3 de octubre de 2026
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Provincia de Mendoza

Mendoza: la antigua bodega de Maipú que Carolina Hoyos convirtió en destilería

Carolina Hoyos impulsa en Mendoza la reconversión de antigua bodega en destilería y desarrolla vermús y aperitivos con identidad, ciencia y memoria patrimonial.

Por Marcelo López Álvarez

Exactas dos décadas atrás, una joven estudiante porteña pisaba por primera vez el suelo cuyano sin más equipaje que la fascinación por los viñedos descubiertos durante unas vacaciones familiares. En aquel entonces, la enología era una disciplina ausente en los programas universitarios de Buenos Aires, lo que empujó a Carolina Hoyos a radicarse en Mendoza para aprender los secretos de la transformación de la uva. Dos decenios más tarde, aquella decisión fundacional la ubica en el centro de una verdadera metamorfosis industrial: el paso de la vitivinicultura tradicional a la vanguardia de los destilados y aperitivos artesanales de la Argentina.

Hoy, desde las instalaciones de Iserá (una majestuosa estructura bodeguera de casi ocho millones de litros recuperada del olvido), Hoyos no solo encabeza el desarrollo de fórmulas a medida para las firmas vitivinícolas más prestigiosas de la región, sino que consolida un modelo de negocios donde la precisión científica, el respeto por el patrimonio histórico y la cultura técnica conviven bajo el mismo techo de caña.

“Parece toda una vida, pero han pasado unos veinte años desde que pisé Mendoza y decidí estudiar enología”, memora la especialista. “Desde ahí fue todo sorpresa. La puerta que se abrió con el vino me llevó hacia los destilados, y en ellos encontré mi arte: entender que cada componente tiene un estudio y un conocimiento, pero también una dimensión sensorial profunda. Eso es conectar con los recuerdos y con las experiencias que podés generar en los demás”.

El nuevo alambique de ultima generación instalado en la bodega recuperada que será la primera en Mendoza en transformarse en destileria.

El nuevo alambique de ultima generación instalado en la bodega recuperada que será la primera en Mendoza en transformarse en destileria.

El laboratorio como trampolín

El itinerario profesional de Hoyos comenzó en los pasillos de Bodega Wine Valley de la familia Millán en Pedriel, donde dio sus primeros pasos en la exigente rutina de los análisis de laboratorio y las gestiones reglamentarias de la industria vitivinícola. Rápidamente, su inquietud técnica la llevó a asumir el control de turnos en bodega y a coordinar operativamente las vendimias.

El punto de inflexión llegó en 2016. Cuando José Millán compra la destilería Casa Tapaus (que funcionaba donde hoy se establece la aceitera Corazón de Lunlunta) y traslada toda la operación y alambiques a un predio vecino Wine Valley y le propusieron ponerse al frente de la destilería. En aquella época, la elaboración de bebidas espirituosas a escala local era un terreno prácticamente virgen en Cuyo.

“En la facultad teníamos una materia llamada Derivados Vínicos, pero ni la educación ni la industria de Mendoza imaginaban que de ahí podía desprenderse un sector propio”. “El vino estaba en pleno auge, redefiniendo terruños y varietales, y casi nadie contemplaba la aparición de destilerías artesanales. Dije ‘vamos’, me puse a estudiar de forma autodidacta y arrancamos”. Después llegó la hora de los estudios profesionales de destilería, la capacitación internacional y hasta su propio libro “Crear es libertad, perfeccionar un compromiso”, una guía para desarrollar bebidas alcohólicas con identidad.

La Yunta y el salto hacia la independencia

Aquella experiencia le mostró que había una falta estructural en el mercado. Las escasas destilerías operativas en la región respondían a estándares puramente industriales, exigiendo mínimos de producción de entre diez mil y quince mil litros que resultaban inalcanzables para los pequeños emprendedores.

Junto a su socio y pareja, Matías Ojanguren, Carolina decidió dar el salto hacia la independencia con la creación de La Yunta, instalando un alambique de 400 litros y pequeños tanques de maceración de 500 litros. La respuesta fue inmediata: en menos de dos años, la demanda de proyectos de gin, vermú y aperitivos desbordó la capacidad instalada y obligó a adquirir equipamiento de mayor escala.

