Brasil dio este domingo el puntapié inicial de su campaña electoral. Trece candidatos quedaron habilitados para disputar la presidencia el 4 de octubre (con una eventual segunda vuelta prevista para el 25), pero la contienda real quedó planteada, desde el primer día, entre dos nombres: Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato no consecutivo, y Flávio Bolsonaro, senador y heredero político del expresidente Jair Bolsonaro. Cada uno eligió, para su lanzamiento, un territorio que funciona como declaración de principios.
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Elecciones en Brasil: Comenzó la campaña que tiene incidencia en todo el continente
Brasil abrió su campaña presidencial con Lula y Flávio Bolsonaro como protagonistas de una disputa marcada por el origen, la seguridad y el poder global actual.
La vuelta al origen
Lula optó por el estadio Primeiro de Maio, en el barrio de Vila Euclides, São Bernardo do Campo, en las afueras de São Paulo. Allí, hace 47 años, se hizo conocido como dirigente sindical metalúrgico durante la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985, y allí mismo nació el Partido de los Trabajadores. Más de diez mil simpatizantes lo acompañaron en un acto atravesado por la nostalgia, con el mandatario (de 80 años y con un sombrero que lleva desde su diagnóstico de cáncer de piel) presentando su candidatura como el principal obstáculo para que la derecha regrese al Palacio de Planalto.
El discurso combinó la épica personal con el programa de gobierno. Lula planteó una mayor inversión en seguridad pública, educación y salud, y dedicó buena parte de su intervención a la disputa global por minerales críticos y tierras raras: sostuvo que Brasil no debería verse obligado a elegir entre Estados Unidos y China, sino desarrollar capacidad industrial propia para dejar de exportar materia prima e importar manufacturas con mayor valor agregado. “Nadie, en el extranjero, va a explotar nuestros minerales. Nosotros los vamos a explotar en beneficio del pueblo brasileño”, afirmó.
El presidente también denunció una injerencia extranjera en la política interna, en referencia a los aranceles aplicados por Washington a las exportaciones brasileñas y a la revocación de la visa del embajador de Brasil en Estados Unidos, medidas que el oficialismo asocia con un intento de favorecer a Bolsonaro. Con la vista puesta en el electorado femenino (cerca del 53 por ciento de los 158 millones de votantes habilitados), Lula habló de igualdad de género acompañado por la primera dama, Rosângela da Silva, y anticipó que en diez días presentará su plataforma con medidas específicas contra la violencia hacia las mujeres.
Se trata de la séptima campaña presidencial de Lula, que ya perdió en 1989, 1994 y 1998, y ganó en 2002, 2006 y 2022. Lo respalda la Coalición Brasil Lista para Más, que integran el Partido Socialista Brasileño, el Partido Democrático Trabalhista y distintas federaciones de izquierda, con foco declarado en la estabilidad económica y el empleo para los sectores más vulnerables. Dirigentes sindicales y de movimientos sociales confirmaron una movilización permanente en los centros urbanos durante todo el recorrido territorial de la campaña.
Copacabana y la marca Bolsonaro
A cientos de kilómetros, en la playa de Copacabana, Flávio Bolsonaro reunió a miles de seguidores bajo la consigna nacionalista que caracterizó el movimiento fundado por su padre. El senador, de 45 años, se presentó con un chaleco antibalas bajo una remera amarilla y aseguró haber recibido 1.800 amenazas de muerte, sin aportar precisiones al respecto. Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por un intento de golpe de Estado y bajo arresto domiciliario humanitario (régimen que el Tribunal Supremo Federal ratificó en julio), no participó del acto.
El candidato del Partido Liberal centró su discurso en la seguridad pública y en las críticas al gobierno de Lula, prometió combatir el crimen y eliminar de las escuelas lo que definió como adoctrinamiento ideológico de izquierda, y se presentó como el único dirigente capaz de negociar simultáneamente con Estados Unidos, China, Israel, India y la Argentina. A la convención de su partido asistió el presidente argentino, Javier Milei; el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y varios funcionarios de la administración Trump también expresaron respaldo a su candidatura.
Consciente del peso simbólico y del riesgo de heredar el apellido paterno, Bolsonaro buscó marcar diferencias propias: “Sé que me parezco a él, pero es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”, dijo, en referencia al futbolista fallecido en 2022. Su campaña arrastra dificultades desde el inicio: partidos moderados mantienen distancia, hay una disputa pública con su madrastra y todavía no logra cerrar compañero de fórmula.
El resto del tablero
Otros candidatos también salieron a la cancha. Ronaldo Caiado, exgobernador y referente del sector agropecuario, recorrió los alrededores de Brasilia reforzando su postura crítica hacia el oficialismo, mientras que Romeu Zema, hasta hace poco gobernador de Minas Gerais, participó de una ceremonia religiosa en el interior de ese estado, considerado clave para el resultado final.
Con los spots de televisión y radio recién a partir de fin de mes, buena parte del electorado todavía no puso el ojo en la campaña. Las encuestas, por ahora, ubican a Lula como favorito para retener la presidencia.