2 de octubre de 2026
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Historia

De maquilladora a empresaria: la historia de Érica Gómez y el crecimiento de Academia Amelie

Érica Gómez recordó sus comienzos en el rubro de la estética y cómo convirtió un pequeño emprendimiento en un centro de formación con más de 15.000 egresados.

Por Erika Soledad García

La historia de Érica Gómez es también la de muchas emprendedoras mendocinas que comenzaron con un oficio y terminaron construyendo su propia empresa. Fue mamá a los 16 años, dejó la secundaria, volvió a estudiar mientras trabajaba y criaba a sus hijas y comenzó a recorrer Mendoza en colectivo con una camilla para atender a sus primeras clientas. Dos décadas después, está al frente de Academia Amelie, un proyecto de formación por el que, según contó, ya pasaron más de 15.000 alumnos.

La empresaria, maquilladora y especialista en estética pasó por Visión Empresa, por Andino Streaming, y repasó un recorrido atravesado por la maternidad, el esfuerzo, las decisiones tomadas en momentos difíciles y una característica que todavía conserva: la necesidad permanente de buscar nuevos desafíos.

Erica Gómez junto a Erika García en Visión Empresa. 

Erica Gómez junto a Erika García en Visión Empresa.

De dejar la secundaria a volver a estudiar con dos hijas

El primer trabajo de Gómez estuvo lejos del maquillaje y la cosmética. Fue en una rotisería de San Carlos, ayudando a sus padrinos a preparar comida los domingos. Su vida cambió muy temprano. Quedó embarazada de su hija Sofía a los 16 años y abandonó la secundaria. Tiempo después se trasladó desde San Carlos y comenzó a trabajar en una imprenta, donde aprendió diseño y manejo de máquinas.

Fue también allí donde una persona de su entorno laboral la impulsó a retomar los estudios.

“Mi jefe fue el que vio en mí que podía llegar a estar para más que eso. Me empezó a meter en la cabeza que tenía que seguir estudiando”, recordó. Con dos hijas, trabajó durante el día e iba a la escuela por la noche, y así terminó finalmente el secundario.

“Por ahí me las tenía que llevar. Tengo muy buenos recuerdos y fue un muy buen aprendizaje para ellas también, porque desde chiquitas aprendieron que las cosas se hacen con esfuerzo, que nada viene gratis y de arriba”, contó.

Su primera intención era estudiar Lengua y Literatura. Sin embargo, mientras buscaba un oficio que pudiera permitirle generar ingresos y manejar sus propios horarios, comenzó un curso de masoterapia. Después llegó cosmetología y, casi sin planificarlo, terminó realizando varias capacitaciones simultáneamente.

“Me acuerdo que en ese momento en la imprenta cobraba 400 pesos y cada curso me salía 150. Yo decía: ‘Me estoy gastando más de lo que gano’. Pero mi cabeza estaba en el foco y no en lo que realmente era la situación”, recordó.

Una camilla, el colectivo y los primeros clientes

En 2004 comenzó a trabajar de manera independiente. Una de sus primeras inversiones fue una camilla portátil con la que recorría distintos domicilios para realizar tratamientos.

“Me acuerdo subiendo al colectivo con la camilla y que la gente me miraba como diciendo: ‘¿Esta adónde va con la camilla?’”, relató entre risas.

En aquel momento, explicó, todavía no era habitual que una profesional llegara hasta la casa del cliente para realizar masajes, tratamientos estéticos o servicios de belleza. Esa diferencia comenzó a generar recomendaciones y nuevos turnos.

El crecimiento la llevó a tomar una decisión más grande: pedir un préstamo, alquilar un espacio y abrir su propio centro de estética en San José.

El nombre elegido fue Amelie, inspirado en la película francesa con cuya protagonista se sentía identificada por su costado soñador y creativo.

Pero abrir las puertas no significó tener clientes inmediatamente. “Fue uno de los primeros centros de estética en un barrio. Me acuerdo que la gente golpeaba para decirme: ‘¿Qué es? ¿Qué venden?’”, recordó.

