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Mendoza

De la sustentabilidad a la sostenibilidad: el cambio de paradigma que atraviesa a Mendoza

Los dos términos suelen utilizarse como sinónimos, pero detrás de ellos existe una evolución en la manera de pensar el desarrollo de Mendoza.

Por Sitio Andino Energía

Sustentable, sostenible, desarrollo sustentable, producción sostenible. Las palabras se repiten cada vez con mayor frecuencia cuando se habla de minería, energía, industria, agro o inversiones. Y Mendoza no es la excepción.

Pero ¿significan exactamente lo mismo? Aunque en el uso cotidiano sustentabilidad y sostenibilidad suelen funcionar como sinónimos —y lingüísticamente ambos términos son válidos—, detrás de ellos existe una discusión mucho más interesante que la elección de una palabra: cómo cambió la manera de pensar el desarrollo.

Durante décadas, la discusión estuvo fuertemente vinculada con la capacidad de desarrollar actividades humanas sin agotar los recursos naturales ni generar impactos que el ambiente no pudiera absorber.

La mirada actual incorpora esa condición, pero amplía considerablemente la ecuación. Ya no alcanza con preguntarse por el impacto ambiental de una actividad. También aparecen su viabilidad económica, generación de empleo, relación con las comunidades, desarrollo de proveedores, innovación, transparencia y capacidad para mantenerse en el tiempo.

En definitiva, la discusión dejó de ser exclusivamente ambiental para convertirse también en económica y social. Y ese cambio de paradigma comienza a observarse con claridad en Mendoza.

De cuidar los recursos a pensar cómo desarrollarse

Uno de los principales referentes de la sustentabilidad fue el economista ecológico Herman Daly, quien desarrolló una serie de principios relacionados con los límites en la utilización de los recursos naturales.

En términos generales, planteaba que los recursos renovables no deberían utilizarse a un ritmo superior al de su regeneración; que los residuos no deberían producirse más rápido de lo que el ambiente puede procesarlos y que el consumo de recursos no renovables debería acompañarse con el desarrollo progresivo de alternativas.

Desde esta perspectiva, la sustentabilidad quedó fuertemente asociada al uso racional de los recursos y a la posibilidad de mantenerlos en el tiempo.

Sin embargo, el concepto de desarrollo fue incorporando nuevas dimensiones. El denominado Informe Brundtland, publicado en 1987, instaló una definición que se convirtió en referencia internacional: satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la posibilidad de que las futuras generaciones puedan satisfacer las propias.

Esa concepción fue posteriormente ampliándose hasta consolidar tres dimensiones que hoy aparecen como inseparables dentro del desarrollo sostenible: la ambiental, la económica y la social.

Por eso, una actividad puede reducir su impacto ambiental y, aun así, enfrentar dificultades para ser sostenible si económicamente resulta inviable o si no logra integrarse adecuadamente con la sociedad en la que se desarrolla.

Y también ocurre a la inversa: una actividad económicamente rentable difícilmente pueda sostenerse en el largo plazo si deteriora los recursos de los que depende o genera conflictos permanentes con las comunidades.

Mendoza y una palabra que empieza a cambiar de significado

La discusión no resulta abstracta para Mendoza. Por el contrario, aparece en algunas de las principales actividades sobre las que la Provincia busca construir su desarrollo durante los próximos años.

Minería, petróleo y gas, generación eléctrica, energías renovables, industria y producción agropecuaria enfrentan, con características diferentes, el mismo interrogante: cómo generar actividad económica en el presente sin comprometer las posibilidades del futuro.

El propio Gobierno provincial comenzó a utilizar el concepto de sostenibilidad desde esa perspectiva más amplia.

Durante una jornada del tour federal de Pacto Global Argentina, iniciativa vinculada con Naciones Unidas y orientada a involucrar al sector privado en los desafíos del desarrollo sostenible, la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, planteó la necesidad de integrar bajo un mismo concepto economía, ambiente, sociedad y gobernanza.

La definición permite observar hasta dónde se amplió la discusión. La sostenibilidad deja de ser solamente un asunto relacionado con el área ambiental de una empresa o del Estado y comienza a atravesar las decisiones económicas, las inversiones y la relación entre una actividad productiva y la sociedad.

