El arbolado público de Mendoza ha sido foco de discusión en las últimas semanas por la caída de árboles y los daños estructurales y humanos que pueden causar tras un evento climático extremo. Aunque siempre se buscan responsables, en el tema también aparece el factor natural: ¿cuándo debería ser catalogado un árbol como peligroso y cuándo corresponde talarlo?
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Caída de árboles en Mendoza: la compleja tarea de anticiparse al riesgo público
Más allá de las tareas de los organismos públicos, la caída de un árbol en la provincia implica considerar el trabajo de conservación, los efectos del cambio climático y la actualización de los censos.
Desde 2021, el Gran Mendoza cuenta con un censo que permite a los municipios gestionar este tema. Sin embargo, la distribución adecuada de los recursos públicos, el impacto del cambio climático y la necesidad de asegurar una correcta planificación del arbolado urbano desdibujan el límite para determinar cuándo los árboles están sanos y cuándo presentan algún tipo de deterioro.
Arbolado público en Mendoza: por qué es difícil saber cuándo un árbol es un riesgo
Para conocer la realidad del trabajo y conservación arbórea en Mendoza, Sitio Andino conversó con Pablo Castellanos, ingeniero agrónomo, miembro de la Dirección de Planificación del Gobierno de Mendoza y asesor en la Dirección de Ambiente de Lavalle, quién explicó que determinar si un árbol puede caer no es una tarea sencilla. Un ejemplar inclinado, seco o con un estado sanitario deficiente no necesariamente representa un peligro inmediato.
“Es muy difícil diagnosticar si un árbol se va a caer ”, señaló Castellanos. Según explicó, los técnicos encargados de gestionar el arbolado público analizan distintos factores antes de decidir si un ejemplar debe ser retirado, como la especie, la altura, el estado sanitario y, especialmente, el equilibrio de su copa.
En Mendoza existen numerosos árboles con problemas de conservación, producto de podas excesivas o desbalanceadas, inclinaciones, deterioro sanitario y falta de agua. Sin embargo, retirar todos los ejemplares que presentan alguna de estas características tampoco es una solución posible. “No los podés sacar a todos porque te quedás sin arbolado en Mendoza y es nuestra identidad ”, sostuvo.
Para el funcionario, el diagnóstico debe contemplar el árbol dentro del entorno urbano en el que se encuentra. Un ejemplar que en condiciones naturales no representa un peligro puede quedar expuesto a diferentes factores cuando es incorporado a una ciudad, como acequias, veredas, calles y, especialmente, cables de distintos servicios.
Árboles en buen estado que se caen: el cambio climático y la falta de agua son factores de riesgo
Uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente el arbolado mendocino es el impacto de las condiciones climáticas. El aumento de las temperaturas y la falta de agua modificaron el comportamiento de las raíces y dificultan aún más la evaluación del estado de los árboles.
Aunque la jurisdicción sobre un árbol es clara, su conservación está atravesada por múltiples actores.
Castellanos explicó que las raíces cumplen una función fundamental de anclaje, además de absorber agua y nutrientes. Sin embargo, ante la escasez hídrica, muchos ejemplares buscan humedad en sectores superficiales del suelo, como pérdidas de agua, pluviales, cloacas o jardines cercanos.
Esto genera sistemas radiculares menos profundos y, por lo tanto, una menor capacidad de anclaje. El especialista señaló que esta situación puede observarse en árboles que, pese a encontrarse verdes, frondosos y aparentemente saludables, terminan cayendo durante episodios de viento Zonda o tormentas convectivas.
“Antes, cuando se caía un árbol, levantaba la vereda, la acequia, el cordón y hasta rompía la calle. Hoy se caen árboles y no ocurren mayores daños en la infraestructura ”, explicó. Para el ingeniero, esto constituye una señal de que las raíces de muchos ejemplares están desarrollándose de manera más superficial.
Por eso, el aspecto exterior del árbol no siempre permite anticipar una caída. Un ejemplar puede verse sano y, al mismo tiempo, presentar un sistema radicular deficiente. “Realmente diagnosticar es muy complejo”, remarcó.
Según el censo del 2021, menos del 5% de los árboles registrados estaban muertos.
Respecto de las especies, explicó que no existe una única variedad responsable de todos los problemas. En árboles antiguos que ya cumplieron su ciclo de vida, el factor determinante puede estar más relacionado con su edad y estado sanitario que con la especie.
La planificación también debe buscar un equilibrio entre uniformidad y diversidad. La recomendación de especialistas del Conicet, según Castellanos, es mantener cierta homogeneidad de especies dentro de una misma cuadra para facilitar las tareas de poda y mantenimiento, pero promover una mayor heterogeneidad entre barrios para evitar que una plaga o enfermedad afecte de manera generalizada a todo el arbolado.
En Mendoza, actualmente, se trabaja en la selección de especies nativas y de bajo requerimiento hídrico, teniendo en cuenta las condiciones ambientales de la provincia y la necesidad de reducir la demanda de agua.
