19 de octubre de 2026
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Jimena Latorre

Jimena Latorre y su lucha contra el cáncer de mama: "No me quiero olvidar de que tuve cáncer, es parte de mí"

En una entrevista íntima con Andino Streaming, Jimena Latorre recordó el impacto del diagnóstico de cáncer de mama, los desafíos del tratamiento y cómo la enfermedad transformó su manera de vivir.

Por Cecilia Zabala

En el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, la ministra de Energía y Ambiente de Mendoza, Jimena Latorre, compartió su historia, desde el impacto del diagnóstico hasta las transformaciones que marcaron su vida. Un testimonio sobre el miedo, la fortaleza y la importancia de aprender a pedir ayuda.

Hay fechas que quedan grabadas para siempre. Días que marcan un antes y un después, que dividen la vida entre lo que era y lo que nunca volverá a ser. Para Jimena Latorre esa fecha es el 14 de marzo de 2022. Aquel día recibió una noticia que cambiaría su manera de mirar el mundo: tenía cáncer de mama.

En ese momento era diputada nacional. Tenía proyectos, responsabilidades, compromisos y una vida que transcurría entre Mendoza y el Congreso de la Nación. Pero un diagnóstico inesperado la enfrentó a una realidad para la que nadie está completamente preparado: la incertidumbre de una enfermedad que obliga a detenerse, reorganizar las prioridades y aprender a vivir de otra manera.

Este 19 de octubre, Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, es una oportunidad para hablar de la importancia de los controles médicos, el diagnóstico temprano y el acceso a los tratamientos. Pero también para escuchar a quienes atravesaron la enfermedad y comprender que detrás de cada diagnóstico hay una historia, una familia, temores, decisiones difíciles y una enorme necesidad de acompañamiento.

En una entrevista íntima con Andino Streaming, Latorre dejó de lado su rol institucional para compartir su experiencia como paciente oncológica. Habló del miedo que sintió cuando le confirmaron que tenía un tumor maligno, de los dos años de tratamiento, de la importancia de su familia y sus amigos, de las desigualdades que enfrentan muchas mujeres durante la enfermedad y de cómo el cáncer transformó su relación con la vida.

En una entrevista íntima, la ministra Jimena Latorre contó cómo atravesó el diagnóstico, el tratamiento y cómo convive hoy como sobreviviente del cáncer de mama.

En una entrevista íntima, la ministra Jimena Latorre contó cómo atravesó el diagnóstico, el tratamiento y cómo convive hoy como sobreviviente del cáncer de mama.

Su testimonio no pretende presentar una historia de fortaleza inquebrantable. Por el contrario, invita a reconocer la vulnerabilidad, aceptar las limitaciones y comprender que pedir ayuda también es una forma de cuidarse.

Jimena Latorre: el diagnóstico que cambió su vida

—Fuiste diagnosticada en 2022, cuando eras diputada nacional. ¿Cómo llegaste a ese diagnóstico?

—Son fechas que te quedan grabadas a fuego. Para mi fue el 14 de marzo del 2022, cuando me entregaron el resultado de la biopsia. En ese entonces yo estaba en el Congreso de la Nación como diputada nacional.

Jimena Latorre recibió el diagnóstico de cáncer de mama en 2022, cuando era diputada nacional.

Jimena Latorre recibió el diagnóstico de cáncer de mama en 2022, cuando era diputada nacional.

Estábamos recién saliendo de la pospandemia. Si vemos los indicadores pospandemia, hubo muchos diagnósticos porque se descontinuaron en muchos casos los controles anuales.

En mi caso, yo me había hecho el control el año anterior y no se había advertido nada. Me palpé que tenía un bultito en la parte baja de mi mama derecha e inmediatamente fui a hacerme la ecografía. Y ahí ese bultito se empezó a dimensionar con características que no eran las habituales o las normales.

En mi caso, si bien he tenido siempre quistes, esto era distinto. Entonces vino la mamografía, la punción, la biopsia, etcétera.

—¿Qué recordás del momento en que te confirmaron que tenías cáncer?

—Son momentos muy duros. Es muy importante el acompañamiento de nuestra red de contención. Yo me acuerdo de ese día que me hice la ecografía. Uno como que huele esa cara de los médicos, del ecógrafo, que dice: "Voy a llamar a otro ecógrafo". Y los ves que pasan de la rutina, de decir "está todo bien", a un "llamamos a otro".

