La actual crisis financiera, que de acuerdo con algunas voces calificadas podría derivar en los que muchos han llamado ya el colapso de la economía mundial, parece tener múltiples rostros. Entre los más significativos se encuentra una peculiar tribu que radica al interior de un salvaje hábitat conocida como Wall Street: los corredores de bolsa.
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A mal tiempo, mala cara: los rostros de la debacle económica
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Al observar estas imágenes es muy probable que las asociemos con un abanico de sentimientos heterogéneo o incluso contradictorio. A continuación un breve análisis sobre lo que detona ver a los jugadores de la bolsa con desgarrados semblantes o sobre lo que acompaña a esta presumible tristeza:
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Frivolidad: Por otro lado es difícil ignorar la razón por la cual estos otros yo están sufriendo: por perder dinero artificial (o mejor dicho por dejar de ganarlo), inmersos en una dinámica de ambición alrededor de un nefasto sistema de valor artificial. Y al tomar en cuenta lo anterior resulta fácil darnos cuenta de la distancia que separa la desesperación de estos tipos con los de una buena parte de habitantes del mundo que son vilmente marginados de la distribución de riqueza y a quienes ese mismo sistema ha condenado a una existencia miserable.
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Karma: Como mencionábamos en el punto anterior, aquellos que durante meses, años o décadas se alimentaron del viscoso diseño que ha regido la economía desde ya hace mucho tiempo, siguiendo la ley universal que profesan diversas religiones, el karma, entonces, eventualmente estos pequeños protagonistas, así como los múltiples Midas que han favorecido el modelo financiero, tendrán que hacerse responsables por él, voluntaria o involuntariamente.
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Fuente: pijamasurf.com
