Argentina creció en sus exportaciones un 30 % respecto a un año atrás durante el segundo trimestre de 2026, en plena etapa de desmantelamiento de restricciones y de simplificación de trámites aduaneros. Dentro de ese envión general, dos acuerdos recientes (el firmado con Estados Unidos en febrero y el sellado entre el Mercosur y la Unión Europea en enero) empiezan a mostrar su huella particular en algunos sectores, aunque con matices bien distintos según el socio comercial. Así lo analiza el último informe del IERAL sobre el comportamiento de las exportaciones regionales.
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Exportaciones argentinas crecieron 30% en el segundo trimestre de 2026
Las exportaciones crecieron 30% en el segundo trimestre, con avances de la carne hacia Estados Unidos y señales iniciales del acuerdo con la Unión Europea (UE).
Según el trabajo, ese envión general tiene un origen previo a cualquier tratado bilateral. Viene de la agenda de facilitación del comercio exterior que el Gobierno ya venía aplicando: el desmantelamiento de restricciones cuantitativas e intervencionistas como las antiguas SIRA y SEDI, la convergencia del esquema cambiario y la baja progresiva de retenciones, además de la digitalización de los trámites de importación y exportación. El resultado, según los datos oficiales, fue una reducción de costos de transacción y de tiempos de abastecimiento de insumos clave, junto con mejores márgenes de rentabilidad para las producciones del interior.
El salto de la carne hacia Estados Unidos
El Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI), rubricado el 5 de febrero entre Buenos Aires y Washington, todavía no rige en su letra formal: de las 1.675 posiciones arancelarias que contempla desgravar, ninguna bajó sus aranceles hasta el momento. Sin embargo, en la misma ocasión, el gobierno estadounidense amplió por decreto la cuota de importación de carne bovina argentina, una medida que sí tuvo aplicación inmediata y cuyo efecto ya se refleja en las estadísticas de comercio exterior.
Entre enero y junio, las ventas de carne bovina congelada a Estados Unidos crecieron 175 %, un salto de 193 millones de dólares. La refrigerada, más exigente en estándares sanitarios y de valor agregado, aumentó 122 %, unos 48 millones adicionales. Son cifras que, tomadas en conjunto, revelan hasta qué punto una sola herramienta (la proclama ejecutiva sobre cupos) puede mover la aguja de un sector entero antes de que el grueso del acuerdo entre en vigencia.
Bruselas, con menos meses pero señales fuertes
El otro frente es el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, cerrado el 17 de enero, con preferencias arancelarias vigentes recién desde el 1.º de mayo. La ventana de análisis, por lo tanto, se reduce a mayo y junio, apenas dos meses, lo que obliga a leer los números como indicios y no como una fotografía definitiva del fenómeno.
Con esa salvedad, hay rubros que treparon muy por encima del promedio exportador argentino. Las semillas de girasol encabezan la lista de exportaciones con un 611 % de aumento interanual, seguidas por los huevos sin cáscara (277 %), el aceite de girasol (242 %), la madera aserrada (138 %) y las hortalizas de vaina secas (114 %). Un escalón más abajo, pero con subas también relevantes, aparecen los moluscos (82 %), la miel (75 %), los cítricos agrios y los jugos de frutas (68 % cada uno) y el pescado congelado (55 %).
En términos de dólares, el orden cambia. Las semillas de girasol suman 160 millones adicionales, la carne bovina refrigerada aporta 27 millones, los cítricos agrios 22 millones, el aceite de girasol 20 millones y los moluscos 17 millones. La lectura conjunta de porcentajes y montos deja un mapa más matizado que el que ofrece cualquiera de las dos variables por separado.
Un envión que todavía no llega a todos
El IERAL aclara que conviene no perder de vista que estos incrementos no responden únicamente a los acuerdos comerciales. La facilitación del comercio exterior (menos trámites, tipo de cambio más previsible, retenciones a la baja) y la coyuntura internacional, particularmente favorable para las semillas de girasol, también jugaron lo suyo. Separar con precisión cuánto corresponde a cada factor es, por ahora, un ejercicio imposible.
Lo que sí puede afirmarse es quiénes están capturando la oportunidad: las empresas que ya exportaban o que contaban con estándares productivos compatibles con la demanda internacional. El resto del entramado productivo, disperso en regiones con menor tradición exportadora, todavía observa desde afuera.
Ampliar esa base de beneficiarios exige algo más que un arancel favorable. El acceso al crédito, la reducción de impuestos distorsivos provinciales y municipales, la poda de regulaciones que frenan la inversión y una infraestructura menos fragmentada componen la lista de tareas pendientes. Los números de estos primeros meses muestran que el camino abierto por los acuerdos tiene potencial. Falta, todavía, que ese potencial se transforme en una base exportadora más ancha y menos concentrada.
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