Ahí yo ya sentí esa angustia, esa ansiedad por saber qué pasaba y traté de adelantar todos los procesos lo más posible para poder llegar a tener un diagnóstico y abordar, en función de ese resultado, el tratamiento que fuera posible.

Porque hay algo que hay que resaltar: el principal indicador respecto al éxito o al fracaso de un tratamiento en el cáncer, y particularmente en el cáncer de mama, es el tiempo. El tiempo con el que se diagnostique y el tiempo con el que se inicie el tratamiento.

Fueron una de mis mejores amigas y mi hermano los que vinieron con el resultado del análisis patológico y me dijeron: "Bueno, es un tumor maligno, tenés cáncer".

Es muy difícil. Es un shock. ¿Viste cuando estás en el mar y te viene una ola encima y te parás y no sabés para dónde tenés que salir o cómo acomodarte, qué hacer primero?

Una vez que lográs mantenerte en pie y definís hacia dónde tenés que caminar, se empiezan a ordenar las cosas. Una vez que tenés ese equipo médico, esa red de contención, esas metas. El objetivo es curarte. A ese objetivo vas a poder llegar si ordenás las metas y vas transitándolo paso a paso.

Dos años de tratamiento y una incertidumbre que no desaparece

—Después del diagnóstico comenzaste con la quimioterapia. ¿Cómo fue el tratamiento?

—Hay que hacer hincapié en que cada caso es distinto. Mi primera reacción, y creo que si nos está escuchando alguna paciente también, es querer entender todo y no entender nada a la vez.

Querés entender por qué te pasó, para qué te pasó, de qué se trata, qué le pasó a otro. Entonces empezás a buscar información. Cometemos el error de buscar información en las redes y creer que lo que le pasó o no le pasó a otra es lo que me va a pasar a mí. Y no es así, porque cada caso y cada cuerpo es único.

En mi caso, el tumor era un tumor hormonodependiente. Tiene un nombre, se llama HER2 positivo. Entonces lo primero que me hicieron fue un tratamiento de quimioterapia para reducir el tamaño, porque era casi de tres centímetros, bastante grande. A mí me resultó rarísimo que no me lo hubieran detectado en el control anterior, pero pasa. Por eso es tan importante ir a centros diagnósticos especializados en mama a hacernos nuestros controles.

Reaccionó muy bien mi organismo y el tumor se redujo de casi tres centímetros a menos de uno. Entonces ahí hicieron la operación. Después seguí con radioterapia y un año más de hormonoterapia.

—Fueron dos años de tratamiento. ¿Cómo se convive durante tanto tiempo con la incertidumbre?

—Es una incertidumbre que no se acaba. Yo de mi diagnóstico llevo cuatro años y te cambia la vida tanto que empezás a valorar cada ítem.

Terminé la quimio, es un logro. Me operaron, salió bien, es un logro. Terminé los rayos, es un logro. Terminé la hormonoterapia, que fue ir todos los meses durante un año, también es un logro.

Mi último logro, y así lo vivo, es haber dejado de tener que hacerme los controles cada seis meses y pasar a hacerlos cada un año.

En esos dos años vivís de médico en médico. Porque además no es solamente ir a la quimioterapia. Yo tenía en ese momento una menopausia química, es decir, inducida. Ahora ya tengo una menopausia quirúrgica porque después me tuve que someter a dos operaciones para hacer esa menopausia quirúrgica con la extracción de mis ovarios.

Jimena Latorre íntima: cómo vivió el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de mama y cómo la enfermedad la cambió para siempre.

Jimena Latorre íntima: cómo vivió el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de mama y cómo la enfermedad la cambió para siempre.

Es eso, más los controles previos y posteriores a cada intervención, las terapias conexas al tratamiento, fisioterapia, ir a una genetista, las terapias vinculadas a la alimentación, mantener bien el resto de tu estado clínico y tu estado anímico y psicológico.

Es un día a día. Esa ansiedad y esa incertidumbre pueden morigerarse en ciertos momentos, pero nunca cesan.

Ahora, hace poquito, en agosto, me dijeron: "Bueno, nos vemos el agosto que viene". Y eso fue un montón.

Pero siempre el paciente de cáncer es un paciente oncológico. Y es como que también hay que convivir con esa incertidumbre de que puede volver. Me puedo haber curado para siempre o puede volver.

