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Empleo

La UCA advierte sobre la pérdida de empleo formal y el avance de la informalidad en Argentina

La UCA advirtió que en la última década desapareció casi un millón de empleos asalariados y crecieron las changas, el autoempleo y la informalidad.

Por Marcelo López Álvarez

El mercado laboral argentino cambió de fisonomía en la última década, y lo hizo en una dirección poco alentadora: se perdió trabajo asalariado y creció, en cambio, el empleo y autoempleo informal. Así lo planteó Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), en una entrevista concedida a medios porteños, donde repasó un diagnóstico que excede, según dijo, los indicadores tradicionales de empleo.

En el día en que se conoció oficialmente que en abril el empleo formal cumplió doce meses de caída ininterrumpida y desde noviembre de 2023 perdieron su trabajo 329.667 asalariados con la novedad que también cayó la cantidad de trabajadores inscriptos en el monotributo, Salvia aseguró que “Estamos viendo un proceso de deterioro del mercado de trabajo en donde se perdió trabajo asalariado y se generó mayor trabajo de autoempleo, cuenta propia y emprendimientos de distinta naturaleza”, afirmó el sociólogo. Según sus cálculos, casi un millón de puestos de trabajo asalariados desaparecieron en los últimos diez años, y cerca de la mitad de esa caída se concentró en los últimos dos o tres.

El rebusque como destino

La pérdida de empleo formal empujó a buena parte de la población hacia changas, emprendimientos y otras formas de subsistencia. Para Salvia, ese fenómeno no responde a una elección sino a la falta de alternativas: “En situación de desempleo, la opción disponible es pasar a un autoempleo informal. No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque”.

Un relevamiento propio del Observatorio arroja que el 29% de quienes pierden su empleo termina incorporándose a ese tipo de ocupaciones. La tendencia, aclaró el investigador, ya se registraba entre 2011 y 2013, aunque en el escenario actual “se agravó notablemente”.

No todo el cuentapropismo, sin embargo, remite a la misma lógica. Existe, precisó Salvia, un segmento de trabajadores técnicos y profesionales que elige independizarse para volcarse a la economía del conocimiento y los servicios digitales. “Esos trabajadores prefieren dejar un trabajo asalariado y constituirse en un trabajo independiente. Pero ese es un segmento minoritario también de la población”, matizó.

Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dió su visión de la situación del mundo del trabajo y el empleo en la Argentina

Changas, no aplicaciones

El grueso de la expansión del trabajo independiente, según el investigador, se concentra en ocupaciones de baja productividad: servicios personales, mantenimiento, producción domiciliaria y modalidades diversas de comercialización informal. “Esos sectores crecieron mucho más que el trabajo en plataformas, subrayó, en momentos en que buena parte del debate público tiende a concentrarse justamente en las aplicaciones.

Salvia relativizó ese peso: los trabajadores de plataformas representan, según sus datos, entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral, y buena parte de ellos tampoco cuenta con protección social. “En Argentina, el nivel de subregistración o no registración es el más alto. En esos empleos, la gente trabaja y no quiere hacer su aporte”, explicó. El universo más numeroso, insistió, es otro: “El vendedor ambulante, el limpiavidrios, el trabajador que hace changas constituye entre el 25% y el 30% de la fuerza de trabajo en Argentina, el trabajador marginal. Esa Argentina sigue produciendo pobreza estructural.

Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28% o 30% Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28% o 30%

Deudas para seguir pedaleando

Un capítulo aparte merece el nivel de endeudamiento de quienes dependen de changas o trabajos por aplicación para sostener sus ingresos. Salvia mencionó el caso de los repartidores, que suelen financiar la compra o la reparación de sus herramientas de trabajo con créditos otorgados por las propias plataformas: “Los trabajadores de aplicaciones en promedio están endeudados en novecientos mil pesos con su propia aplicación, para comprar o arreglar motos y bicicletas para seguir trabajando”.

El sociólogo atribuyó ese endeudamiento a las expectativas de recuperación que se habían instalado hacia fines de 2024, cuando muchas familias asumieron compromisos financieros convencidas de que 2025 traería una mejora sostenida. Lo cierto es que ese repunte no se consolidó de la manera esperada. “La gente se endeudó porque pensó que 2025 iba a ser un año extraordinario. Pero lo que vino después se fue para abajo”, resumió.

Un país, dos velocidades

Más allá del avance de la informalidad, Salvia ubicó el núcleo del problema en la fragmentación del mercado laboral. Mientras un sector reducido logra insertarse en actividades de alta productividad y mejores salarios, una porción mucho más amplia queda atrapada en empleos precarios y con escasa movilidad. “Mientras en el sector más dinámico de la economía se observa un proceso de movilidad social ascendente, la pequeña y mediana empresa no crea empleo y los empleos que crea son más precarios”, sostuvo.

Esa mejora, advirtió, alcanza a una porción acotada de la sociedad. “Hay movilidad social ascendente en el segmento técnico profesional, en los segmentos dinámicos. Nada más que esa es la Argentina para 10 o 15 millones de habitantes”, señaló, en referencia a una población total que casi triplica esa cifra.

Al comparar la experiencia argentina con la de otros países de la región, Salvia consideró que las transiciones laborales locales fueron menos abruptas que las de Chile, aunque cuestionó que el debate público se limite a la tasa oficial de desocupación. “La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28% o 30%, y aseguró que “Hoy Argentina tiene un 30% de la fuerza de trabajo de alta productividad, pero un 70% de subproductividad.

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