Sin redes sociales ni las herramientas digitales actuales, Gómez buscó su propia estrategia comercial: abría la guía telefónica, buscaba domicilios cercanos y llamaba personalmente para ofrecer una limpieza facial gratuita que permitiera a los potenciales clientes conocer el lugar. El boca en boca comenzó a hacer el resto.

Érica Gómez está al frente de Academia Amelie.

Érica Gómez está al frente de Academia Amelie.

El consejo que la hizo aguantar cuando quería cerrar

En aquellos primeros años hubo varias oportunidades en las que pensó abandonar. Una frase que había recibido antes de dejar la imprenta terminó convirtiéndose en una especie de regla personal.

“Un señor me dijo: ‘Usted, mi reina, aguante tres años. No baje los brazos hasta que pasen los tres años’”, recordó. “Un señor me dijo: ‘Usted, mi reina, aguante tres años. No baje los brazos hasta que pasen los tres años’”, recordó.

El argumento era sencillo: un emprendimiento necesitaba tiempo para madurar y, si cerraba antes, nunca sabría si realmente podía funcionar. “Cada vez que yo quería cerrar decía: ‘Llevo un año y medio, llevo dos años, dos años y medio’”, contó. Antes de llegar a esos tres años apareció otra oportunidad. Gómez había enviado un currículum para trabajar como maquilladora y, meses después, recibió un llamado para participar en una producción de una revista.

El trabajo no tenía remuneración económica. A cambio, su nombre aparecería en la publicación. Aceptó. La experiencia terminó llevándola a una producción en Chile y allí decidió aprovechar una oportunidad que excedía el maquillaje: acercarse, conversar y generar vínculos con personas de los medios.

“Siempre digo algo que para mí es muy real: siempre vamos a tener gente que nos abre las puertas, pero nosotros somos los encargados de mantenerlas abiertas con nuestras acciones, con nuestra ética, con nuestra moral y con los comportamientos”, reflexionó.

A partir de entonces comenzó una etapa vinculada al maquillaje profesional, las producciones y los medios de comunicación que amplió la visibilidad de su trabajo.

Cómo el centro de estética terminó convirtiéndose en Academia Amelie

Con el crecimiento del sector comenzaron a aparecer cada vez más centros de estética. Gómez detectó entonces una nueva necesidad: profesionales que buscaban incorporarse al mercado, pero que necesitaban mayor capacitación.

“Nosotros teníamos experiencia. Dijimos: empecemos a capacitar a esa gente que quiere entrar a los centros de estética”, explicó.

La transformación, sin embargo, coincidió con uno de los momentos personales más complejos de su vida. Tras separarse de su primera pareja atravesó una depresión y decidió cerrar el centro de estética.

“Estuve un año que desaparecí de todos lados. Así como me inserté en los medios y en todos lados, llegó un momento en que yo quise desaparecer”, contó.

Después de recuperarse comenzó una nueva etapa junto a Juan Pablo, su actual pareja y socio. Gómez le propuso retomar el proyecto de capacitación, pero con una condición importante: hacerlo juntos. Él dejó su trabajo y se incorporó al emprendimiento. Para poder administrar proveedores y comprender el negocio, incluso aprendió los distintos oficios vinculados al sector.

Así comenzó a consolidarse Academia Amelie. Actualmente ofrece formación en maquillaje, masoterapia, cosmetología y cosmiatría, además de perfeccionamientos, talleres y herramientas complementarias como marketing y asesoría de imagen.

Según Gómez, la última medición realizada por la institución ya había superado los 15.000 egresados.

Más que enseñar un oficio: las mujeres que encontraron una salida laboral

El crecimiento de la academia también permitió que Gómez conociera historias de mujeres que llegaron buscando mucho más que una capacitación.

