La Copa Mundial de Fútbol de 2026 dejó una certeza que contradice el sentido común: no hubo derrame de consumo. El balance económico del torneo, cerrado con la Selección subcampeona tras la final perdida ante España, confirma que los argentinos no gastaron más, sino distinto. Con la demanda deprimida y el poder adquisitivo erosionado, los hogares concentraron sus compras en productos vinculados a los partidos, picadas, bebidas, delivery, mientras restaurantes tradicionales, cines y teatros anotaron pérdidas.
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Sin efecto derrame: así impactó el Mundial 2026 en el consumo argentino
El Mundial 2026 modificó los hábitos de consumo, pero no elevó el gasto total. Ganaron las picadas y el delivery. El negocio aparte de la camisetas
La economía de la picada
Las reuniones para ver los partidos, más que los partidos en sí, fueron el gran negocio del Mundial. En PedidosYa, los comercios de cercanía duplicaron y hasta triplicaron sus ventas de picadas en los días de la Selección. Quesos, embutidos y snacks treparon entre 70% y 170%, y el promedio de órdenes creció 60%, con el pico frente a Egipto, cuando los pedidos subieron 115%. Según PepsiCo, uno de cada tres argentinos elige estos productos para acompañar los partidos, y sus ventas suben en promedio 13% cuando juega el seleccionado.
En las cadenas de supermercados el fenómeno se repitió con matices propios. En Día, las salchichas de copetín crecieron 156%, el salchichón 150% y los snacks salados 120%, mientras los maníes duplicaron su venta habitual durante los partidos. La cerveza, por su parte, tuvo un salto del 70%, con buen desempeño del formato lata de 710 centímetros cúbicos en kioscos y comercios barriales.
Descuentos para sostener la venta
Ese repunte puntual convive, sin embargo, con una realidad más amplia de estancamiento. El descuento en efectivo, un recurso históricamente habitual entre los comerciantes, se profundiza en los últimos meses y durante el Mundial. Del tradicional 5% o 10% se pueden encontrar carteles y pintadas en las vidrieras con descuentos del 15% al 20%, y en algunos rubros llegan hasta el 35%. Entre la caída del consumo y la presión fiscal, muchos comercios ya no saben qué otra estrategia aplicar para vender más, y varios trabajan directamente al costo para subsistir y salvar la ropa.
Supermercados: mismo volumen, otra composición
Desde Carrefour confirmaron que no hubo un aumento estructural en el volumen total de compras, aunque sí una fuerte concentración horaria alrededor de los partidos, con promociones en snacks que iban del 10% a la “segunda unidad al 70%”. Papas fritas, maní, palitos salados, queso, hummus y zanahorias encabezaron el ranking de los productos más vendidos. Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la Productividad, aseguró en distintas entrevistas que esto no sorprende: la evidencia internacional muestra que los Mundiales suelen tener un impacto económico más acotado de lo que habitualmente se supone. El especialista sostuvo que el torneo potencia rubros puntuales, gastronomía, entretenimiento, indumentaria deportiva, pero como desplazamiento del gasto y no como expansión real de la demanda. A eso se suma un dato que rara vez se pondera: el viaje de miles de argentinos a Estados Unidos para seguir el campeonato implicó una salida adicional de divisas, con efecto contractivo sobre la economía local. Los grandes perdedores fueron los restaurantes, los cines y los teatros, con caídas de actividad marcadas los días en que jugó el seleccionado.
El negocio (y el drama) de las camisetas
Si la picada fue el termómetro del consumo popular, la camiseta fue el símbolo de otro fenómeno: el de las compras impulsivas y las apócrifas. Argentina pasó de un clima mundialista tibio en junio a una fiebre casi total hacia mediados de julio. La camiseta oficial cuesta unos 100 dólares, cifra que trepa a entre 160 y 170 si el hincha busca la misma tela que usan los profesionales. A la par se multiplicaron las “truchas”, entre 10.000 y 12.000 pesos en todos los persas y calles del país: el sector estima que en los últimos dos meses se vendieron casi nueve millones en el país.
Adidas, el ganador silencioso
Detrás de la pelota hubo otra final: la de las marcas deportivas. Terminada la fase de grupos, con 16 selecciones afuera, a Nike le quedaban 8 de sus 12 equipos iniciales, a Adidas 6 de 14 y a Puma 7 de 11. Nike fue perdiendo representados como Brasil, Estados Unidos e Inglaterra, mientras que Adidas conservó las dos cartas ganadoras: España y Argentina, protagonistas de la final. La marca alemana ya había definido ese cruce en el MetLife Stadium como “un momento de orgullo”, y el resultado le dio la razón: desde junio, el volumen comercializado de botines y zapatillas creció 20 por ciento.
Después del 1a 0 de España y su bicampeonato Adidas, patrocinador oficial de la Federación Española, no perdió tiempo: la nueva camiseta con la segunda estrella estará a la venta desde el 4 de agosto, a 100 euros la versión adulto y 75 euros la infantil, con la edición “Campeones 2026”, de números dorados, en 125 euros. En la marca ya anticipan que el stock inicial se agotará rápido, tal como ocurrió en 2010, cuando las ventas de indumentaria de la Roja se duplicaron.
Para Argentina, en cambio, el desenlace deja un sabor amargo en las vidrieras: la camiseta de tres estrellas, vigente desde Qatar 2022, queda sin margen de actualización, y buena parte del stock producido para este Mundial perderá valor comercial en las próximas semanas, sobre todo entre los vendedores de camisetas truchas.