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Hace 30 años partía Atahualpa Yupanqui, el padre del folclore argentino

Por Redacción de SITIO ANDINO

Atahualpa Yupanqui nació el 31 de enero de 1908 en la localidad de Campo Cruz, Pergamino, Provincia de Buenos Aires. Su verdadero nombre era Héctor Roberto Chavero Aramburu. Hijo de ferroviarios y de antepasados indios, criollos y vascos, fue militante del Partido Comunista Argentino, jugó al fútbol, practicó boxeo y se acercó a la esgrima. Sin embargo, la música fue su vida y sus composiciones llegaron a conmover a otras figuras notables de la música. Incluso internacionales, como la francesa Edith Piaf.

Impuso un estilo que no era habitual, el relato del día a día, la nobleza de las cosas hecha canción y supo conmover a generaciones enteras con la sencillez de la palabra y el mensaje profundo. Para muchos "el padre del folclore argentino", fue un gran artista que expresó en sus letras la cotidianidad argentina, costumbres, adversidades y más. 

Entre su vasto repertorio, se destacan las canciones "Los ejes de mi carreta", "Piedra y camino", "Luna tucumana", "Chacarera de las piedras", "El Arriero" y "Trabajo quiero trabajo". Allí también estaba la pluma sutil de Nenette, su segunda esposa y compañera hasta sus últimos días, y la mujer que lo ayudó a escribir muchos de sus clásicos bajo el seudónimo de Pablo del Cerro. Entre sus libros, fue autor de títulos como Piedra sola (1941); Cerro Bayo (1946); Aires indios (1947); El canto del viento (1965); El payador perseguido (1965); La palabra sagrada (1989), entre otros. Allí expresó sus impresiones y experiencias de muchos de sus viajes.

Del algarrobo al cerezo (1977), por ejemplo, "es la memoria viva de uno de los primeros viajes que Atahualpa Yupanqui realiza al Japón, en 1964. En este libro, Yupanqui va más allá de las observaciones simples de un viajero y se aleja del acento de ´llevador de coplas por los caminos del mundo', según anota Don Ata para su amigo lector", comentan desde la Fundación Atahualpa Yupanqui. Y agregan: "Similitudes y diferencias entre la tierra del cerezo y nuestra patria de algarrobos, manifiestan las impresiones que dejaron en Don Ata esa tierra que frecuentó en varias oportunidades. Un relato efectuado con profundo conocimiento y respeto por lo japonés, fundamentalmente, por el sentido ritual que le otorga a la vida".

A lo largo de su vida, Yupanqui recibió diversas distinciones. Entre ellas, el Premio de la Academia Charles Cross (1950); Primer Premio de Karlovy-Vary (Checoslovaquia) por la música de este film (1956); Premio Academia Charles Cross por mejor disco extranjero (1986/1989); Disco de Oro por difundir la música criolla por el mundo (1973); Premio "Tecno 80" en el Festival de San Remo (Italia, 1980), y el Diploma de Honor del Consejo Interamericano de música de la OEA Washington (1983), entre otros.

Yupanqui falleció el 23 de mayo de 1992 en Nîmes, Francia, cuando había viajado a recibir un homenaje. Sus restos descansan en su Casa Museo, ubicada en Cerro Colorado, Córdoba.

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