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Economía

La economía, con provincias bajo presión y familias al límite

El ajuste a las provincias, la caída del consumo y una inflación cercana al 2% agravan la tensión política, social y de la economía argentina. Mientras el Gobierno sostiene su relato.

Por Marcelo López Álvarez

La semana terminó con una alta conflictividad laboral, marcada por un paro nacional docente. Miles de argentinos rezaron y pidieron por trabajo en todo el país, mientras otros tantos salieron a las calles y alimentaron una derrota legislativa del oficialismo que abre cientos de interrogantes políticos y económicos. Todo ocurrió con la industria y las economías regionales al borde de la inanición, y con millones de ciudadanos y familias al borde de la bancarrota total.

El Gobierno parece contar con un único libreto de soluciones: mirar hacia otro lado y presionar a los gobernadores para reunir los apoyos legislativos necesarios.

El ajuste sobre las provincias

La base material de esa presión es contundente. Según datos de Politikón Chaco, basados en el Presupuesto Abierto, las transferencias de la Nación a las provincias registraron una caída del 83,2%.

En cuanto a los envíos automáticos, entre enero y julio de 2026 se observa un retroceso del 62,8% respecto del mismo período de 2025, un año que ya acumulaba el impacto del ajuste y la contracción de la recaudación. En términos reales, se trata del peor ciclo de enero a julio en materia de transferencias provinciales desde 2005 y de un mínimo histórico desde la salida de la convertibilidad.

Esta dependencia extrema forzó situaciones límite. Provincias consideradas “colaboracionistas” con la Casa Rosada, como Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Jujuy, debieron recurrir a préstamos de la Nación para afrontar el pago del aguinaldo.

La maniobra expone una dinámica que el gobernador santiagueño Gerardo Zamora calificó como un “mal negocio”: el Gobierno central quita 100 en recursos, luego presta 10 con intereses y exige, a cambio, respaldo parlamentario a políticas perjudiciales para los propios representados.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof (que esta semana desembarcó políticamente en Mendoza) describió esta metodología, en una columna publicada en el diario La Voz, como una “extorsión” institucionalizada, en la que el ahogo financiero activo se utiliza para condicionar al Poder Legislativo.

La ilusión tributaria y el consumo fragmentado

En el Palacio de Hacienda intentan exhibir el signo positivo de julio, mes en el que la recaudación tributaria mostró una leve mejora interanual del 1,2%. Pero ese crecimiento marginal obedeció a un factor de calendario: el corrimiento del vencimiento de Ganancias y Bienes Personales. Los ingresos correspondientes debieron computarse en junio, aunque terminaron engrosando la estadística de julio.

También incidió el impuesto a los combustibles, un tributo de actualización mensual que encarece la logística y los precios de góndola, aunque sus fondos, con asignación específica para rutas, terminan desviados por el Gobierno al pago de intereses de la deuda.

Los impuestos vinculados al consumo y la actividad interna continúan en terreno negativo. El IVA, la seguridad social y el impuesto al cheque registran caídas frente a 2025, reflejo del parate de las transacciones. Los derechos de exportación disminuyeron por las rebajas al agro, mientras que las tasas de importación se derrumbaron ante la inactividad de una industria que dejó de demandar insumos externos.

El esquema impositivo no solo recauda menos, sino que profundiza la regresividad: mientras se alivian las cargas sobre Bienes Personales, las retenciones y los consumos suntuarios, las familias de menores recursos destinan el 21% de sus ingresos al pago del IVA para cubrir necesidades básicas.

Miles de argentinos en las calles por San Cayetano y contra las leyes del Gobierno, con un denominador común; sus cuestionamientos a la economía.

Una economía dividida

Esta brecha distributiva se refleja en las góndolas. Los indicadores de la Cámara Argentina de Comercio (CAC) exhiben una retracción acumulada del consumo de casi el 1% entre enero y julio. Según la consultora de Guillermo Oliveto, el mercado presenta un comportamiento fuertemente fragmentado.

Durante el primer semestre de 2026, los únicos rubros que crecieron respecto de 2023 fueron las ventas de propiedades, los autos importados (beneficiados por la quita de gravámenes suntuarios) y el turismo de argentinos en el exterior.

En contraste, el único consumo popular en alza es la venta de motos. El fenómeno responde al crecimiento del autoempleo en aplicaciones de entrega como salida laboral frente a los despidos en el sector formal, y al deterioro del transporte público suburbano, que obliga a los trabajadores a capitalizarse de manera precaria.

El resto de la canasta, que abarca carne vacuna, supermercados, almacenes, farmacias y medicamentos, indumentaria, electrodomésticos y entretenimiento, registra caídas generalizadas. Se consolida así un modelo de consumo restringido que beneficia a un segmento de 1,5 millones de personas con capacidad de ahorro y compra de divisas, en un país de 47 millones de habitantes.

El relato del éxito frente al “piso pegajoso”

Ante este escenario, el presidente Javier Milei insistió, durante una entrevista con Esteban Trebucq, en que “la economía crece, la pobreza cae y la inflación baja”. Las consultoras privadas, en cambio, proyectan para julio una inflación cercana al 2%, que quiebra la tendencia de junio y evidencia un “piso pegajoso” difícil de perforar.

Eco Go y Libertad y Progreso estiman un 2,1%; Analytica y Econviews, un 2%; CIT, Empiria y ABC, un 1,9%; y Equilibra, un 1,8%. Con paritarias que corren detrás de ese índice y tarifas de servicios públicos en constante actualización, el poder adquisitivo se encuentra en una encrucijada compleja.

La batalla cultural y el respaldo de Estados Unidos

Sin respuestas económicas inmediatas para su base social, el oficialismo redobla la apuesta por la denominada “batalla cultural” y las gesticulaciones discursivas. La realidad cotidiana muestra que la confrontación ideológica no paga las facturas de servicios ni llena las góndolas.

El Gobierno fía su suerte al respaldo político de Estados Unidos como prestamista de última instancia, mediante gestiones ante el Tesoro norteamericano. Ese aliado estratégico está inmerso en un frente geopolítico complejo. La administración de Donald Trump enfrenta turbulencias internas, que ya tienen consecuencias políticas, por el encarecimiento de los combustibles derivado de la tensión con Irán. Incluso ha llegado al extremo de cuestionar públicamente las abultadas ganancias de las petroleras locales Chevron y Exxon Mobil, en una inusual contradicción con los manuales del libre mercado.

Mientras tanto, en la economía doméstica argentina, el tiempo de la tolerancia social empieza a medirse con la misma rigidez que las planillas fiscales de Hacienda.

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