La minería, uno de los ejemplos más visibles

Probablemente sea la minería donde este cambio puede verse con mayor claridad en Mendoza. Durante años, gran parte de la discusión provincial alrededor de la actividad estuvo concentrada en sus impactos ambientales. Ese componente continúa siendo central, pero la nueva etapa minera abrió otros interrogantes.

Hoy se habla simultáneamente de controles ambientales, participación ciudadana, empleo, formación profesional, proveedores mendocinos, financiamiento, transparencia, relación con las comunidades e inversiones.

Un ejemplo apareció este año con el programa +Capacidad Local, orientado a preparar proveedores mendocinos para incorporarse a la cadena de valor minera. Uno de sus encuentros estuvo dedicado específicamente a la gestión estratégica de la sostenibilidad y abordó estándares internacionales, vinculación comunitaria y herramientas para medir y gestionar la huella de carbono.

La propuesta permite observar que la sostenibilidad empieza a ser entendida también como un factor de competitividad.

Para una pyme mendocina que pretenda convertirse en proveedora de grandes proyectos, ya no alcanza necesariamente con ofrecer determinado producto o servicio. El cumplimiento de estándares ambientales, sociales y de gestión puede convertirse en parte de las condiciones necesarias para ingresar a cadenas productivas internacionales.

Otro ejemplo se produjo en agosto, durante el segundo Workshop Minería y Sostenibilidad organizado por Impulsa Mendoza. Allí participaron empresas, proveedores, inversores, universidades, entidades financieras y organismos públicos. La agenda incluyó sostenibilidad, pero también financiamiento, transparencia, innovación y desarrollo de proveedores.

La combinación no es casual: muestra precisamente que el concepto comenzó a abarcar aspectos que anteriormente podían analizarse por separado.

Energía: aprovechar el presente y preparar el futuro

La misma lógica puede trasladarse al sector energético. Mendoza continúa teniendo una fuerte actividad vinculada con los hidrocarburos y, al mismo tiempo, avanza en la incorporación de generación renovable y nueva infraestructura eléctrica.

La transición energética plantea justamente uno de los ejemplos más claros de sostenibilidad: cómo aprovechar eficientemente los recursos disponibles mientras se construye una matriz energética capaz de responder a las necesidades futuras.

La Provincia viene planteando una estrategia que combina recuperación de producción petrolera, inversiones en áreas maduras y no convencionales con crecimiento de la generación renovable.

Desde esa perspectiva, la discusión ya no pasa necesariamente por enfrentar una fuente de energía contra otra, sino por determinar cómo se realiza esa transición y qué infraestructura, inversiones y tecnología requiere.

En 2026, el Gobierno provincial volvió a presentar la energía como un sector vinculado no solamente al abastecimiento, sino también al crecimiento económico, la industrialización y el desarrollo sostenible.

Sustentable o sostenible: ¿una palabra reemplaza a la otra?

Desde el punto de vista lingüístico, ambos términos pueden utilizarse correctamente. FundéuRAE reconoce como válidas las expresiones "desarrollo sustentable" y "desarrollo sostenible" y señala que sustentable tiene un uso especialmente extendido en América.

Por eso, más que buscar una frontera rígida entre las dos palabras, la discusión actual permite observar cómo evolucionó aquello que se pretende expresar con ellas.

La protección ambiental continúa siendo una condición fundamental. Lo que cambió es que dejó de analizarse aisladamente.

Naciones Unidas define actualmente el desarrollo sostenible a partir de tres dimensiones que deben avanzar de manera equilibrada: crecimiento económico, inclusión social y protección del ambiente.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible profundizaron posteriormente esa concepción incorporando cuestiones como pobreza, educación, igualdad, trabajo, energía, producción, instituciones y acción climática.

El desafío dejó entonces de ser solamente conservar.

La pregunta ahora es cómo producir, generar empleo, atraer inversiones, incorporar tecnología y mejorar las condiciones de vida sin comprometer las posibilidades de quienes vendrán después.

En una Mendoza que busca ampliar su matriz productiva y donde minería, energía, agro, industria y nuevas inversiones ocupan cada vez más espacio en la agenda económica, la diferencia puede parecer semántica.

Pero detrás de esas dos palabras existe una discusión mucho más profunda: qué modelo de desarrollo puede sostener la provincia en el tiempo.

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