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Psicología

"Habitantes sin territorio": la advertencia de una psicóloga sobre los adolescentes y las redes sociales

En la era de las redes sociales, lo que debía acercar y brindar la posibilidad de conocer más terminó dando lugar al fenómeno de la hipercomparación entre los más jóvenes.

Por Luis Calizaya

Las redes sociales ampliaron el mundo de los adolescentes, pero también multiplicaron las comparaciones con estilos de vida difíciles de alcanzar. Para quienes viven en zonas rurales o sectores vulnerables de Mendoza, según la psicología, tal exposición profundiza la frustración y la sensación de exclusión, mientras las brechas digitales y territoriales condicionan la forma de habitar el mundo real.

Redes sociales y adolescentes: cómo la hipercomparación afecta el desarrollo emocional

La comparación grupal siempre formó parte de la adolescencia. Las amistades, la música, las formas de hablar y los grupos de pertenencia fueron históricamente espacios donde los jóvenes construyeron su identidad. Sin embargo, la llegada de las redes sociales modificó el alcance de esa comparación y, según explica Nancy Caballero, psicóloga (Mat.1908) y psicopedagoga (Mat. 191), también transformó la manera en que los chicos reciben la mirada de los demás.

Validación externa y superficial: ¿Exíste un deterioro de la interacciones?

En diálogo con Sitio Andino, la especialista señaló que, antes de las redes sociales, la comparación de los niños estaba más limitada a sus compañeros de escuela y grupos de amigos. La figura del adulto, además, tenía un peso mayor en ese proceso.

En la adolescencia, en cambio, la mirada de los pares siempre tuvo una importancia fundamental. El problema, según Caballero, es que las redes sociales convirtieron esa mirada en un fenómeno mucho más amplio y, en muchos casos, en el principal reflejo que tienen los jóvenes de sí mismos.

"La validación es casi absolutamente externa y muy superficial", explicó. A diferencia de lo que sucedía en un grupo de amigos, donde existía un conocimiento previo entre quienes interactuaban y también podían aparecer otras miradas que ayudaran a contener una situación, en las redes muchas veces no se sabe quién está detrás de una crítica, una burla o un mal comentario.

Para Caballero, esa dinámica genera un juicio de valor mucho más fuerte y puede llevar a que los adolescentes comiencen a construir su autoestima a partir de un "like" positivo, una desvalorización o incluso del temor a publicar algo por miedo a ser ridiculizados.

La consecuencia no se limita a un momento de incomodidad. Según la especialista, la exposición permanente también puede afectar la construcción de la personalidad, justamente durante una etapa en la que los jóvenes están definiendo sus propias características, vínculos y formas de relacionarse con los demás.

La brecha urbana y rural: cuando la fantasía digital choca con la realidad

La influencia de las redes sociales tampoco se limita a un determinado sector social o territorio. Caballero explicó que durante años trabajó con adolescentes de contextos urbanos, rurales y de sectores vulnerables, y que en cada caso preparaba estrategias diferentes.

Sin embargo, con la expansión de internet, esa diferencia comenzó a reducirse en algunos aspectos: "El mundo se metió en la casa a través de internet", explicó.

Esto significa que un adolescente que vive en una zona alejada puede acceder a contenidos y modelos de vida similares a los que observa un joven de una ciudad. Pero, de acuerdo con la especialista, que las aspiraciones sean compartidas no significa que las posibilidades para alcanzarlas sean las mismas: "Hay un montón de cosas que son parejas. ¿Qué es lo que no es parejo? Las aspiraciones".

La especialista sostuvo que la frustración aparece en distintas capas sociales, aunque de diferentes maneras. En los sectores medios - medios altos puede expresarse como la desilusión de no alcanzar determinado nivel de riqueza o estilo de vida. En los sectores más carenciados, en cambio, la distancia entre aquello que muestran las redes y las posibilidades concretas puede resultar mucho más profunda.

"Esto mismo ocurre en las capas más bajas con la desilusión de que aunque yo considere un trabajo y estudie, nunca voy a llegar a tener estas cosas", explicó.