Ciudades atravesadas por cables y servicios: los árboles sufren alteraciones
Otro de los factores que complejiza la conservación del arbolado público es la convivencia entre los árboles y la infraestructura urbana. En particular, los cables obligan a realizar podas que pueden modificar la estructura de las copas y generar desbalances.
Según Castellanos, el problema no involucra solamente al servicio eléctrico, sino también a otros tendidos, como los de fibra óptica y telefonía. En este contexto, las intervenciones realizadas para mantener libres los cables pueden terminar afectando la estabilidad de los ejemplares.
En muchas ocasiones se genera un círculo difícil de resolver, cuando los árboles requieren podas para evitar interferencias con los servicios, pero esas intervenciones pueden alterar su equilibrio y aumentar su vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos.
A esto se suma que, durante una contingencia, las consecuencias pueden ser impredecibles. “ Nos preocupamos muchísimo por el árbol que no pudimos sacar ”, explicó el experto, pero también reconoció que, después de una tormenta o un viento fuerte, puede ocurrir que ese ejemplar permanezca en pie mientras cae otro que no había sido identificado previamente como peligroso.
Una responsabilidad que excede a los municipios
La gestión del arbolado público tampoco puede analizarse únicamente desde la responsabilidad municipal. La jurisdicción depende del lugar donde se encuentra cada ejemplar. Por ejemplo, si un árbol está ubicado en una calle municipal le corresponde al municipio; uno situado en una ruta nacional, a Vialidad Nacional; en una ruta provincial, a Vialidad Provincial; y en un canal de riego, al Departamento General de Irrigación.
Sin embargo, Castellanos señaló que “ está todo entramado ”. Es decir, un mismo árbol puede estar condicionado por obras, acequias, canales de riego, veredas y tendidos de servicios que pertenecen o dependen de diferentes organismos públicos y empresas privadas.
A modo de ejemplo, recordó el caso ocurrido en Maipú, en el que un árbol perteneciente a Vialidad Provincial estuvo involucrado en una tragedia. La acequia cercana había sido impermeabilizada por el municipio debido a pérdidas provenientes de un canal de riego. Para Castellanos, este tipo de situaciones demuestra que, aunque la jurisdicción sobre un árbol pueda estar claramente determinada, su conservación está atravesada por múltiples actores.
Censo de arbolado público: exíste pero tiene limitaciones
En 2021 se presentó un censo de arbolado público destinado a brindar información para la gestión de los municipios que formaban parte del relevamiento. El trabajo incluyó siete departamentos, entre ellos seis del Gran Mendoza y Lavalle.
La intención original, explicó Castellanos, era que el censo sirviera para que los municipios utilizaran la información disponible y la actualizaran de manera permanente para convertirla en un sistema integral de gestión.
Sin embargo, el proyecto enfrentó distintos inconvenientes administrativos y diferencias entre los municipios en cuanto a recursos económicos, humanos e informáticos. Mientras algunas comunas tuvieron mayor capacidad para actualizar la información, otras no pudieron hacerlo con la misma frecuencia.
Mendoza tiene numerosos árboles con problemas de conservación.
Por ese motivo, el censo terminó funcionando principalmente como una referencia sobre la situación registrada en 2021. Castellanos consideró que sus datos siguen siendo útiles para conocer la estructura del arbolado de aquel momento, pero advirtió que no permiten describir con precisión el estado actual de cada ejemplar cinco años después.
Según los datos del relevamiento, menos del 5% de los árboles registrados estaban muertos. Para el especialista, esa cifra no permite afirmar que el arbolado público mendocino se encuentre en una situación de crisis o colapso. Sin embargo, aclaró que los datos deben interpretarse dentro del contexto temporal en el que fueron obtenidos.
Por otro lado, la extracción de un árbol también implica costos elevados. Más allá de solo pensar en sacarlo, en muchos casos es necesario utilizar grúas, interrumpir el tránsito, trozarlo progresivamente para evitar daños sobre veredas, viviendas y servicios, retirar el tocón y posteriormente reponer el ejemplar.
A la inversión se suma la necesidad de mejorar la coordinación entre las áreas de ambiente, espacios verdes, arbolado, infraestructura y obras. Para el especialista, la falta de comunicación entre estos sectores termina dificultando una planificación integral.
Planificar dónde hacen falta más árboles: una herramienta al acceso de todos
Desde la Dirección de Planificación, Castellanos señaló que se trabaja con herramientas de información territorial que permiten visualizar la distribución del arbolado y detectar sectores con déficit de cobertura verde.
Entre esas herramientas se encuentran mapas de calor y el análisis de la regla 3/30/300, además de información sobre la cobertura arbórea según la densidad de población a nivel de radio censal.
Estos datos permiten identificar tanto las zonas con una elevada presencia de árboles como aquellas donde existe una falta de infraestructura verde. Para Castellanos, esta información resulta fundamental para avanzar desde una mirada centrada exclusivamente en retirar ejemplares peligrosos hacia una planificación que también contemple dónde es necesario plantar y recuperar cobertura arbórea.