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El Niño

Efecto "Súper Niño": qué impacto tiene la falta de sol en la salud mental de los mendocinos

Por el fenómeno El Niño, Mendoza vive días fríos, nublados y lluviosos. Una psicóloga analizó el impacto de la falta de luz solar en el estado de ánimo.

Por Natalia Mantineo

La provincia de Mendoza atraviesa una inusual extensión del frío, días grises y lluviosos por el fenómeno de El Niño, afectando el ánimo de sus habitantes. La falta prolongada de luz solar altera el reloj biológico, disminuye los niveles de energía habituales y genera apatía, desgano o somnolencia. Esta anomalía climática transforma la rutina en una provincia acostumbrada a tener sol casi todo el año.

En diálogo con Sitio Andino, la psicóloga Cecilia Barros explicó en detalle las consecuencias psicológicas, biológicas y conductuales que genera esta situación en la población.

El Niño: cómo afecta a la salud mental la extesión de días nublados, lluviosos y sin sol.

El Niño: la luz solar y el reloj biológico

Según la especialista, resulta completamente esperable que varios días seguidos de frío, lluvia y escasa luz natural repercutan en el estado de ánimo y en las ganas de realizar actividades cotidianas.

"La luz natural del sol cumple un papel fundamental en la regulación de nuestro reloj biológico, el cual organiza los ciclos de sueño y vigilia", detalló Barros.

Al disminuir la exposición a la radiación solar, el organismo reacciona: "Algunas personas pueden experimentar mayor somnolencia, cansancio, menor nivel de energía, cierta irritabilidad o menos motivación para realizar las actividades que habitualmente disfrutan".

Por la falta de luz solar, algunas personas pueden experimentar mayor somnolencia, cansancio y menor nivel de energía.

Alimentos confortables y cambios de conducta

El impacto del clima no se limita a lo emocional, sino que modifica de forma clara los comportamientos diarios. Ante el frío y la humedad, la tendencia habitual es permanecer más tiempo en el hogar, postergar la actividad física y reducir los encuentros o eventos sociales.

Ante el frío y la humedad, la tendencia habitual es permanecer más tiempo en el hogar y postergar la actividad física, por ejemplo.

Asimismo, aparece un fenómeno recurrente en la alimentación: el deseo de consumir productos dulces o ricos en carbohidratos.

Barros aclaró que esto no responde a una necesidad nutricional o a tener más hambre física: "La comida funciona como una fuente de placer y bienestar emocional; el cuerpo busca en el alimento lo que a nivel cerebral la luz solar dejó de proveer de forma directa".

A esto se suma un componente sociocultural muy arraigado: "Asociamos los días soleados con salir, encontrarnos con otros y estar activos, mientras que el frío y la lluvia nos invitan a bajar el ritmo. Por eso, tras varios días bajo estas condiciones, sentimos que nos cuesta más 'arrancar'", agregó la profesional.

Los días nublados y fríos invitan a no salir y quedarse en el hogar.

Individualidad y recomendaciones para enfrentar la racha gris

No obstante, la especialista remarcó que la influencia del clima varía en cada individuo y que, en términos generales, su impacto es relativamente pequeño, aunque hay personas más sensibles a los cambios ambientales.

"Que el clima influya en nuestro ánimo no significa que todas las personas reaccionemos igual ni que la falta de sol provoque por sí sola un estado depresivo", aclaró.

Para contrarrestar el desgano transitorio, la psicóloga compartió una serie de pautas prácticas:

Los profesionales recomiendan exponerse a la luz natural durante el día, aún cuando el cielo permanezca nublado.

¿Cuándo consultar a un profesional?

Finalmente, Barros enfatizó la importancia de no confundir un cansancio o bajón pasajero con una condición clínica de mayor gravedad.

"Si el desgano, la tristeza, el aislamiento o las alteraciones en el sueño y el apetito llegan a ser intensos, persisten durante semanas o interfieren significativamente en la vida cotidiana, se debe realizar una consulta con un profesional de la psicología", explicó.

Si el desgano persiste es recomendable consultar con un profesional.

En esos casos podría tratarse de un Trastorno Afectivo Estacional (TAE), un cuadro específico que requiere abordaje profesional y que difiere de la simple apatía coyuntural causada por una seguidilla de días grises.

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