En el reciente discurso de Cristina Fernández de Kirchner en la inauguración del EuroLat (pesimamente analizado y ni siquiera escuchado por nuestros famosos periodistas y políticos serios) dio una definición muy interesante (entre tantas otras) que no salió prácticamente publicada en ningún lado y solo pudieron tomar nota quienes hayan prestado atención a la pieza oratoria por completo.
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Anuncios económicos: la pasión por las comisiones
"Cuando se adoptó esta forma institucional de gobernar, de la gobernanza... no existía la luz eléctrica. No existían el auto ni los celulares ni nada de eso. Miren cómo avanzó el mundo, la tecnología, cómo se fue creando y generando poder por afuera de las instituciones. Hoy nuestras Constituciones son un reglamento de cómo tiene que funcionar el Poder Ejecutivo, cómo tiene que funcionar el Poder Legislativo y eventualmente el Poder Judicial. Sobre todos los otros poder que están afuera: mercados, monopolios, oligopolios, poder financiero internacional, nada de eso figura en nuestras Constituciones. Y lo peor de todo: cuando las sociedades cada cuatro años o cada dos años eligen a sus representantes, no juzgan a ninguno de esos poderes, juzgan a ustedes, a los que están sentados en las bancas, que mucho tampoco pueden hacer", aseguro la vicepresidenta analizando la situación actual de los poderes concentrados y su relación con los poderes constitucionales, justo antes de rematar con la frase de la banda y el bastón que como se observa fue dicha en un contexto bastante distinto al analizado por la mayoría de los medios.
El párrafo antedicho es un buen punto para analizar los sucesos internos de la Argentina hoy tanto en el ámbito económico como institucional. Una serie de factores de poder (tanto nacionales como internacionales) que no están sometidos a ningún tipo de escrutinio, ni control ciudadano.
El cuadro de la economía argentina es una perfecta recreación de esa situación en la cual una serie de factores de poder ejercen un fuerte condicionamiento sobre los constituidos democráticamente con una tensión permanente, no es solo un problema local sobran los ejemplos en el mundo de situaciones similares, pero en muy pocos casos tienen tanta incidencia sobre lo económico y también en escasas situaciones el Estado aparece tan débil para el control de esos factores.
El flagelo inflacionario es una clara muestra de esa batalla de poderes que encuentra una situación de empate hegemónico difícil de romper sin decisiones audaces y de fondo.
Como dice el economista Claudio Scaletta "en Argentina existen dos coaliciones "redistribucionistas", el neoliberalismo siempre presto a redistribuir en favor del capital, y el movimiento nacional popular, que busca redistribuir en favor de los trabajadores. Las dos coaliciones, que fueron cambiando de forma y matices, sintetizan los dos polos de la puja distributiva, de la lucha de clases", ya hemos hablado en este espacio de como evolucionó en los últimos años esa puja y como el lado de la balanza del capital salió ampliamente beneficiada en el reparto de la torta.
La profunda dificultad de estos días (y de siempre) de tomar medidas desde el Estado para redistribuir y volver a acercarse al famoso fifty/fifty de fines del 2015 y la inflación hoy es una demostración de esa puja. El Ejecutivo no logra poner en caja el deseo y decisión de los productores de alimentos (o de la materia prima de estos) de vender en el mercado interno sus productos al mismo precio que lo hacen en el mercado internacional. Ese fenómeno no es nuevo en la Argentina y se registra históricamente sin embargo la disparada de los precios internacionales agregó una presión extra que se hace inalcanzable para los bolsillos de los consumidores medios.
El Gobierno maneja hoy con precisión un dato que aceleró el proceso de preanunciar algunas medidas que habrá que ver si se concretan. Los propios estudios del INDEC avalan lo que veían anunciando algunas consultoras privadas, el consumo está cayendo en los estratos inmediatamente superiores a los estratos más bajos que son los que hasta ahora han recibido los mayores esfuerzos del Ejecutivo. O sea, para que se entienda claro mientras el consumo de los estratos más bajos crece el de la clase media y media baja viene en descenso.
En la tarde de ayer el ministro Guzmán junto al Presidente de la Nación en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno (en un gesto de peso económico y político) una serie de medidas que van al rescate provisoriamente de parte de esos sectores aunque la sensación es que se vuelve a quedar corto ante la vastedad del colectivo que hoy ve afectado sus ingresos y perdiendo contra la inflación por más que desde el Ejecutivo se diga que no.
El Ministro en tanto volvió a patear hacia adelante el anuncio final de lo que había anunciado el lunes pasado de algún instrumento para captar parte de lo que el ministro de Economía calificó el lunes pasado de renta inesperada que si bien solo se conoce que (como adelantamos la semana pasada en Radio Andina) que según dijo se trataría de una especie de alícuota extra del impuesto a las ganancias para las empresas ganancias netas imponibles superiores a 1000 millones de pesos al año.
Sin embargo, solo lo propuso como la idea que llevará el Gobierno a una nueva mesa de discusión con distintos actores empresariales y sociales y como el mismo dijo "discutiremos las próximas semanas" o sea que no hay fecha limite para poner en marcha o enviar al Congreso ese proyecto o idea.
Como bien dijo el creador del movimiento político oficialista parafraseando a Napoleón "si quieren que un problema no se solucione formen una comisión".
