El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente. Con un valor de 322.200 pesos en agosto de 2025, no solo se ubica por debajo de los 390.277,17 pesos que perciben los jubilados con haber mínimo más bono.
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El salario mínimo perdió 30% y quedó por debajo de la jubilación mínima
El Salario Mínimo en Argentina cae a 322.200 pesos y pierde poder adquisitivo histórico, por debajo de jubilaciones mínimas y frente a la inflación.
Además, el salario de referencia ha perdido la capacidad de cumplir con las funciones esenciales que la legislación le asigna: asegurar un piso de dignidad que permita cubrir alimentación, vivienda, salud y educación.
Según un informe reciente del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), el SMVM cayó un 30% en términos reales desde la llegada al poder de Javier Milei. Esta contracción se suma a retrocesos previos: en comparación con noviembre de 2019, es 43,4% más bajo, y respecto de 2015, acumula una pérdida del 56,7%.
La devaluación y las negociaciones truncas
El retroceso del salario mínimo se explica, en buena medida, por la fuerte devaluación que marcó el inicio del actual gobierno, acompañada por un esquema de aumentos insuficientes. Entre febrero de 2024 y agosto de 2025, el Consejo del Salario se reunió en cinco ocasiones, pero en todas ellas fracasó el intento de alcanzar un consenso entre empresarios y trabajadores. En consecuencia, la Secretaría de Trabajo terminó fijando los incrementos, que se alinearon con la postura empresaria y no compensaron la pérdida de poder adquisitivo.
Así, los aumentos nominales fueron quedando rezagados frente a la inflación y la devaluación, erosionando la capacidad de compra del salario mínimo hasta llevarlo a un nivel real inferior al vigente en la crisis de 2001 y durante gran parte de la década de 1990, cuando este instrumento había sido relegado como herramienta de política pública.
Un salario mínimo sin referencia social
El deterioro no solo impacta en quienes cobran directamente el SMVM -trabajadores mensualizados o jornalizados-, sino también en la informalidad laboral, que alcanza al 40% de los asalariados del país y que suele tomar este indicador como referencia. La brecha con los salarios formales también se profundizó: hoy el salario mínimo representa menos de una quinta parte del salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado.
El contraste con las jubilaciones mínimas genera además un desajuste normativo. La legislación vigente establece que los haberes previsionales deben equivaler al 82% del salario mínimo, pero la realidad muestra lo contrario: el haber mínimo, reforzado por los bonos, supera al SMVM, desvirtuando la relación histórica entre ambos parámetros.
Cuatro salarios mínimos para la canasta básica
La comparación con la canasta básica total (CBT) aporta otro dato preocupante. En julio, una familia tipo necesitó 1.149.353 pesos para no caer en la pobreza, lo que equivale a casi cuatro salarios mínimos. Es decir, incluso con dos ingresos de este nivel en un hogar, no se alcanza a cubrir el costo de vida básico.
Esta situación plantea un interrogante de fondo: ¿qué función cumple hoy el salario mínimo en la estructura económica argentina? La Ley de Contrato de Trabajo lo concibió como un instrumento para garantizar condiciones elementales de dignidad. Sin embargo, el valor actual lo coloca en un terreno simbólico, más que real, incapaz de cumplir el rol de referencia para el resto del mercado laboral.
Perspectivas y desafíos
De haberse sostenido el poder adquisitivo que tenía en 2015, el salario mínimo superaría los 740.000 pesos en la actualidad. La distancia con esa meta es tan grande que pone en cuestión no solo la eficacia de la política salarial, sino también el compromiso del Estado con la reducción de la desigualdad.
En el plano político, la parálisis del Consejo del Salario refleja la ausencia de diálogo tripartito y el predominio de una visión, que comparten Gobierno y entidades empresarias, que considera al salario mínimo como un costo a contener antes que como una herramienta de desarrollo social. La consecuencia es un deterioro acelerado que no encuentra freno, y que proyecta un escenario complejo: mientras el salario mínimo siga perdiendo poder de compra, la desigualdad se profundizará y el consumo interno -motor tradicional de la economía argentina- seguirá debilitado.
Una señal de alarma
El derrumbe del salario mínimo no es una estadística aislada sino un síntoma estructural de la crisis del mercado de trabajo argentino. El retroceso histórico que lo ubica incluso por debajo de los niveles de la convertibilidad evidencia la falta de políticas activas para proteger el ingreso de los trabajadores más vulnerables.