Nuevo impacto automovílistico

Agustín Canapino correrá toda la temporada en el Indycar

Agustín Canapino fue anunciado como piloto del Juncos Hollinger Racing para la temporada 2023; ayer ensayó con un auto de F.3 Sudamericana.

En tres días, el automovilismo argentino provocó golpes de escena en el contexto internacional. La confirmación de que Agustín Canapino se sumará a la temporada de IndyCar con el Juncos Hollinger Racing resultó el epílogo de jornadas intensas, donde los pilotos nacionales se elevaron como protagonistas. Al anuncio del arrecifeño se sumaron el arribo de Franco Colapinto a la Williams Racing Driver Academy y al equipo MP Motorsport de la F.3 de la FIA, y el desembarco de Esteban Guerrieri en el Mundial de Resistencia (WEC) con el Floyd Vanwall Racing Team, donde compartirá asiento con el ex campeón de la Fórmula 1, Jacques Villeneuve, y Tom Dillmann. Tres nombres, tres categorías completamente diferentes y tres nuevas ilusiones para los fanáticos, que tendrán variedad de menú en las pantallas para acompañar las campañas.

“Un honor dar una noticia de alto impacto. El 4 de octubre pasado anunciamos la exhibición del auto de IndyCar en la Argentina y fue un paso, aunque no supimos saber bien la magnitud del paso. Nos llevamos una gran sorpresa y fue más largo y más grande de lo que imaginamos, porque empezaron a darse acontecimientos que permiten hoy estar en la situación en la que estamos. Más allá de la magnitud que pueda significar para cada uno, para mi es muy grande, y destaco a todos los patrocinadores y a la gente. Porque ellos me dieron la herramienta para empujar un poco más. Y lo que vamos a anunciar es histórico: de parte de Juncos Hollinger Racing decimos que Agustín Canapino es parte del equipo como piloto oficial de IndyCar y manejará el auto N°78 para todo el campeonato de 2023. Incluye las pistas normales, los óvalos y las 500 Millas de Indianápolis”, aseveró en una videoconferencia Ricardo Juncos, fundador y propietario de la estructura con sede en Indianápolis, desde los Estados Unidos.

En la sala Pablo Picasso, en el paseo La Plaza, sobre la avenida Corrientes, Canapino escuchó y aunque no era una sorpresa, la emoción le recorrió el cuerpo. Las imágenes que se proyectaron en una pantalla de los triunfos y títulos compartidos con su padre Alberto, que murió en febrero de 2021, a causa del Covid-19, a punto estuvieron de quebrar al piloto. “Es un enorme desafío y un privilegio. Un salto de calidad profesional importante será competir en la categoría más difícil del mundo. Es lo máximo y lo extremo en velocidad en pistas. Será un año de aprendizaje, que me tomaré con mucha calma. Es todo nuevo, hay que aprender y progresar. La meta es ascender de a poco en la temporada para tener una segunda chance. Hay que tomárselo de esa manera”, comentó con madurez el arrecifeño, que agradeció a Gustavo Lemma, ya que abandonará el JP Carreras, la estructura con la que pensaba participar en el Turismo Carretera y en TC Pick-up en 2023. También a Hugo Mazzacane, presidente de la Asociación Corredores de Turismo Carretera, una categoría que pierde a un protagonista de las últimas definiciones de campeonato, a un tetracampeón.

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Los eslabones se fueron engarzando hasta terminar en el anuncio. Como si se tratara del rodaje de una película, escenas que parecían perdidas, inconexas, tenían un hilo. Señales que se certificaron a las 13.28 horas, cuando Juncos oficializó un rumor que se agigantó en las últimas horas: Canapino participará del calendario de IndyCar y solo le resta superar el el rookie test, la prueba de los debutantes -novatos o pilotos de la F.1, lo deben rendir igual- para correr en óvalos. La primera pista asomó en septiembre pasado, cuando Juncos y su socio Brad Hollinger formalizaron que presentarían dos autos, a tiempo completo, en 2023. Una operación de expansión. “Mantuvimos nuestras palabras desde el principio de que seguiríamos creciendo y estamos haciendo exactamente lo que planeamos”, relataba entonces Juncos, que a la inyección de las inversiones de Hollinger sumó tecnología, al asociarse con Carlin Motorsport –un gigante británico que participa en IndyCar, F.2, F.3 Europea, F.3 Británica y Eurofórmula Open- que suministrará activos de personal y datos. Por entonces, Benjamin Pedersen y Linus Lundqvist –con beca de campeón en IndyLights para disputar tres fechas en 2023- eran los candidatos a sentarse en la nueva butaca.

