El segundo debate de los candidatos presidenciales transcurrió con la misma tónica del primero. Si alguien esperaba un desempeño más picante o distinto se quedó con sabor amargo. Es cierto que el formato no colabora, los tiempos escasos solo dan lugar a frases hechas o repetir los spots de campaña.
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Nada nuevo bajo las luces del debate
Los derechos a réplica fueron usados al igual que en el primer debate como forma de poder meter algún concepto más o solo lanzar chicanas al aire que allí quedaban.
Tampoco hubo mucha diferencia con el desempeño del debate anterior. Sergio Massa y Myriam Bregman los más sólidos, Patricia Bullrich un poco más armada, pero con serios problemas para leer y comprender lo que decía. Lo más llamativo sin dudas, cómo Javier Milei en los debates baja las ideas o propuestas que presentó durante toda la campaña e incluso en sus apariciones públicas entre debate y debate. Estuvo bien Patricia Bullrich cuando contrastó los dichos del libertario con lo que está escrito en su plataforma electoral presentada ante la justicia con la firma del mendocino Carlos Balter.
En el primer bloque también tuvo un punto alto cuando Massa salió en defensa de Myriam Bregman y le marcó a Milei la cancha con su trato hacia las mujeres, algo que se ha visto en reiteradas oportunidades durante la campaña, en su forma de comunicarse y dirigirse a las periodistas que lo entrevistaban, sobre todo en el interior del país.
Los temas más picantes, Seguridad y Trabajo y Producción se fueron en primer bloque.
El apartado de Desarrollo humano, medio ambiente y vivienda poco aportó. Quizás lo más destacado en ese bloque fueron la ratificación de Massa del programa de loteos en terrenos del Estado olvidados y las notables contradicciones de Milei que en su exposición leída negó que haya expresado que el cambio climático era mentira, para minutos después de afirmar que el ser humano no tenía nada que ver en lo que pasa porque es el quinto ciclo de vaya uno a saber qué cosa.
En este bloque un dato que pasó algo inadvertido, no solo Javier Milei ratificó su idea de la competencia entre establecimientos y los voucher sino que además hablo de la libre elección de contenidos, sin explicar ni dar demasiadas precisiones.
El segmento de las preguntas, se trasformó al igual que el de la semana pasada, en intrascendente no tanto por las preguntas, que parecieron un poco más preparadas, sino por las respuestas donde cada uno de los candidatos que respondió lo que se le ocurrió sobre cualquier tema.
Durante las dos horas del debate se vio a la candidata Patricia Bullrich dispuesta a quemar las naves mostrando dos caras; la de las exposiciones que tenía escritas y que intentaba leer sin lentes (que sí usó en el cierre) y la llevaba a cometer muchos errores e improvisaciones y la de las respuestas, donde recurrió como constante a los lugares comunes y los textos de los spots de campaña.
Milei pareció dispuesto a someterse al papel de cuidar lo que ya tiene en su bolsa electoral a pesar de que por momentos cayó en lo peor de su discurso: órganos, medio ambiente y trabajo, por ejemplo. El problema es que esta vez lo hizo por TV masiva con picos de 39 puntos de rating, un poco más bajo que el anterior, pero igual altísimo.
Sergio Massa, Juan Schiaretti y Myriam Bregman fueron más parejos respecto a Santiago del Estero y mantuvieron sus posturas. Schiaretti hablando de “su Córdoba”, Bregman sólida en su marco ideológico y Massa surfeando la ola de ser Ministro de Economía de este Gobierno y trató de plantear las medidas de los últimos meses como adelanto de lo que puede ser su gobierno de unidad nacional, único que planteó esa posibilidad, aunque aclaró que convocando a los mejores hombres y mujeres, y no a los partidos.
Finalizado el debate queda una sola realidad, más allá de los análisis, especulaciones, furcios o chicanas la palabra final la tienen los ciudadanos en apenas dos domingos.
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