El derecho a seguir trabajando durante el cáncer

—Hay una imagen muy recordada de cuando fuiste a sesionar al Congreso y te lo reconocieron tus pares. ¿Cuánto te ayudó continuar trabajando? ¿O sentís que fue demasiado esfuerzo?

—A mí me ayudó muchísimo seguir con mis tareas. Yo creo que a cualquier paciente le ayuda mucho poder continuar, y ese es un desafío y un tema que tenemos que discutir en la sociedad. ¿Cuántas mujeres pacientes de cáncer de mama tienen la oportunidad que tuve yo de poder seguir trabajando a mi ritmo, con mis limitaciones, pero poder seguir trabajando?

Porque hay que naturalizar el diagnóstico. No es que hago un tratamiento cortito como si fuera una angina, me curo y sigo. Vivís en tratamiento durante mucho tiempo.

Entonces eso lo tenés que naturalizar y compatibilizar con muchas otras actividades de tu vida, tenés que aprender a vivir de otra manera.

Pero lamentablemente hay muchas mujeres que ante el diagnóstico de cáncer de mama pierden su trabajo. Y hay otras mujeres que son autónomas, que son independientes y que no pueden trabajar, y que el día que no trabajan no tienen esos ingresos.

Entonces es muy difícil. Yo realmente me siento una privilegiada.

"Aprendí a elegir las batallas": cómo cambió su manera de vivir

—¿Cómo cambió tu vida después del diagnóstico? ¿Qué diferencias hay entre la Jimena de antes y la de ahora?

—Yo creo que cualquier persona que atraviesa una situación desafiante en su vida, algo le toca, algo le cambia. Atravesar una enfermedad como esta yo creo que a todos nos cambia. A mí me cambió muchísimo.

Me cambió sobre todo la percepción y la valoración de la vida, de las cosas que son importantes, de las cosas que son importantes para mí y de lo que yo quiero hacer con lo que me parece importante.

Yo siempre he sido muy impulsiva, muy temperamental, muy pasional. Si bien esa esencia no cambia, sí veo una diferencia entre la Jimena precáncer y la postratamiento y postdiagnóstico en realmente valorar lo que es importante y lo que vale la pena el esfuerzo o la lucha.

Eso de aprender a elegir las batallas. Y resignar que no somos el 100. Nadie puede dar el 100. Eso es una utopía. Todos podemos dar lo mejor de nosotros, pero el 100 no lo puede dar nadie.

También es muy valioso entender las limitaciones y convivir con ellas, hacer mejor lo que sabemos hacer mejor y resignar lo que no podemos.

El decir "no puedo algo" o el decir "necesito ayuda" no es un síntoma de debilidad, es un síntoma de reconocimiento de las limitaciones.

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La familia, los amigos y el acompañamiento durante la enfermedad

—Durante el tratamiento compartiste una imagen muy emotiva de tu hermano, que se rapó la cabeza para acompañarte. ¿Qué papel jugaron tu familia, tus amigos y tus compañeros de trabajo?

—Son fundamentales. En mi caso, mi familia, mi papá, mi mamá, mis hermanos, mi novio, mis amigos, mis compañeros de trabajo. Y compañeros de trabajo, no tan solo mis compañeros de trabajo que son amigos, sino gente del ámbito que empatiza, que acompaña.

Como uno vive en tratamiento, quizás el paciente lo que busca no es que lo traten como distinto, sino que lo ayuden a naturalizar algo que va a durar un tiempo o, en muchos casos, que es permanente.

Una cosa es empatizar con la situación especial, con la diferencia, con la necesidad particular de un paciente, y otra cosa es tratarlo como si no pudiera hacer algo.

Entonces, el incorporarte, el naturalizar y el poder decir: "Bueno, sí, pero vení igual a la reunión, cuando te sientas mal te vas, no hay problema, yo después te ayudo". Eso ayuda muchísimo.

"No me quiero olvidar de que tuve cáncer de mama"

—¿Extrañás algo de la Jimena anterior al diagnóstico o sentís que todo lo que atravesaste también te permitió convertirte en quien sos hoy?

—No, no extraño. Es esto del cambio y la evolución. Hay mucha gente que dice "estás cambiada", como si fuera algo malo. Y yo creo que en buena hora. O al revés, qué pena el que no experimenta cambios.

