En las cárceles de Mendoza, unas 2.300 personas en contexto de encierro participan de capacitaciones laborales destinadas a incorporar oficios, conocimientos y hábitos que puedan ser útiles al recuperar su libertad. La propuesta incluye talleres propios del sistema penitenciario y actividades desarrolladas junto a empresas privadas y organismos públicos.
Sobre un universo de aproximadamente 7.600 personas alojadas en distintas unidades del sistema, el 31% forma parte de alguna capacitación. Dentro de ese porcentaje, de 240 personas participan de las actividades vinculadas directamente con las empresas que tienen convenios con el Servicio Penitenciario.
Qué empresas capacitan a personas privadas de libertad en Mendoza
El modelo de convenios con empresas privadas busca formalizar la presencia de firmas que instalan actividades productivas dentro de establecimientos penitenciarios y, al mismo tiempo, aportan maquinaria, herramientas y conocimientos específicos.
Entre las compañías que actualmente cuentan con convenios aparecen Rerda SA, Xinca SA, Calzados Cuyo SA, Novoli, Suavipack, Grupo LTN, Agrovacs y Akebia.
Taller de Suavipack en la cárcel de Almafuerte. En la planta, se produce papel higiénico y servilletas.
Foto: Prensa Gobierno de Mendoza.
El mecanismo permite que las empresas aporten su experiencia y equipamiento, mientras que el sistema penitenciario facilita el espacio y el marco para desarrollar las capacitaciones. En el caso de Xinca, por ejemplo, la actividad está relacionada con la elaboración de indumentaria y calzado a partir de materiales reciclables, mientras que Suavipack desarrolla capacitación vinculada con la fabricación de papel higiénico, servilletas troqueladas y rollos de cocina.
Por su parte, Grupo LTN incorporó capacitaciones relacionadas con el montaje de paneles aislantes, una actividad que permite acercar a las personas privadas de libertad a conocimientos vinculados con un rubro específico de la construcción y la industria. El objetivo, explicaron desde el Servicio Penitenciario aSITIO ANDINO, es que la experiencia funcione como una herramienta de formación que pueda ser aprovechada posteriormente fuera de la cárcel.
El circuito se completa en algunos casos con la participación de organismos estatales, que adquieren los productos elaborados durante las capacitaciones. De esta manera, se genera una dinámica que permite sostener determinadas actividades y darles continuidad.
La capacitación laboral es uno de los ejes que el Servicio Penitenciario de Mendoza utiliza para preparar a las personas privadas de libertad para su regreso a la sociedad. (Archivo 2022)
Cristian Lozano
En experiencias anteriores participaron municipios como Las Heras, Guaymallén y Godoy Cruz, que encargaron ropa y distintos elementos para uso municipal. A nivel provincial también intervinieron organismos como Iscamen, la Sociedad de Transporte Mendoza (STM) y la Subsecretaría de Trabajo.
Un ejemplo es la confección de camperas para STM, elaboradas en un taller ubicado en el complejo Almafuerte. De esta manera, la compra realizada por un organismo público permite generar una demanda concreta para una actividad que, a su vez, funciona como instancia de capacitación.
La incorporación de hábitos para el día a día
Uno de los principales objetivos de estas propuestas es que quienes se encuentran en contexto de encierro puedan incorporar hábitos laborales, conocimientos técnicos y herramientas que luego puedan utilizar en el mercado laboral. Desde el Servicio Penitenciario remarcaron que el concepto debe entenderse principalmente como una instancia de capacitación para la reinserción social, y no como un empleo convencional.
En ese sentido, las actividades permiten aprender cuestiones que exceden el manejo de una determinada máquina o la elaboración de un producto. Entre los aprendizajes aparecen la puntualidad, el cumplimiento de horarios, el trabajo en equipo, la responsabilidad y el respeto por las pautas de una organización.
La lógica, según explicaron desde el Servicio Penitenciario, consiste en reproducir determinadas condiciones que una persona encontrará al momento de incorporarse a un empleo fuera del establecimiento.
Del trabajo tradicional a oficios más actuales
Durante años, las principales actividades productivas dentro de las cárceles estuvieron vinculadas con panadería, carpintería y herrería, entre otros oficios. Si bien estas capacitaciones continúan siendo importantes, desde el Servicio Penitenciario señalaron que el objetivo actual es ampliar la oferta hacia actividades que permitan incorporar conocimientos más vinculados con las necesidades del mercado.
Foto: Prensa Gobierno de Mendoza.
Actualmente, las propuestas incluyen producción textil, fabricación de calzado, elaboración de productos de papel, montaje de paneles aislantes y otras tareas vinculadas con procesos industriales. También existen talleres de mantenimiento y actividades productivas propias del sistema penitenciario.
Más allá del producto que se fabrique o del oficio que se aprenda, el eje de estas iniciativas es la reinserción social y laboral. Así, el modelo de empresas, Estado y Servicio Penitenciario busca combinar producción y formación para que las personas puedan adquirir conocimientos concretos y, especialmente, hábitos que les permitan afrontar con mayores herramientas el regreso a la vida en libertad.