En el Día Nacional y Provincial de la Adopción, la provincia de Mendoza busca garantizar el derecho de niños y adolescentes a crecer en un hogar. Aunque las mejoras procesales dinamizaron el trámite, las cifras actuales revelan una brecha entre las expectativas de los postulantes y las necesidades reales de las infancias que aguardan ser adoptadas.
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Adopción en Mendoza: adolescentes y chicos con discapacidad, los que más esperan una familia
Con trámites más ágiles, el reto en Mendoza es concientizar: la mayoría de los niños en adopción supera la primera infancia, son hermanos o tiene discapacidad.
Durante años, uno de los reclamos más frecuentes sobre la adopción apuntó a los tiempos de espera y la complejidad burocrática. En el último tiempo, la implementación de nuevas herramientas, la digitalización de expedientes y la reorganización del Registro Único de Adopción (RUA) hicieron posible agilizar de forma sustancial los plazos de evaluación, las declaraciones de adoptabilidad y la búsqueda de legajos.
Hoy, una vez que la Justicia determina la adoptabilidad de un menor, los mecanismos de cruce de datos y vinculación operan con mayor celeridad para evitar la permanencia prolongada en residencias temporales.
Adopción en Mendoza: dónde está la urgencia
A pesar de la agilización de los trámites, el cuello de botella actual reside en la disponibilidad adoptiva de las personas inscriptas.
Según los datos oficiales más recientes, la gran mayoría de las carpetas presentadas por los postulantes solicita adoptar niños de 0 a 3 años.
En contraste, la realidad de los hogares de la provincia muestra un panorama completamente distinto: la franja prioritaria que concentra la mayor cantidad de chicos en estado de adoptabilidad corresponde a adolescentes, grupos de hermanos que piden no ser separados y niños que presentan alguna discapacidad o enfermedad crónica.
De acuerdo con las cifras del sistema provincial:
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De acuerdo con las cifras oficiales del Registro Único de Adopción (RUA) en Mendoza, la mayor demanda de integración familiar se concentra en las infancias de mayor edad, grupos de hermanos y chicos con discapacidad:
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Chicos en espera: actualmente hay un total de 272 niños, niñas y adolescentes en la provincia con sentencia firme (en estado de adoptabilidad) aguardando sumarse a un hogar.
Primera infancia (0 a 3 años): solo 4 niños pertenecen a este grupo de edad y todos forman parte de grupos de hermanos, por lo que quienes se postulen deben estar dispuestos a adoptar al grupo familiar completo.
Franja prioritaria por edad: la inmensa mayoría supera los primeros años de vida; 35 niños tienen entre 4 y 8 años, 53 niños se ubican entre los 9 y 11 años, y 83 son adolescentes de entre 12 y 17 años.
Chicos con discapacidad: un grupo de 97 niños y adolescentes presenta alguna discapacidad o enfermedad crónica, lo que convierte a esta franja en una de las de mayor urgencia dentro del sistema provincial.
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Cómo funciona el circuito actual
De acuerdo con la información proporcionada a Sitio Andino por María Fernanda Anastasi, psicóloga y directora del Registro Provincial de Adopción (RPA) -dependiente del Poder Judicial de Mendoza- "el trámite en Mendoza se encuentra estructurado para acompañar a los postulantes y asegurar la idoneidad de los entornos afectivos".
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Información y talleres: el ingreso al registro comienza con instancias formativas sobre las implicancias de la adopción y la diversidad de realidades de los niños en espera.
Evaluación interdisciplinaria: equipos de psicólogos y trabajadores sociales realizan los informes técnicos correspondientes para conformar el legajo.
Búsqueda y vinculación: declarada la adoptabilidad, se buscan coincidencias dentro del RUA local y nacional. En caso de no hallar postulantes compatibles para casos complejos -como grupos numerosos o adolescentes-, la provincia de Mendoza activa el mecanismo de Convocatoria Pública abierto a toda la comunidad.
El reto que se presenta en la actualidad requiere de un cambio cultural profundo: entender la adopción no como un medio para completar un proyecto adulto, sino como una respuesta concreta a los derechos de niños y jóvenes que esperan la oportunidad de iniciar una nueva etapa rodeados de afecto y cuidado.