Hay comercios que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de una ciudad. En Mendoza, La Tijera es uno de ellos. Lo que comenzó como un pequeño negocio dedicado a la venta de telas para camperas se transformó en una empresa familiar con más de cuatro décadas de trayectoria, presencia regional y nuevos proyectos de expansión.
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La Tijera y el desafío de sostener un negocio en Mendoza: cómo será su nuevo formato exprés
La histórica empresa de La Tijera, con 40 años en Mendoza, se reinventa con un nuevo formato exprés para afrontar la crisis comercial y expandirse.
En una entrevista con Visión Empresa, el ciclo de Andino Streaming, Florencia Trípodi, integrante de la segunda generación de la firma, repasó los comienzos del negocio, las decisiones que impulsaron su crecimiento y los desafíos de sostener una empresa comercial en la Argentina actual.
También adelantó uno de los proyectos que preparan para el futuro: desarrollar locales más pequeños, con productos listos para llevar y una experiencia de compra más rápida.
De un pequeño local a una empresa familiar con más de 40 años de historia
La historia de La Tijera comenzó alrededor de 1976, cuando Adolfo Trípodi empezó a comercializar telas técnicas para camperas. En aquellos años viajaba en tren a Buenos Aires para conseguir mercadería y ampliar la oferta de productos. Su esposa, Cristina, era médica y trabajaba en el hospital Emilio Civit. Sin embargo, ante las necesidades del negocio familiar, decidió dejar la medicina para incorporarse a la empresa y acompañar su crecimiento.
Los primeros locales funcionaron en las inmediaciones de la Alameda, hasta que la expansión de la actividad llevó a la familia a instalarse sobre calle San Martín, donde La Tijera se consolidó como uno de los comercios tradicionales del centro mendocino. Para Flor, la historia empresarial también es parte de su propia infancia.
La menor de tres hermanos creció viendo trabajar a sus padres, aunque inicialmente imaginaba un futuro profesional muy diferente. Estudió Abogacía y, cuando le faltaban pocas materias para recibirse, comenzó a trabajar en la empresa familiar. Lo que parecía una experiencia temporal terminó convirtiéndose en su vocación.
“El comercio es lo mío”, reconoció al recordar el momento en que descubrió que disfrutaba desarrollar nuevas unidades de negocio, incorporar productos y buscar oportunidades de crecimiento.
El secreto de La Tijera: dejar de vender telas para empezar a ofrecer soluciones
Uno de los aspectos que Flor destacó durante la entrevista fue la capacidad de la empresa para interpretar las necesidades de sus clientes. Con el paso de los años, La Tijera dejó de dedicarse exclusivamente a la venta de telas e incorporó mercería, máquinas de coser, moldes, productos de decoración y artículos terminados para el hogar.
La lógica detrás de esa transformación fue sencilla: facilitarle al consumidor cada etapa de su proyecto. “Vos le estás vendiendo a la persona un proyecto de lo que va a ser”, explicó Flor, al describir cómo un cliente llega al local con la idea de confeccionar una prenda, renovar una habitación o realizar un trabajo textil.
La empresa también desarrolló propuestas de capacitación y alternativas para simplificar la confección, como moldes estándar y cortes de tela preparados. En los últimos años, el análisis de los hábitos de compra permitió detectar que muchos clientes buscaban cantidades similares de determinados géneros. A partir de esa información comenzaron a ofrecer cortes listos, algunos acompañados por moldes, para agilizar la compra.
Otro cambio fue incorporar sectores de mercería de autoservicio, donde las personas pueden observar y elegir productos sin depender permanentemente de un vendedor. Para Trípodi, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la rapidez que exige el consumidor actual y el asesoramiento personalizado que históricamente caracterizó a la firma.
Ocho franquicias y un nuevo proyecto: cómo serán las tiendas exprés de La Tijera
La expansión territorial es otro de los capítulos centrales de la empresa. Según detalló Flor Trípodi, La Tijera cuenta actualmente con nueve unidades de negocio, de las cuales ocho funcionan bajo el modelo de franquicias.
La marca tiene presencia en distintos departamentos mendocinos, como San Martín, Maipú, Luján de Cuyo, Tunuyán y San Rafael, además de haberse extendido a San Juan y San Luis. Entre las aperturas más recientes mencionó una unidad en Guaymallén.
Pero la intención es continuar creciendo, esta vez con un formato diferente.
El proyecto contempla locales de menor tamaño, pensados para resolver compras cotidianas con mayor rapidez. La propuesta incluiría cortes de tela listos, productos de blanquería, decoración estándar y artículos de mercería fraccionados. Este modelo permitiría llegar a zonas donde la demanda no necesariamente justifica una tienda de las dimensiones de la casa central.
La intención es mantener el asesoramiento especializado en el local principal y desarrollar, en paralelo, puntos de venta más ágiles y cercanos al consumidor.
Tres generaciones y el desafío de sostener una empresa familiar
La Tijera también atraviesa un proceso de continuidad generacional. Adolfo y Cristina, fundadores del negocio, siguen vinculados con la empresa, mientras que sus tres hijos participan de distintas áreas de gestión.
Flor destacó que el trabajo familiar funciona porque cada integrante tiene responsabilidades diferentes, pero existe una comunicación permanente para evaluar decisiones y proyectos. “Nos complementamos, no nos pisamos”, explicó.
La firma, además, avanzó en la elaboración de un protocolo familiar para organizar la sucesión y establecer pautas de funcionamiento para las próximas generaciones.
Actualmente, una de las hijas de Flor ya se incorporó al área de marketing y estudia Diseño Gráfico. La empresaria expresó su deseo de que otros integrantes de la tercera generación también puedan sumarse una vez que finalicen su formación. Sin embargo, reconoció que reemplazar las múltiples funciones que históricamente concentraban los fundadores requiere hoy equipos más amplios y especializados.
Para ella, el principal valor de esa continuidad no pasa únicamente por lo económico, sino por el esfuerzo y el compromiso que la familia ha dedicado al crecimiento del negocio.
“Los precios están estancados y los costos siguen subiendo”: la realidad del comercio en Mendoza
La entrevista también permitió conocer la mirada de Trípodi sobre la situación que atraviesan actualmente las empresas comerciales. Lejos de presentar un escenario sencillo, la empresaria advirtió sobre las dificultades que enfrenta el sector para sostener su actividad. “Los precios están estancados, los costos y los gastos siguen subiendo”, afirmó.
También mencionó la presión impositiva y lo que considera situaciones de competencia desleal entre los principales desafíos. Según explicó, este contexto obliga a redoblar esfuerzos, revisar permanentemente las decisiones comerciales y capacitar a los equipos para adaptarse a nuevas condiciones.
Para La Tijera, la respuesta ha sido continuar incorporando productos, mejorar los procesos de atención y buscar nuevos formatos comerciales. Flor sostuvo que adaptarse no es una opción secundaria, sino una necesidad para preservar la continuidad de un negocio que forma parte de la historia familiar.
El sueño de Flor Trípodi para el futuro de La Tijera
Después de más de cuatro décadas de crecimiento, la visión de Flor para el futuro combina la consolidación de la casa central con la expansión de locales de menor tamaño. Su objetivo es que La Tijera continúe siendo un lugar donde las personas encuentren productos, ideas y soluciones que quizás ni siquiera habían considerado antes de ingresar.
Y resumió su deseo con una idea que atraviesa buena parte de la historia de la empresa: que cada visita al comercio pueda convertirse en una experiencia de descubrimiento.
Una filosofía que, según relató, comenzó con sus padres, continuó con la segunda generación y ahora busca proyectarse hacia la tercera.
