Este 10 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Si bien, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud la han establecido como un derecho, en Mendoza y en Argentina, aún se presenta como un privilegio al que solamente un cúmulo de la sociedad tiene acceso a través de obras sociales, prepagas y un coseguro.
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Salud Mental: cuando el derecho se convierte en privilegio
Tres años después, la pandemia sigue mostrando el impacto que tuvo tanto en niños y niñas como en adolescentes y adultos. Los conflictos están a la orden del día. Ahora, ¿cómo se puede pensar en pagar por sesiones de terapia cuando en la mesa falta un plato de comida, un techo bajo el que dormir, ropa o abrigo? Si el trabajo antes de la pandemia era prevenir llegar a una enfermedad relacionada con la salud mental como, por ejemplo, la depresión, después de la pandemia el trabajo es triple y con profesionales que se van de la provincia, el panorama no es el mejor. La deuda del Estado.
Salud mental: situación en Mendoza
Gabriela Dik, flamante directora del Colegio de Psicólogos de Mendoza, analizó la situación actual. Señaló que uno de los principales déficit que existen actualmente es la imposibilidad para una porción de la sociedad (la más vulnerable) de acceder a la salud mental.
“Hablar de salud mental tiene dos apartados: por un lado, lo que vamos entendiendo como enfermedad o problemas de la gente, que no necesariamente son enfermedades. Y, por otro, todo lo que tiene que ver con la parte de la salud y de la salud mental, que no solamente es la ausencia de enfermedad o la ausencia de conflictos. En relación a los padecimientos que venimos viendo, en la post-pandemia se han agudizado muchísimo las situaciones de todas las personas, no solamente de los niños/as y adolescentes, sino también en adultos”, comenzó a explicar Dik.
“Lo que más escuchamos y más nos preocupa son los adolescentes porque las manifestaciones han sido muchísimo más complejas: autolesiones, intentos de suicidios, depresiones, ataques de pánico, todo el universo del lado de la ansiedad y la angustia han llevado a situaciones muy extremas. La post-pandemia ha dejado consecuencias muy complicadas, hay una demanda de atención en salud mental en todos los dispositivos públicos lo que se suma a la necesidad de ampliar el presupuesto destinado a este sector en la provincia y a la ausencia de refuerzo en los dispositivos de atención. Estas son preocupaciones en Mendoza, en Argentina y en el mundo porque en lugar de destinar más dinero y ampliación de la atención, ha ocurrido lo contrario, una retracción en ese aspecto”, agregó la profesional.
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“La crisis que vive Mendoza en cuanto a sus pediatras o terapistas, por citar dos ejemplos, que dejan la provincia para trabajar en otras o en países aledaños (como Chile), se replica en la salud mental: los profesionales de la salud mental también están viajando a otros destinos para poder recibir mejor remuneración por ejercer”.
Salud Mental: un derecho convertido en privilegio
Este martes, en Peatonal y Patricias, a las 17hs se realiza una jornada artística con motivo del Día de la Salud Mental. Se trata de un encuentro de expresión, reflexión e intercambio de información. La presidenta del Colegio de Psicólogos se refirió al lema del evento y explicó los motivos.
“Dentro de lo que armamos para visibilizar, el slogan fuerte es que la salud mental no es un privilegio, sino un derecho. Hoy, lo que estamos observando, sobre todo los que trabajamos en territorio o en la primera línea, es que el acceso a la salud mental es para la clase media y alta porque toda la porción que no tiene obra social, prepaga o que forma parte de clases más vulnerables no tiene esa posibilidad de acceder y cuando lo hacen es porque ya alcanzaron un estado de complejidad, cuando las cosas ya sobrepasan. Entonces, esas personas tienen que ver cómo resuelven sus conflictos de la vida cotidiana que no son pocos”, expuso la licenciada en Psicología.
“Son esos conflictos que todo el mundo tiene y, a veces son más profundos porque hay otras circunstancias que se suman como, por ejemplo: no tener un plato de comida, padecer alguna enfermedad, no tener un techo donde dormir, todo junto. ¿Cómo pensar en pagar a un psicólogo cuando no tengo ni para comer? Entonces, si esas situaciones no se resuelven, podemos llegar a situaciones de enfermedad que son las que tratamos, justamente, de prevenir. Las necesidades básicas hoy están insatisfechas. Todo afecta significativamente a la salud mental, porque la gente no come y está desesperada por comer, porque no tiene a dónde dormir, porque no tiene ropa para ponerse. Es notorio el impacto de la crisis y no hay a dónde dirigir a esa gente, no hay red de contención. Insisto, queda poder abordar la problemática o las conflictivas de la vida cotidiana. Si esto no se trabaja, llega un momento en que la gente termina manifestando problemáticas mucho más serias y más complejas”, cerró.