No tengo nostalgia de una Jimena antes del cáncer de mama, en absoluto. Creo que ha sido parte de un proceso de aprendizaje que valoro y que agradezco muchísimo.

De hecho, el otro día me preguntaban por qué no me había vuelto a dejar el pelo largo, porque toda la vida tuve el pelo largo.

Y le contesté que por dos motivos. Primero, porque me gusta cómo me queda el pelo corto. Y además porque no me quiero olvidar de que tuve cáncer de mama.

Es parte de mí, es parte de mi identidad, es parte de mi vida, es parte de mi transformación, de mi crecimiento y no me quiero olvidar.

El mensaje de Jimena Latorre para las mujeres que reciben un diagnóstico de cáncer de mama

—Si hoy tuvieras que darle un mensaje a una mujer que acaba de recibir su diagnóstico, ¿qué le dirías?

—Que confíen en ellas mismas, que busquen sus redes de contención, que no sientan como una debilidad el pedir ayuda. Es muy difícil para las redes de contención ayudar a alguien que no se deja ayudar.

Es muy importante sacarnos esa capa de superheroínas que muchas veces tenemos las mujeres y entender que por un momento tenemos que corrernos al lugar de recibir ayuda y dejarnos ayudar.

Hay algo que mi psicóloga trabaja constantemente conmigo, que por ahí suena muy duro o muy crudo, pero cuando yo creo que puedo con todo o vuelvo a esa vorágine de "esto lo tengo que solucionar y esto lo voy a cambiar todo", me dice: "Muerta no le servís a nadie".

Entonces volvé a vos, entendé qué necesitás, cuáles son tus demandas, cuáles son tus tiempos, ordenate en ese sentido, porque si no, no vas a poder brindar nada de lo que estás pretendiendo brindar.

A esas mujeres que están recibiendo ese diagnóstico y por ahí piensan, porque a mí también me pasó, yo pensaba más en cómo se lo iba a decir a mis papás para que no se sintieran mal que en lo que me estaba pasando a mí.

Pero volver a ponerte en el lugar de "bueno, ahora, en este momento, yo necesito ayuda, yo necesito ordenar mi entorno para curarme". Ese es mi objetivo, curarme. Entonces, ¿cómo lo transito de la mejor manera posible?

No es solamente ir a la oncóloga, no es solamente ir a la mastóloga. Es buscar un equipo de contención afectiva, familiar, de amigos, tener por lo menos un sostén que sea quien te apalanque durante todo el proceso.

Y también construir esa red y ese sostén terapéutico médico. Nos vamos a tener que alimentar distinto, vamos a tener que movernos, pero a otro ritmo.

Voy a tener que ir a alguien que me ayude a entender lo que está pasando, lo que me está pasando, lo que me va a pasar y cómo puedo afrontarlo mejor.

Porque me excede, no es algo que yo tenía planeado en mi vida y me excede. Entonces necesito esa asistencia también psicológica, además de todas las terapias propias de un diagnóstico de cáncer.

Cáncer de mama: la importancia de los controles y el diagnóstico temprano

Cada 19 de octubre, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama recuerda que la detección temprana puede mejorar significativamente las posibilidades de un tratamiento exitoso.

La mamografía es una herramienta fundamental para identificar lesiones incluso antes de que puedan palparse. La edad de inicio y la frecuencia de los estudios deben definirse según las recomendaciones médicas y los antecedentes personales y familiares. Ante cualquier cambio en las mamas, es importante realizar una consulta profesional.

Sin embargo, la historia de Jimena Latorre también pone sobre la mesa otras necesidades: el acceso oportuno a los estudios, la continuidad de los tratamientos, el acompañamiento psicológico y las condiciones laborales que permitan atravesar una enfermedad prolongada sin perder el sustento económico.

Porque hablar de cáncer de mama no es solamente hablar de una enfermedad. Es hablar de mujeres que tienen miedo, que necesitan ayuda, que continúan criando a sus hijos, trabajando, sosteniendo a sus familias y tratando de encontrar una nueva normalidad.

Y también es comprender que sobrevivir no significa necesariamente volver a ser la misma persona.

En el caso de Jimena Latorre, aquella mujer que el 14 de marzo de 2022 recibió un diagnóstico que le cambió la vida, el cáncer dejó una huella que no busca borrar. La lleva consigo, incluso en ese cabello corto que decidió conservar, como recordatorio de todo lo que atravesó y de lo que aprendió en el camino.

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