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Resevas y Fuga

Fuga de capitales y desconfianza, a pesar de los anuncios se van más dólares de los que llegan

La sangría de dólares por la continuidad de la fuga de capitales marca el ritmo de las reservas del Central mientras retroceden las inversiones extranjeras.

Por Marcelo López Álvarez

Entre diciembre de 2024 y abril de 2025, salieron del país 3.000 millones de dólares por repatriación de capitales, en su mayoría vinculados a empresas extranjeras del sector energético. Así lo advirtió un reciente informe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), que señaló que la inversión externa directa, lejos de aportar dólares frescos, los está demandando, remedando el clásico proceso de fuga de capitales.

La señal contrasta con el clima de optimismo que transmiten los discursos de apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (AmCham) y otras entidades empresariales. Los datos duros del Banco Central revelan una realidad distinta: el comportamiento financiero de los actores internacionales muestra desconfianza y un retiro progresivo de capital.

El fenómeno se consolida tras una tendencia contraria que había caracterizado los primeros cuatrimestres de años anteriores. Entre 2021 y 2024, la inversión externa directa había mostrado superávits moderados, con ingresos netos de entre 200 y 240 millones de dólares en los primeros cuatro meses del año. La diferencia es abismal con el saldo negativo actual.

El crédito del FMI se esfuma y el mercado sigue demandando dólares

En paralelo, el primer mes sin cepo cambiario concluyó con una demanda neta de divisas por 2.000 millones de dólares por parte del público, de los cuales solo la mitad quedó dentro del sistema financiero, provisionalmente, como depósitos.

Esto acelera la salida de las reservas provenientes del crédito del FMI, estimadas en 20.000 millones de dólares, sin que haya claridad sobre el mecanismo de repago.

El escenario evoca al periodo 2016-2019, cuando el mismo Luis Caputo, actual ministro de Economía, ocupó un rol protagónico en el modelo económico del macrismo. Endeudamiento veloz, apertura comercial, fuga de capitales y fuerte gasto en turismo exterior marcaron entonces un camino que terminó en crisis cambiaria. Hoy, ese patrón parece repetirse.

Turismo, importaciones y atraso cambiario: otras fuentes de fuga

El déficit de la balanza de servicios, particularmente por turismo internacional y consumo con tarjeta en el exterior, llegó a 1.161 millones de dólares en abril. Es el mayor registro para ese mes en la historia reciente, según los datos oficiales. Solo esos egresos explican 863 millones de pérdida neta.

El atraso cambiario, combinado con la eliminación de restricciones, abarata los viajes al exterior y encarece la Argentina en dólares, lo que desalienta el ingreso de turistas extranjeros. Al mismo tiempo, el modelo de apertura comercial impulsado por el Gobierno favorece las importaciones, que crecieron 35,6% en el primer cuatrimestre, contra apenas 5,8% de las exportaciones. Así, el superávit comercial mensual, que promediaba 1.575 millones de dólares en 2024, cayó a solo 241 millones.

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A pesar de los anuncios y medidas del Gobierno Nacional la fuga de capitales no se detiene, ni tampoco llegan inversiones reales.

Riesgo país y bicicleta financiera: una receta conocida

En este contexto, el riesgo país se mantiene en torno a los 650 puntos, reflejo de la desconfianza inversora y la fragilidad estructural. El Gobierno apuesta a reducir ese indicador como condición para volver a tomar deuda en los mercados internacionales, única vía visible para enfrentar vencimientos por 20.000 millones de dólares en 2026 y más de 25.000 millones anuales hasta 2031.

Para atraer capital financiero, el equipo económico restauró mecanismos de valorización con altas tasas en pesos (29% anual), que permiten a inversores hacer la conocida “bicicleta financiera”: entrar con dólares, colocarlos en pesos y retirarlos con ganancias. Este esquema incluye un seguro de salida a los dos años (PUT), lo que podría generar una nueva crisis cambiaria en caso de retiros masivos, según advirtió el economista Juan Carlos Vacarezza, presidente de Fundación Buenos Aires XXI y ex vicerrector de la Universidad de Lomas de Zamora.

Vacarezza recordó que “cuando hay disparidades cambiarias entre el dólar oficial y el blue, los importadores hacen sus cuentas con el tipo de cambio paralelo”, lo que también empuja los precios internos y favorece al importador, en detrimento del consumidor final.

Consumo desigual y señales preocupantes

El ajuste fiscal extremo y la valorización financiera también profundizan la desigualdad en el consumo interno. Según el informe de FIDE, mientras las ventas de bienes durables (autos, electrodomésticos, viviendas) crecieron más de 30% interanual, el consumo masivo de alimentos y medicamentos está estancado.

Este contraste responde a la reconfiguración en la distribución del ingreso: los sectores de mayores recursos se benefician con la valorización financiera, mientras que los ingresos fijos pierden poder adquisitivo.

Un futuro incierto

El respaldo político e institucional del FMI y de Estados Unidos ofrece cierta contención internacional, pero no garantiza la sostenibilidad del modelo económico actual. Incluso economistas cercanos al pensamiento ortodoxo, como Ricardo Arriazu, advierten que el plan de Milei tiene “una probabilidad de éxito del 50% gracias al FMI, pero con efectos destructivos rápidos”, con el riesgo de generar “bolsones de pobreza y descontento” si no se administran los desequilibrios.

El propio Vacarezza concluyó en una reciente aparición pública que la falta de confianza estructural en Argentina es “una barrera clave para atraer inversiones reales”. Y que, más allá del marketing del superávit fiscal, solo un modelo que promueva el desarrollo productivo -especialmente en agroindustria y energía-podría ofrecer una vía genuina para generar divisas.

Por ahora, a pesar de los anuncios y proclamas, los capitales salen más rápido de lo que entran.

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