Brasil entra en los últimos días antes de las elecciones presidenciales del próximo domingo con una campaña centrada en las últimas horas en una virgen y en las apuestas online.
Lula lidera las encuestas en Brasil, con balotaje abierto. Una fake news sobre Aparecida y la prohibición de las apuestas en línea cruzan el fin de la campaña
Brasil entra en los últimos días antes de las elecciones presidenciales del próximo domingo con una campaña centrada en las últimas horas en una virgen y en las apuestas online.
La decisión de Luiz Inácio Lula da Silva de prohibir las apuestas en línea y la noticia (con aroma a fake news) de que Flávio Bolsonaro tendría la intención de quitarle a Nuestra Señora de Aparecida su condición de patrona de Brasil se llevaron los títulos y debates de las últimas horas de los ciudadanos brasileños antes de llegar a las urnas.
Los asuntos son diferentes, pero confluyen en la disputa por los votantes religiosos y en una pregunta electoral difícil de responder: cuánto de la conversación pública se convertirá en votos. Un análisis de publicaciones y redes difundido el lunes encontró que las apuestas dominaron el debate en las plataformas observadas, mientras la polémica por Aparecida tuvo especial fuerza en X.
La medida provisoria firmada por Lula el 25 de septiembre (que deberá ser ratificada por el Parlamento en los próximos 90 días) prohíbe la oferta, operación, intermediación y publicidad de las apuestas de cuota fija. Incluye las apuestas deportivas y los juegos de casino por internet. Ya impide recibir nuevos depósitos, aunque prevé un cierre gradual: los usuarios podrán retirar voluntariamente sus saldos hasta el 5 de octubre y las plataformas deberán salir de circulación el 6.
El presidente viene sosteniendo que el juego en línea agrava el endeudamiento familiar y provoca daños a la salud mental. La decisión también abrió una contradicción política que sus adversarios, las empresas y el mundo del fútbol brasileño señalan: fue durante el actual Gobierno cuando se consolidó la regulación de un mercado que ahora se busca cerrar.
El lunes, dos asociaciones del sector solicitaron al Supremo Tribunal Federal la suspensión de la medida. Argumentaron que las compañías invirtieron bajo las reglas vigentes y cuestionaron la urgencia de una prohibición adoptada por decreto. La defensa del Gobierno pidió 72 horas para responder antes de que el ministro Luiz Fux resuelva el planteo. La prohibición continúa vigente mientras no exista una decisión judicial en sentido contrario.
La eficacia de la prohibición (si es ratificada por el Parlamento) será otra disputa. El Gobierno informó que bloqueó 506 sitios con indicios de oferta irregular y creó un comité para coordinar la fiscalización de páginas, aplicaciones, publicidad y pagos. Las empresas sostienen que cerrar a los operadores autorizados puede empujar a los apostadores hacia el mercado clandestino. Por ahora, ninguno de esos datos permite medir cuántas personas dejarán de jugar y cuántas buscarán otras vías para hacerlo.
En el mundo del análisis político se sugiere que la decisión de Lula fue tomada para congraciarse con amplios sectores de la sociedad, a sabiendas de que la misma no será ratificada por los legisladores brasileños y las casas de apuestas online seguirán operando, a lo sumo, con algunas nuevas regulaciones.
El segundo eje del polémico cierre de campaña aparece a partir de una supuesta propuesta del bolsonarismo de retirar a Nuestra Señora de Aparecida el título de patrona de Brasil. La versión que circuló en la campaña tomó como antecedente un antiguo proyecto de un legislador (hoy parte de la campaña de Flávio Bolsonaro), presentado en 2007 y archivado al año siguiente. Una intervención televisiva volvió a vincular esa iniciativa con el actual candidato, pero el canal corrigió posteriormente la información cuando Flávio negó respaldar ese cambio.
La tibia desmentida de Bolsonaro no detuvo la discusión. En una entrevista emitida el domingo, Lula fue consultado directamente sobre el carácter falso de la noticia. Respondió que no sabía si lo era, mencionó su amplia circulación en las redes y defendió la permanencia de Aparecida como patrona por la fe del pueblo brasileño.
La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil también quedó involucrada cuando Flávio Bolsonaro cuestionó la circulación de la versión. En una nota oficial, la institución negó haber producido, autorizado o difundido información falsa vinculada con las elecciones y rechazó que se la asociara sin pruebas a una operación partidaria.
La controversia llegó, además, a los tribunales. Tras una orden electoral para retirar publicaciones que vinculaban a Flávio con la supuesta propuesta, el ministro Flávio Dino dejó sin efecto esa decisión respecto de contenidos alcanzados por su resolución y remitió el asunto al pleno del Supremo. El conflicto judicial gira en torno a los límites entre la intervención contra la desinformación electoral y la libertad de expresión. Permitir que una publicación circule no vuelve verdadera la acusación que contiene.
Las encuestas publicadas el lunes muestran a Lula por delante en la primera vuelta, pero sin una ventaja decisiva en una eventual segunda. Quaest registró 39% para Lula y 34% para Flávio Bolsonaro en la primera ronda, y 42% para cada uno en un balotaje. BTG/Nexus ubicó a los candidatos en 42% y 37% para el 4 de octubre, y en 46% y 44% para la segunda vuelta que se realizará el 25 de octubre.
La coincidencia temporal entre las controversias y el trabajo de campo no demuestra que alguna de ellas haya causado un cambio en la intención de voto. Tampoco el respaldo a la prohibición de las apuestas equivale necesariamente a respaldo electoral para Lula: un análisis de conversaciones digitales encontró que la medida recibía más menciones positivas que el propio presidente dentro de ese debate.
Brasil llega a la elección con dos discusiones de enorme carga social y simbólica. La de las apuestas plantea cómo enfrentar una actividad asociada al endeudamiento sin alimentar su oferta clandestina. La de Aparecida muestra la capacidad de una fake news para seguir condicionando la campaña incluso después de haber sido desmentida. En ambos casos, la repercusión es indiscutible; su efecto en las urnas, una incógnita que se resolverá el domingo.

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