“Tenemos muchísimas historias de resiliencia, de gente que venía muy desanimada, de amas de casa que creían que para lo único que servían era para estar limpiando y cuidando niños”, contó. Por eso sostiene que el objetivo no termina en enseñar maquillaje, estética o peluquería.

“Nuestro trabajo, aparte de enseñarles un oficio, es empoderarlas”, afirmó. “Nuestro trabajo, aparte de enseñarles un oficio, es empoderarlas”, afirmó.

Para Gómez, estos oficios pueden funcionar como una actividad principal o convertirse en una fuente de ingresos paralela a otro empleo o carrera.

Esa mirada está atravesada por su propia experiencia: ella también comenzó capacitándose mientras trabajaba y buscaba una herramienta que le permitiera administrar sus tiempos.

Emprender en Mendoza y una filosofía: “El no puedo no existe”

Consultada sobre las posibilidades que existen actualmente para aquellas mujeres que quieren comenzar una actividad propia en Mendoza, Gómez puso el foco principalmente en la actitud con la que se encara el proceso.

“Yo creo que está todo en la mente. Siempre digo: si pensás que puede ser, es cierto; y si pensás que no puede ser, es cierto también”, sostuvo. Para la empresaria, una parte importante de su recorrido estuvo marcada por animarse a probar incluso sin tener garantías sobre el resultado.

“Algo que me ha hecho llegar a donde estoy y lograr todo lo que he logrado es meterme en la cabeza que el ‘no puedo’ no existe. Lo voy a probar y después veré si se da o no. Pero siempre lo pruebo”, explicó.

Después de años acostumbrada a liderar sus propios proyectos, actualmente también atraviesa una experiencia diferente: incorporarse a un nuevo ámbito laboral en el que debe responder a otros directivos. Lejos de considerarlo un retroceso, lo interpreta como una nueva instancia de aprendizaje.

“Yo estoy aprendiendo a estar debajo de un directivo porque siempre he sido mi propia jefa. Digo: ‘Poneme un freno. Si estoy haciendo algo mal, decímelo’. Yo voy a aceptar que esto es parte de aprender”, contó.

Organización, familia y aprender a decir que no

Madre y ahora también abuela, Gómez asegura que una de las herramientas que le permitió sostener simultáneamente su vida laboral y familiar fue aprender a organizar su tiempo y respetar los límites que ella misma establece.

“Esa frase de ‘no tengo tiempo’ no existe. El tiempo se lo hace uno. Para mí la organización es la base”, afirmó.

Eso implica también aprender a rechazar propuestas cuando interfieren con espacios que previamente decidió reservar para su familia. “Sé decir que no”, aseguró. Y resumió ese aprendizaje con una frase: “Lo que le decís que sí al otro, te estás diciendo que no a vos”.

Érica Gómez y su propia definición del éxito

Después de más de dos décadas de aquel comienzo en el que recorría Mendoza con una camilla, Gómez continúa buscando proyectos y desafíos. Pero cuando se le pregunta si se considera una mujer exitosa, su respuesta se aleja de la cantidad de alumnos, el crecimiento de Academia Amelie o los logros profesionales.

“Yo creo que soy exitosa porque soy feliz, porque todos los días me acuesto con una sonrisa en la boca, porque tengo a mi marido al lado, mis hijos sanos”, respondió. Para ella, los objetivos profesionales generan satisfacciones que inevitablemente son transitorias.

“Mientras mis hijos y mi familia tengan salud, lo demás va y viene. Son momentos. Vos tenés un objetivo, lo lograste y la alegría te va a durar un ratito”, reflexionó.

De aquella adolescente que tuvo que abandonar la secundaria a la empresaria que hoy dirige un espacio por el que pasaron miles de alumnos, Gómez reconoce en su recorrido distintas etapas, dificultades y reinvenciones. Y todavía mantiene la misma lógica con la que alguna vez decidió invertir en cursos que costaban casi tanto como su sueldo: probar, aprender y volver a empezar.

La entrevista completa a Érica Gómez puede verse en Visión Empresa, por Andino Streaming

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