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Trabajo

La economía crece, pero el trabajo de calidad sigue sin aparecer

El desempleo baja levemente, pero aumentan la informalidad, la subocupación y la presión laboral. El trabajo registrado continúa perdiendo terreno.

Por Marcelo López Álvarez

Uno de los títulos de la semana (aunque en esta Argentina nada dura más de 48 horas) fue que, a pesar de la relativa y forzada estabilización de la macroeconomía, el mercado del trabajo no responde al crecimiento estadístico de la economía.

Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondientes al primer trimestre de 2026 muestran que la tasa de desempleo se ubicó en el 7,8%, equivalente a 1,765 millones de personas, apenas una décima por debajo del 7,9% registrado en igual período de 2025. La leve mejora en la tasa agrega, sin embargo, 14.000 nuevos desocupados en términos absolutos, dado que la Población Económicamente Activa (PEA) creció en 342.000 personas, superando la generación de 328.000 nuevos puestos de trabajo en el mismo lapso.

Aumenta la subocupación y la presión laboral

Más preocupante que el nivel de desempleo es la evolución de la subocupación y de la llamada presión laboral. Según el informe de la Fundación Mediterránea, la subocupación, que mide a quienes trabajan involuntariamente menos horas de las que desearían, aumentó del 10,0% al 11,1%, alcanzando a cerca de 2,5 millones de personas. Al combinarse con los desocupados y con quienes, aun teniendo empleo, buscan activamente otro puesto para completar ingresos, la presión laboral total se mantuvo en un nivel elevado: el 23,6% de la PEA, equivalente a más de 5,3 millones de personas.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en su informe de junio, calcula la presión global sobre el mercado de trabajo de manera más amplia, incorporando a quienes buscan empleo estando desocupados, subocupados u ocupados demandantes, y determina que dicha presión creció un 3,5% interanual, alcanzando a 9,24 millones de personas, equivalentes al 30,7% del universo poblacional. La tasa de subocupación, en esa misma medición, registró un incremento de 1,1 punto porcentual respecto del primer trimestre de 2025.

Las diferencias entre provincias

Detrás de los números se esconde una heterogeneidad provincial significativa. La Fundación Mediterránea identifica al menos ocho jurisdicciones donde la presión laboral supera el promedio nacional.

En el Gran Buenos Aires, esa presión se explica principalmente por elevadas tasas de desempleo en un contexto de alta densidad poblacional. Córdoba, el interior de la provincia de Buenos Aires y La Pampa exhiben una combinación de alta participación laboral con una proporción significativa de trabajadores que, aun estando ocupados, buscan mejorar su inserción o ampliar sus ingresos.

En el NOA, representado por Tucumán y Catamarca, conviven elevados niveles de presión laboral con menores tasas de participación y una estructura productiva con mayor peso relativo del empleo público.

Mendoza y San Juan aparecen en una situación intermedia: mercados laborales más dinámicos que los del norte argentino, pero con tasas de participación inferiores a las de las provincias centrales.

La Patagonia, favorecida por actividades transables vinculadas a hidrocarburos, minería y energía, presenta en general menores niveles de presión laboral, aunque en algunos casos acompañados por tasas de inactividad más altas.

El deterioro de la calidad del empleo

El deterioro más nítido del período, en todo caso, no se registra en la tasa de desempleo, sino en la calidad del empleo existente. Según el informe del CEPA, la tasa de informalidad laboral alcanzó en el primer trimestre de 2026 el 44,2% de los ocupados, lo que representa 9,2 millones de trabajadores y consolida una tendencia creciente: en el primer trimestre de 2024 esa proporción era del 40,8%, y en 2025 había trepado al 42,0%. En dos años, más de cuatro de cada diez trabajadores activos quedaron fuera de la cobertura jubilatoria, la obra social y las protecciones laborales básicas.

En paralelo, el empleo registrado siguió perdiendo terreno. La Fundación Mediterránea señala que entre el primer trimestre de 2025 y el de 2026 se perdieron 100.000 puestos asalariados privados y 21.000 empleos públicos, mientras que el número de monotributistas aumentó en aproximadamente 90.000 personas.

El informe del CEPA amplía ese horizonte temporal: desde la asunción del gobierno actual en noviembre de 2023 hasta marzo de 2026, se destruyeron 216.321 empleos privados registrados, una caída del 3,4%, al tiempo que se registraron 165.542 altas en el régimen de monotributo, un incremento del 8%.

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La busqueda de un primer o segundo trabajo sigue siendo una de las matrices de esta economía

El avance del monotributo y el empleo precario

Este desplazamiento del empleo formal hacia el monotributo y el trabajo no registrado es interpretado por el CEPA no como un aumento del espíritu emprendedor, sino como una respuesta de supervivencia ante la pérdida de puestos de trabajo de calidad.

El propio informe advierte que el argumento oficial sobre la creación neta de empleo, basado en datos de la consultora Econométrica que exhibió el presidente Javier Milei en la cena de la Fundación Libertad el 28 de abril pasado, mostrando un incremento de 113.000 puestos entre el cuarto trimestre de 2023 y el de 2025, omite que ese mismo cuadro refleja una caída de 241.000 asalariados registrados y un aumento de 346.000 trabajadores independientes. El saldo neto, según el CEPA, no evidencia dinamismo laboral, sino una contracción del sector formal compensada parcialmente por el crecimiento del emprendedurismo de subsistencia.

La industria concentra el mayor deterioro

Un dato sectorial agudiza el diagnóstico. El informe del CEPA señala que, según el relevamiento del INDEC para el primer trimestre de 2026, la cantidad de desocupados cuya última ocupación fue en la industria manufacturera se duplicó respecto de un año atrás, una magnitud de incremento que no se observa en ningún otro sector y que refleja la alta expulsión neta de mano de obra que está generando la crisis industrial.

Las brechas de género y edad

Las brechas por género y edad refuerzan la complejidad del cuadro. Según el CEPA, la tasa de desempleo femenina (8,3%) supera a la masculina (7,5%), y las mujeres muestran una tendencia ascendente más pronunciada.

En el segmento de entre 30 y 64 años, el desempleo creció en ambos géneros durante el último año: de 5,9% a 6,2% en mujeres y de 4,3% a 5,2% en varones. Los jóvenes de entre 14 y 29 años, si bien registraron una leve caída en sus tasas de desocupación, siguen casi triplicando los guarismos del segmento adulto.

Un problema que persiste

Tanto la Fundación Mediterránea como el CEPA coinciden, desde perspectivas analíticas distintas, en el mismo diagnóstico de fondo: la estabilización macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente para mejorar las condiciones de vida. La persistencia de una elevada presión laboral, el avance sostenido de la informalidad y la destrucción de empleo asalariado registrado indican que el principal déficit del proceso económico en curso sigue siendo la generación de trabajo de calidad con ingresos suficientes.

La tasa de empleo, que mide la proporción de personas ocupadas sobre el total de la población, apenas se movió: pasó de 44,4% en el primer trimestre de 2025 a 44,8% un año después, una mejora de tres décimas que refleja, más que una recuperación, la continuidad del estancamiento.

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