Un mes después, la Argentina recibía luego de 51 años a un auto de IndyCar. Una doble jornada de promoción: un escenario emblemático como el autódromo Oscar y Juan Gálvez, de Buenos Aires, y una segunda exhibición en el fantástico circuito de Termas de Río Hondo. Juncos fue el impulsor del proyecto y Canapino el piloto para conducir el auto que durante la temporada manejó el británico Callum Ilott, un talento que en 2017 fue captado por Ferrari para su Academia de Pilotos. La visita causó revuelo e ilusiones: proyectar una fecha en el calendario de la categoría, como ocurrió con las 300 Millas de Rafaela en 1971, una meta que rápidamente salió a la luz, aunque detrás se escondía otro sueño: concretar el desembarco de Canapino en IndyCar.

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“Es complejo por una cuestión económica, porque hoy en día no tengo el sponsor. Y el problema es que si firmo a un piloto va a ser para todo el año, porque no tengo un tercer auto para agregar a Agustín en una carrera. Si tuviera el dinero para Agustín, lo subo. Creo que todos quisiéramos eso y yo veo que con 32 años tiene un futuro en la categoría. Es una categoría dificilísima, pero es un piloto inteligente y talentoso: Romain Grosjean, que viene de la F.1, terminó decimotercero en el campeonato en su segundo año. No es fácil, hay que entender eso”, analizaba Juncos, desnudando el pensamiento y advirtiendo que los cuatro títulos de campeón de Turismo Carretera o el bicampeonato de TC2000 que logró Canapino jerarquizan, pero no pesan. La prueba en Sebring, para que el piloto se acostumbrara para girar en las exhibiciones en la Argentina, resultó el puntapié para la fantasía: “Tengo un reporte de 19 páginas sobre Agustín comparándolo con la primera vez en Sebrin de Callum Ilott y en tres curvas fue mejor Agustín”, confesó Juncos, que agregó un dato esencial: el británico realizó toda su carrera en autos de fórmula y llegaba con ensayos en la F.1 y tras disputar tres carrera en IndyCar antes de girar en Sebring, mientras que Canapino siempre manejó autos de turismo. No fue una casualidad que ayer practicara en el autódromo de Buenos Aires con un auto de F.3 Sudamericana que pertenece a Omar El Bacha.

Las habilidades del arrecifeño no son una sorpresa para Juncos, que en 2018 convocó al piloto para las 24 Horas de Daytona del año siguiente. “Es el sueño de mi vida, literalmente. Poder manejar esa bestia infernal, ese Cadillac que va muy rápido… Me imaginaba algo tremendamente rápido, pero no tanto, aunque después comprendí por qué: el nivel de potencia, de carga aerodinámica, de peso, de neumático… Todo influye. Fue una experiencia fabulosa”, le comentaba Canapino a LA NACION. “En lo personal, son como jugar un Mundial. Se trata de una oportunidad que nunca me hubiera imaginado, pero no debo proyectar más lejos. El automovilismo argentino es de los mejores del mundo, de los más competitivos, y eso muchas veces no se valora. Por eso cuando un piloto tiene la oportunidad en el exterior se destaca. Hay pilotos, lo difícil es armar proyectos”, apuntaba entonces quien en 2023 iniciará una nueva experiencia, un desafío que se mantuvo en secreto y que el anuncio convierte en realidad.

Un nuevo impacto del automovilismo argentino, que enseña pilotos con talento, aunque son pocos los que descubren financiamiento para desandar campañas en el exterior.

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