La aspiración es la clave para comprender la comparación digital.

En este escenario, las redes sociales no solo muestran aquello que otros tienen, sino que pueden instalar la idea de que alcanzar determinados objetivos es una condición para sentirse realizado: "Lo aspiracional se ha convertido, sin asociarlo con la envidia, en querer tener lo que el otro tiene y no pensar cuál sería o qué medios podría tener yo para llegar a mis aspiraciones", señaló.

Allí aparece uno de los principales problemas, cuando la red solo muestra el resultado, pero no necesariamente el camino para alcanzarlo. Cuando el adolescente observa un estilo de vida al que no puede acceder, puede aparecer la sensación de que ese objetivo está directamente fuera de sus posibilidades. "Ese es el nivel de ansiedad y de tristeza que vemos hoy en los chicos, en todas las clases sociales", dice Caballero.

Jóvenes sin territorio: cómo las redes modifican la forma de habitar el espacio público

La comparación digital también se relaciona con otra transformación, y es la manera en que los adolescentes se vinculan con el espacio que los rodea.

Caballero utiliza una expresión particular para describir esta situación: "Los chicos son habitantes sin territorio". Según explicó, físicamente pueden encontrarse en una calle, una escuela o una plaza, pero cada uno puede estar conectado con un mundo diferente a través de su teléfono.

Así relaciona este fenómeno con los algoritmos de las redes sociales, que tienden a mostrar contenidos similares a aquellos con los que cada usuario ya interactuó: "Yo tengo razón porque todos piensan igual que yo y no es así. En realidad, hay un algoritmo mostrando todo lo que piensan igual a él", sostuvo.

Esto genera un problema que va más allá del tiempo de uso del celular, expresada en la dificultad para aceptar miradas diferentes. La experiencia digital puede transformarse así en una especie de burbuja en la que el usuario recibe permanentemente contenidos que coinciden con sus intereses, pensamientos o emociones: "Lo peor de todo es que es una forma de evadirse", explica la psicóloga.

En ese contexto, también vinculó la búsqueda de satisfacción inmediata con otras formas de consumo digital. Juegos online, contenidos que generan placer inmediato, marcas y determinados productos pueden formar parte de una dinámica en la que la gratificación se vuelve cada vez más rápida.

Caballero aclaró que no se considera enemiga de internet, pero cuestionó el recorte de la realidad que puede producir cuando se convierte en el principal espacio de interacción.

El cambio inicia por los adultos: cómo recuperar el valor de lo cotidiano

Frente a este escenario, Caballero plantea que la discusión no debería centrarse únicamente en cuánto utilizan el celular los adolescentes. Para la especialista, el primer cambio tiene que comenzar por los adultos: "Da tristeza ir a un café y ver que hay un papá con un hijo, o varios, y cada uno esté en su celular, pero el primero que está en el celular es el padre".

Recuperar el contacto y el valor por lo cotidiano inicia por los más mayores.

La especialista considera que los padres necesitan acompañar los límites con el ejemplo. De poco sirve pedirle a un adolescente que abandone el teléfono si los adultos hacen exactamente lo contrario: "¿Con qué autoridad le digo yo a mi hijo que deje el teléfono o deje internet si yo lo estoy haciendo?", planteó.

Esto no implica una prohibición absoluta de la tecnología. El objetivo es establecer normas concretas que permitan recuperar espacios cotidianos de interacción.

Una de las estrategias que propone es evitar el uso del teléfono durante las comidas. Al principio puede resultar difícil, especialmente cuando existe una fuerte dependencia de la inmediatez, pero con el tiempo puede convertirse en parte de la rutina familiar: "La realidad es que no hay nada que pueda pasar sin que no pueda esperar", sostuvo Caballero.

Para la especialista, recuperar esos pequeños momentos permite volver a combinar los dos mundos: el virtual y el real. La clave no es eliminar internet, sino evitar que la experiencia digital termine reemplazando el contacto con otras personas y con el entorno: "Los adultos somos los primeros que tenemos que empezar", finaliza.

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