuesta a fines de 2025.

El bioetanol y el biodiésel permiten reemplazar una porción de los combustibles fósiles utilizados en el transporte.

Así, tanto un auto naftero como uno diésel utilizan actualmente alguna proporción de combustible de origen biológico.

La diferencia es cuál: bioetanol para los motores nafteros y biodiésel para los diésel.

E12, E15, E30: qué significan esas denominaciones

La forma de identificar las mezclas es bastante sencilla. La letra E hace referencia al etanol y el número indica aproximadamente qué porcentaje contiene el combustible. Una nafta E12 tiene 12% de etanol; una E15, 15%; y una E30, 30%.

Con el biodiésel ocurre algo similar mediante la letra B. Un combustible B7 contiene 7% de biodiésel y el resto corresponde fundamentalmente a gasoil de origen fósil.

Argentina utiliza actualmente una mezcla equivalente a E12 en las naftas, mientras que uno de los principales proyectos que se discuten en el Congreso busca avanzar hacia E15.

¿Habrá que modificar los autos si aumenta el bioetanol?

Este es uno de los interrogantes que aparecen ante cualquier incremento del porcentaje de mezcla. No es lo mismo pasar del 12% al 15% que utilizar concentraciones muy superiores de etanol.

La compatibilidad depende de las especificaciones técnicas de los vehículos y de las normas de calidad del combustible. Por eso, los aumentos importantes de los porcentajes requieren estudios sobre motores, materiales, emisiones, consumo y funcionamiento.

Un ejemplo interesante está en Brasil, que posee una de las experiencias más desarrolladas del mundo en utilización de etanol. Allí, durante 2025 la mezcla obligatoria llegó al 30% y desde agosto de 2026 el Gobierno elevó temporalmente el porcentaje al 32% de etanol en la nafta común, después de realizar estudios técnicos sobre su viabilidad.

Brasil, además, tiene una amplia flota de vehículos flex fuel, diseñados para funcionar con diferentes proporciones de nafta y etanol.

El caso brasileño muestra que es posible avanzar hacia porcentajes considerablemente superiores, pero también que esos cambios deben acompañarse con estudios técnicos, regulación y adaptación de la industria automotriz y del sistema de abastecimiento.

¿Cuáles son las ventajas de utilizar más biocombustibles?

Una de las principales ventajas es que permiten reducir parcialmente el consumo de combustibles fósiles. También pueden disminuir la necesidad de importar determinados combustibles o componentes, dependiendo de las condiciones de producción y del mercado energético.

Para Argentina existe además una dimensión productiva: fabricar bioetanol y biodiésel significa agregar valor a materias primas agrícolas dentro del país.

Maíz, caña de azúcar y soja dejan de ser únicamente alimentos o productos de exportación para convertirse también en materias primas energéticas.

Los biocombustibles permiten reducir parcialmente el consumo de combustibles fósiles.

Las provincias productoras sostienen que una mayor utilización puede generar inversiones, actividad industrial y empleo en las economías regionales. Los representantes del sector también destacan su contribución a la reducción de emisiones del transporte.

Sin embargo, el beneficio ambiental no puede medirse solamente por lo que ocurre en el caño de escape. El balance total depende de cómo se cultivó la materia prima, qué energía se utilizó para transformarla, cómo fue transportada y qué cambios en el uso del suelo estuvieron involucrados.

¿Y cuáles son sus desventajas?

Los biocombustibles tampoco están exentos de controversias. Uno de los debates históricos gira alrededor del destino de los cultivos: ¿cuánto debe utilizarse para producir alimentos y cuánto para generar energía?

También existen discusiones sobre el precio de las materias primas, los costos industriales y el impacto que un porcentaje obligatorio elevado puede tener sobre el precio final del combustible.

A eso se suma el desafío tecnológico. Cuanto mayor es la proporción de biocombustible, más importante resulta garantizar que motores, sistemas de inyección, mangueras, depósitos y otros componentes sean compatibles con la mezcla.

Otro punto de conflicto está dentro de la propia industria. Mientras existe un amplio consenso entre productores de bioetanol de maíz y caña para elevar su participación, el capítulo del biodiésel mantiene diferencias entre empresas, provincias y sectores productivos.

Qué se discute ahora en el Congreso

El régimen vigente está establecido por la Ley 27.640, sancionada en 2021 y con vigencia prevista hasta fines de 2030, salvo una eventual extensión. Pero distintos sectores consideran que el esquema necesita una actualización.

Actualmente existen diferentes proyectos en discusión y uno de los puntos que logró mayor acercamiento es el bioetanol. La propuesta impulsada por las provincias bioenergéticas plantea llevar el corte obligatorio de las naftas del 12% al 15%, con la expectativa de aumentar posteriormente la participación del combustible renovable.

Las diferencias alrededor del biodiésel llevaron incluso a representantes del sector del bioetanol a proponer desdoblar la discusión legislativa: aprobar primero el capítulo sobre etanol, donde existe mayor consenso, y dejar para otra instancia los puntos más conflictivos vinculados al biodiésel.

Biocombustibles: qué puede cambiar para el conductor

Si el Congreso finalmente eleva el corte de bioetanol del 12% al 15%, el cambio más inmediato será que una porción mayor de la nafta que se comercialice en Argentina tendrá origen renovable.

Para el conductor, el debate central será determinar qué mezclas admite el parque automotor existente sin modificaciones y hasta dónde puede incrementarse progresivamente el porcentaje.

Pero detrás de esos tres puntos adicionales existe una discusión mucho mayor. Argentina debe decidir qué lugar quiere darle a los biocombustibles en su matriz energética, cuánto valor agregado pretende generar a partir de su producción agropecuaria y cómo combinar esa estrategia con el desarrollo de Vaca Muerta y la transición hacia tecnologías de transporte con menores emisiones.

Mientras esa discusión avanza en el Congreso, hay algo que ya ocurre todos los días: cada vez que un argentino carga nafta o gasoil, también está cargando una pequeña proporción de energía proveniente del campo.

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