Sergio Massa, se sumaría sobre el fin de semana a los funcionarios de Economía que viajaron ayer a Washington a dar la puntada final al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Las alternativas que se manejan ya fueron adelantadas por Sitio Andino el domingo. Las especulaciones indican que las posibilidades de un cierre más o menos beneficioso para la Argentina están cerca.
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Massa, deuda y una ayudita de la ONU
Sergio Massa, precandidato de Unión por la Patria, viene manifestando en sus discursos de campaña la idea de librarse del Fondo en una alocución con intentos de recuperar la épica del kirchnerismo de la presidencia de Néstor.
Claro que los volúmenes de deuda de aquella decisión en conjunto de Néstor Kirchner y Lula no son los mismos de ahora que tienen a la Argentina al borde permanente del abismo. Hoy el volumen de deuda es cinco veces más- Casi tres años de superávit comercial con una buena cosecha y un proceso de retracción de importaciones- Sin contar la fuga, uno de los grandes males de la Argentina que vive monitoreando la pobreza pero no la riqueza, la evasión y la elusión como lo expresó ayer Cristina Fernández de Kirchner.
Mientras se prenden velas para un acuerdo que despeje la ruta electoral y económica la situación de Argentina es grave pero no exclusiva. Un reciente informe de la ONU destaca la precaria situación ante los endeudamientos eternos que tienen los países en vías de desarrollo.
En 2022, la deuda pública acumuló 92 billones de dólares, los países en desarrollo deben casi el 30% de esa cifra. El informe de la ONU alerta que esos países, en los que habitan más de 3000 millones de personas. destinan más recursos a pagar intereses de esa deuda que a los presupuestos de salud y educación.
La Organización de Naciones Unidas, cual dirigente argentino, asegura que son necesarias medidas urgentes entre las que propone un mecanismo de reestructuración con plazos más largos y tasas más bajas, junto con suspensiones de pagos para los países pobres y de renta media en situación vulnerable.
“La mitad de la humanidad vive en países que se ven obligados a gastar más en el servicio de su deuda que en salud y educación, lo que significa nada menos que un desastre para el desarrollo”, aseveró el Secretario General de la ONU, António Guterres, al presentar el nuevo informe del Grupo de Respuesta de la ONU a las Crisis Globales.
El estudio que lleva por título más que gráfico Un mundo de deuda señala que 52 países que representan un 40% del mundo en desarrollo están en graves problemas de deuda, y aboga por un alivio fiscal urgente para esas economías.
El año pasado, la deuda pública mundial alcanzó un récord de 92 billones de dólares, los países en desarrollo deben el 30% de ese total, una cantidad que António Guterres calificó de “desproporcionada”.
El estudio pormenorizado de la situación indica que la deuda pública ha aumentado más rápidamente en los países en desarrollo que en los países industrializados durante la última década y explica que el incremento en el mundo en desarrollo se ha debido principalmente a las crecientes necesidades de financiamiento para el desarrollo, exacerbadas por la pandemia de COVID-19, la crisis del costo de vida y el cambio climático, y por fuentes alternativas limitadas de financiamiento.
En solo una década , el número de países que enfrentan altos niveles de deuda se ha más que duplicado: De 22 países en 2011 a 59 países en 2022, en tanto que el 70% de la deuda del mundo en desarrollo se concentra en tres economías: China, India y Brasil.
Deuda Prioridades alteradas
El informe de la ONU reafirma que los gobiernos de las naciones más endeudadas dan prioridad al pago de los intereses de los créditos sobre inversiones necesarias para el desarrollo; “Algunos de los países más pobres del mundo están forzados a elegir entre pagar su deuda o servir a su población. Prácticamente no disponen de espacio fiscal para inversiones esenciales en los Objetivos de Desarrollo Sostenible o en la transición a las energías renovables”, enfatizó Guterres.
Bastante optimista el Secretario General, la realidad es que ni siquiera disponen de recursos para el desarrollo más básico de infraestructura y bienestar de la población. Ojalá el problema fuera no tener fondos para la sustentabilidad o energías limpias.
Si acierta el advertir que, pese al lastre que suponen, estas deudas insostenibles concentradas en los países pobres, “no se consideran un riesgo sistémico para el sistema financiero mundial”.
El trabajo también advierte que, en promedio, los costos de endeudamiento son cuatro veces más altos para los países africanos que para Estados Unidos y ocho veces más altos que para las economías europeas más ricas. Un reclamo permanente de Argentina y otras naciones respecto a los sobretasas que cobra no solo el FMI sino también los acreedores privados, aunque el privado tenga muchas comillas.
Las naciones más pobres dependen cada vez más de los acreedores privados que cobran tasas muy elevadas y se ven obligadas a pedir más dinero prestado para su supervivencia económica, apuntó.
El estudio de la ONU propone una serie de medidas urgentes, incluido un mecanismo efectivo de reestructuración de la deuda con suspensiones de pagos, los plazos de préstamo más largos y las tasas más bajas y una ampliación masiva del financiamiento asequible a largo plazo, transformando la forma en que funcionan los bancos multilaterales de desarrollo, rediseñándolos para apoyar el desarrollo sostenible y apalancando los recursos privados.
La frase final de la presentación del trabajo es la foto perfecta de los que sufre hoy la Argentina y casi todas las naciones en vías de desarrollo: “La desigualdad está incrustada en la arquitectura financiera internacional y eso debe terminar”, concluye el estudio.