Carolina Hoyos, llegó a Mendoza a estudiar enología y se transformó en referente de la industria de los destilados y derivados vinícos.

Carolina Hoyos, llegó a Mendoza a estudiar enología y se transformó en referente de la industria de los destilados y derivados vinícos.

Rescate patrimonial en las piletas de Iserá

Tras culminar la etapa en La Yunta, el proyecto Iserá marca el ingreso de Hoyos a una liga superior. Acompañada por un grupo de socios, adquirieron la abandonada bodega Romero Gei sobre la calle Cruz Videla en Maipú, dando lugar a un hito sin precedentes en la historia enológica mendocina: la primera reconversión integral de una bodega tradicional en destilería y planta elaboradora de derivados vínicos, manteniendo casi intacta su arquitectura original.

“Siento que es el momento de decir: ‘Mamá, papá, llegué’”, confiesa Hoyos al referirse a la magnitud del desafío. “Es la emoción de hacerte cargo de un lugar con historia, de asumir la responsabilidad sobre un espacio abandonado para mostrarle al mundo de qué se trataba la Mendoza de antes. Si la tirás abajo para construir algo nuevo, todo eso se pierde; una foto jamás reemplaza la vivencia”.

El recorrido por Iserá evidencia una puesta en valor minuciosa. Los techos de caña originales preservan la temperatura idónea para la conservación de los toneles, mientras que las naves conservan chapas de zinc con relieves e inscripciones importadas desde Inglaterra en los viajes transatlánticos del siglo XIX. Asimismo, las antiguas piletas de hormigón fueron reacondicionadas para albergar los vinos base que posteriormente se transforman en las mezclas y cortes de los vermús.

En el proceso de restauración, el equipo halló documentación contable y registros pertenecientes al fundador original de la bodega, un inmigrante italiano que pronto se transformarán en un museo dentro de las instalaciones de la bodega/destilería.

Entre las carpetas centenarias emergió una revelación: la propiedad contaba originalmente con su propio alambique. “Descubrimos que la práctica de destilar iba de la mano de la elaboración de vino”, explica la enóloga. “La cultura del inmigrante aprovechaba hasta la última gota. Se elaboraba el vino y con el orujo se destilaba la grapa. Estamos rescatando una tradición que siempre estuvo en las raíces mendocinas”.

Una nueva escala de producción

Iserá cuenta con capacidad técnica para producir hasta 80.000 litros mensuales de aperitivos y vermús, sobre un potencial de almacenamiento en piletas que roza los tres millones de litros. Su equipamiento incluye un alambique de 1.000 litros equipado con columnas de rectificación para la destilación de whisky, brandy, gin y vodka, a lo que se suma otro módulo más pequeño destinado exclusivamente a la recepción de orujo para la elaboración de grapa.

Los centenarios pasillos y piletas de la bodega Romero Gei en Maipú que se esta transformando en Iserá destilería

Los centenarios pasillos y piletas de la bodega Romero Gei en Maipú que se esta transformando en Iserá destilería

La alquimia entre la química y la experiencia

Convertida en la consultora técnica a la que recurren las principales bodegas argentinas para formular sus líneas de vermú y espirituosas, Hoyos atribuye su posicionamiento a un método de trabajo donde la transparencia resulta innegociable.

“Crear una bebida no es simplemente mezclar una o dos cosas”, sostiene. “La carrera de enología me dio las herramientas técnicas para comprender que las respuestas a lo sensorial están en la química. Esa conjunción de dos mundos genera experiencias infinitas”.

Y añade sobre su filosofía de trabajo: “Me gusta compartir el conocimiento, no ocultar la información. Quien viene con el sueño de tener su producto necesita sentir que el proyecto le pertenece; mi rol es cuidar esa ilusión y acompañarlos a encontrar la bebida que imaginaban”.

Pese a estar abocada al desarrollo para terceros, la maestra destiladora no descuida su propia búsqueda creativa. En el horizonte cercano de Iserá se perfila el lanzamiento de su línea de autor: “Es un bebito que está esperando. La calma que se irá generando a medida que el establecimiento avance me dará el espacio de creación propio que estoy buscando”.

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