Hace una década alcanzaba con mirar al cielo y temerle al granizo. Hoy, el productor mendocino también debe vigilar la velocidad del viento y la humedad retenida en el suelo después de cada lluvia. El cambio climático y la cercanía de El Niño, que hasta hace poco era tema de sobremesa, se convirtió en una variable que condiciona cada decisión productiva en la finca, la malla antigranizo se transforma en un aliado en la prevención del fenómeno
- Sitio Andino >
- Economía >
Super Niño: La malla antigranizo otra aliada en el combate contra el fenómeno
El cambio climático obliga a los productores mendocinos a combinar malla antigranizo, cortaviento y antimaleza para proteger sus cultivos contra El Niño.
El panorama no invita al optimismo. Los organismos internacionales que monitorean el fenómeno de El Niño coinciden en que el episodio actual, ya en una fase de fuerte intensificación, podría transformarse hacia fines de 2026 en uno de los más severos de los últimos años. Para una provincia cuya economía depende en buena medida de la vitivinicultura y la fruticultura, esa proyección no es un dato meteorológico más, sino una alerta económica.
“Los escenarios climáticos actuales refuerzan una tendencia que el productor ya viene experimentando: mayor necesidad de anticiparse a condiciones ambientales variables y eventos extremos”, señalan desde Agrinet, la empresa mendocina especializada en sistemas de protección de cultivos que desde hace años elabora y provee mallas a fincas de toda la provincia.
Del antigranizo al sistema integral
Durante décadas, la malla antigranizo fue sinónimo de protección en Mendoza. La estructura, elevada sobre el cultivo, no solo amortigua el impacto físico del hielo, sino que también modera la radiación solar y genera una sombra que alivia el estrés hídrico de la planta durante los días de calor extremo. Ese papel histórico sigue vigente, pero ya no alcanza por sí solo.
La empresa incorporó dos herramientas que los productores solicitan cada vez más en combinación con la malla tradicional. La primera es la malla cortaviento, fabricada con un tejido más denso e instalada de manera perpendicular a la dirección predominante del viento para reducir su velocidad antes de que llegue al cultivo. La demanda creció con fuerza en una zona particular, el este mendocino, sobre el límite con San Juan. Allí, varios productores ya optan por el sistema completo (antigranizo y cortaviento) para cubrir dos frentes de riesgo al mismo tiempo.
La segunda novedad, la malla antimaleza, tiene un origen diferente. Agrinet la incorporó a partir de la experiencia de productores chilenos. A diferencia de las anteriores, no se coloca en altura sobre el cultivo, sino directamente sobre el suelo, y responde a un problema muy concreto que dejó la temporada pasada. El exceso de lluvias elevó tanto la humedad del suelo que las malezas crecieron a un ritmo que ni los herbicidas ni el paso de la maquinaria lograban controlar. “La temporada pasada íbamos muy atrás con las malezas por la humedad que había en el suelo”, recuerda Agustina Debernardi, gerente de Relaciones Institucionales de Agrinet, al repasar el origen de esta línea de productos.
Proteger es más que evitar una pérdida
Para la compañía, la respuesta al escenario actual no consiste en vender un producto milagroso, sino en pensar la protección de manera integral. Esto supone cubrir el riesgo de granizo, moderar la radiación, reducir el impacto del viento y ordenar el manejo del suelo frente a las malezas, de acuerdo con la combinación de riesgos que enfrente cada finca.
“El desafío no es evitar que el clima cambie, sino lograr que el sistema productivo esté mejor preparado para enfrentar esos cambios. Invertir en protección no significa solamente evitar una pérdida: significa darle mayor previsibilidad al cultivo, cuidar la calidad y hacer más eficiente cada recurso utilizado en la finca”, resumen desde la empresa.
El costo de no adaptarse
El respaldo a esta lectura no se limita al discurso técnico, también aparece en los números oficiales. Durante la temporada 2024/25, la provincia destinó $7.300 millones a compensaciones por daños climáticos a través del fondo compensador, una cifra que permite dimensionar el costo económico real de estos eventos para la producción agrícola. De cara a la temporada 2025/26, el Gobierno provincial reforzó el esquema de cobertura, con compensaciones que pueden alcanzar los $2 millones por hectárea, según el cultivo y el nivel de daño.
Ese respaldo estatal funciona como una red de contención frente al desastre ya ocurrido, pero no reemplaza la inversión en prevención. Ante un episodio de El Niño que se perfila como uno de los más intensos de los últimos años, la ecuación del productor mendocino comienza a apoyarse en dos pilares: la cobertura oficial para el daño consumado y una protección física del cultivo, cada vez más diversificada, para reducir la probabilidad de tener que recurrir a ella.
- Temas
- malla antigranizo
- El Niño
- Cultivo