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Dólar

Dólares récord, pero sin derrame: el dilema estructural de la Argentina

El superávit comercial multiplica la entrada de dólares en Argentina, pero la caída del consumo y la concentración exportadora abren dudas sobre el modelo.

Por Marcelo López Álvarez

La economía argentina registró un giro significativo en sus cuentas externas durante el primer trimestre del año. El superávit comercial pasó de 1.000 a 5.000 millones de dólares en comparación con el mismo período del año anterior, lo que implica una multiplicación por cinco en la generación de divisas netas.

Solo en marzo, las exportaciones crecieron un 30% interanual y alcanzaron los 8.600 millones de dólares, mientras que las importaciones apenas subieron un 1,7%, hasta los 6.100 millones. En términos netos, la economía retuvo 2.500 millones de dólares en apenas un mes gracias al intercambio comercial. Sin embargo, detrás de esta aparente solidez conviven dos dinámicas contrapuestas: un fuerte impulso exportador y una marcada contracción de las importaciones, vinculada al estancamiento de la actividad interna.

El peso de los sectores primarios

El motor de este ingreso de divisas está fuertemente concentrado en los sectores primarios y extractivos. Un análisis de la balanza comercial muestra que las materias primas lideran el crecimiento de las exportaciones, con un aumento promedio del 56,2%. A nivel sectorial, se observan subas significativas: las exportaciones de plata crecieron un 197%, las de litio un 141%, las de pescado un 106% y las de carne un 90%. También se destacan el maíz y el oro, ambos con incrementos del 51%, junto con los combustibles (21%) y el trigo (17%).

Este desempeño se ve además favorecido por el contexto internacional. De acuerdo con estimaciones del especialista en energía Roberto Brand, por cada aumento de diez dólares en el precio del barril de petróleo, la Argentina podría captar unos 1.100 millones de dólares adicionales.

La contracara de este proceso se observa en las importaciones. El elevado superávit responde a una combinación de factores: el dinamismo exportador, impulsado por mejores precios internacionales y una buena cosecha, junto con una demanda interna deprimida. El leve aumento del 1,7% en marzo se produce luego de varios meses de caídas cercanas al 12%.

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La energía el factor principal para la mejora de la balanza comercial y la entrada de dólares de Argentina

Política monetaria y tipo de cambio

La política de altas tasas de interés aplicada a fines del año pasado encareció el financiamiento, lo que llevó a muchas empresas a reducir inventarios en lugar de importar nuevos insumos. Actualmente, el esquema se sostiene sobre un tipo de cambio fuertemente anclado, que permite al Banco Central continuar con compras diarias de divisas, aunque persiste la incertidumbre sobre cómo evolucionará la balanza comercial ante una eventual recuperación de la actividad.

Este escenario abre una disyuntiva de fondo: si la Argentina está resolviendo su histórica restricción externa o si, por el contrario, avanza hacia una “economía de enclave”. En la última cena anual del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), su director ejecutivo, Luciano Laspina, destacó la necesidad de transformar los recursos geológicos (particularmente los vinculados a Vaca Muerta y la minería) en desarrollo económico sostenible. El riesgo es que la generación de riqueza quede concentrada en sectores aislados, sin impacto significativo en el resto del entramado productivo.

Tensiones en el mercado laboral y el sector público

La preocupación se profundiza al observar la situación del mercado laboral y del sector público. Mientras crecen los ingresos por exportaciones primarias y energéticas, sectores clave de la industria y el comercio enfrentan despidos. A su vez, instituciones estratégicas para la innovación (como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Servicio Meteorológico Nacional y el sistema universitario) atraviesan recortes presupuestarios y pérdida de capital humano, lo que pone en cuestión la capacidad del Estado para canalizar este excedente externo hacia un proceso de desarrollo.

En este contexto hay que remarcar (una vez más) que la abundancia de recursos naturales no garantiza por sí sola el progreso económico. A diferencia de países como Noruega, Finlandia, Holanda o Chile, que lograron constituir fondos anticíclicos a partir de sus ingresos, en la Argentina estos recursos se consumen sin una planificación sostenida, dilapidándose por la “canaleta de la fuga y la evasión”.

El límite del consumo interno

En paralelo, el modelo enfrenta un límite estructural vinculado al deterioro del poder adquisitivo. Con una inflación elevada y un tipo de cambio que se cuadruplicó desde fines de 2023, sumado a fuertes aumentos en tarifas de servicios regulados, los ingresos de los hogares han sufrido una marcada caída. En línea con los planteos históricos del economista Adolfo Canitrot, el salario ha dejado de actuar como motor de la demanda para convertirse en un factor de costo dentro de la estructura empresarial.

En el frente financiero, el Gobierno busca extender los plazos y evitar tensiones ante los vencimientos de deuda previstos para 2027. Para ello, gestiona líneas de crédito y garantías por unos 3.000 millones de dólares con organismos internacionales como el Banco Mundial, el BID y la CAF.

La Argentina dispone actualmente de un flujo de divisas relevante; el desafío central será transformar esa riqueza, originada en recursos naturales, en una base sólida para el desarrollo económico y social. Los ejemplos en el mundo están al alcance de la mano.

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