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Perspectivas

Argentina 2026: equilibrio fiscal, dólares y el riesgo de la enfermedad holandesa

Con equilibrio fiscal y un boom energético , la Argentina enfrenta una oportunidad histórica, atravesada por riesgos macroeconómicos y desafíos estructurales.

Por Marcelo López Álvarez

La economía argentina cierra el 2025 con una particularidad: por un lado, una inestabilidad macro generada por la falta de dólares eterna y, por otro, atraviesa un punto de inflexión poco frecuente en su historia reciente. Tras décadas marcadas por desequilibrios fiscales persistentes, restricciones externas crónicas y crisis macroeconómicas recurrentes, el país parece asomarse a una ventana de oportunidad para modificar algunos de los rasgos estructurales que limitaron su crecimiento durante buena parte del último siglo.

El equilibrio de las cuentas públicas y la perspectiva de un salto significativo en las exportaciones energéticas y mineras configuran un escenario inédito, aunque cargado de desafíos económicos, sociales y políticos. Nunca la Argentina estuvo a un paso de vivir la Enfermedad Holandesa, así lo expresa un trabajo de cierre del año de la Fundación Mediterránea.

El quiebre fiscal como punto de partida

El documento de la Mediterránea destaca que el logro de equilibrio fiscal por parte del actual Gobierno nacional constituye, sin dudas, un quiebre relevante respecto de una larga tradición de déficits financiados con emisión monetaria o endeudamiento. Durante años, esa dinámica alimentó una inflación elevada, deterioró la moneda y erosionó la credibilidad del Estado.

El IERAL de la Fundación Mediterránea señala que la corrección de las cuentas públicas respondió a una decisión política firme, aplicada desde el inicio de la gestión, que permitió revertir rápidamente un cuadro considerado insostenible. Sin embargo, el desafío de fondo no se agota en la obtención del superávit: se trata ahora de dotar a ese equilibrio de mayor calidad y perdurabilidad, con reglas institucionales que lo sostengan más allá del ciclo político y con espacio para inversión en infraestructura y reformas de largo plazo.

¿El fin de la restricción externa?

En paralelo, el otro gran límite histórico del crecimiento argentino —la escasez crónica de divisas— muestra señales de posible reversión. Durante décadas, el país alternó períodos de expansión con crisis externas provocadas por la falta de dólares, que derivaron en devaluaciones abruptas, controles cambiarios y rupturas contractuales.

El nuevo esquema de política económica coincide, además, con un cambio estructural en la matriz exportadora: el fuerte crecimiento de la producción energética y el desarrollo del potencial minero.

Energía y minería como motores de dólares

Las proyecciones públicas y privadas anticipan que el sector energético podría aportar exportaciones adicionales de entre 30.000 y 40.000 millones de dólares en un horizonte de cinco años. El inicio de las exportaciones de gas natural licuado, previsto a partir de 2027, marcaría un punto de inflexión en la balanza de pagos.

A ello se suma la expansión de la minería de cobre, litio, oro y plata en diversas provincias cordilleranas, con impacto directo sobre la generación de divisas y la inversión.

Este flujo de dólares tendría efectos macroeconómicos relevantes. No solo permitiría fortalecer las reservas del Banco Central, sino que podría compensar déficits de cuenta corriente como los registrados en etapas de crecimiento con atraso cambiario.

En un contexto de equilibrio fiscal sostenido y acceso normalizado al financiamiento internacional, la economía argentina podría, por primera vez en décadas, crecer sin chocar de manera sistemática con la restricción externa.

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La Argentina se enfrenta a una oportunidad única, no exenta de riesgos.

El riesgo de la enfermedad holandesa

No obstante, este escenario de abundancia relativa de divisas también encierra riesgos. Una mayor oferta de dólares tendería a presionar hacia un tipo de cambio real más bajo, incluso bajo un régimen de flotación cambiaria sin restricciones.

Dado el vínculo inverso entre el tipo de cambio real y los salarios medidos en dólares, el país podría enfrentar un aumento significativo de los costos laborales en moneda dura. Este fenómeno, conocido como enfermedad holandesa, suele afectar a economías que experimentan booms exportadores concentrados en recursos naturales.

Impacto sectorial y productivo

Los costos salariales elevados en dólares impactarían especialmente sobre los sectores transables intensivos en mano de obra, como ciertas ramas industriales y de servicios, más aún en un contexto de menor protección comercial.

Mientras la energía y la minería ganarían peso relativo, actividades vinculadas a esquemas de sustitución de importaciones podrían perder competitividad, con consecuencias sobre el empleo y el entramado productivo.

El cambio también tendría una dimensión territorial. Provincias como Neuquén y las jurisdicciones mineras de la cordillera se consolidarían como nuevos motores del crecimiento, mientras que grandes aglomerados urbanos, donde se concentra la industria tradicional, podrían ver reducido su peso relativo.

Para las regiones pampeanas y el nordeste argentino, el desafío será encontrar mecanismos de adaptación que eviten una profundización de las asimetrías regionales.

Reformas estructurales y rol provincial

El IERAL advierte que, en este contexto, las reformas estructurales adquieren un carácter central. Una reforma laboral orientada a reducir las contribuciones patronales aparece como una herramienta clave para compensar el encarecimiento del salario en dólares y sostener el empleo formal.

Del mismo modo, una reforma tributaria debería corregir los sesgos antiexportadores y las distorsiones impositivas que afectan la competitividad, tanto a nivel nacional como provincial.

Según el trabajo, el rol de las provincias será determinante para la viabilidad del nuevo esquema. Muchas de las transformaciones necesarias dependen de decisiones subnacionales, como la modificación de impuestos locales, la modernización de la justicia laboral o la inversión en infraestructura.

Sin embargo, los incentivos políticos no siempre alinean los costos locales de las reformas con los beneficios macroeconómicos de largo plazo. En ausencia de recursos fiscales abundantes, el Estado nacional deberá recurrir a mecanismos de coordinación e incentivos que permitan avanzar hacia un nuevo pacto fiscal.

Una oportunidad histórica con condiciones

La Fundación Mediterránea asegura que la Argentina parece, así, situada ante la posibilidad de quebrar un ciclo histórico de estancamiento y crisis recurrentes. La transición hacia una economía basada en la exportación de energía y minería ofrece una oportunidad excepcional, pero exige una arquitectura institucional capaz de administrar la abundancia sin destruir el tejido productivo existente.

El desafío no es menor: convertir una coyuntura favorable en un sendero de desarrollo sostenido requerirá pragmatismo, reformas profundas y consensos políticos duraderos.

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