Columna del domingo
Agenda marcada y en cuenta regresiva
Domingo, 13 de junio de 2021Escribe: Luis Abrego.

Esta semana quedó finalmente confirmado el calendario electoral nacional, y con ello, el de la provincia. Oportunamente Rodolfo Suárez ya había adelantado que Mendoza concurrirá a las urnas en coincidencia con la Nación, por lo que el 12 de setiembre tendremos elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y el 14 de noviembre, las generales.

La cita electoral de medio término es vista como crucial en todo el país, en virtud de la pandemia que ha circunscripto el margen de acción de los gobiernos sólo a los resortes para hacerle frente; desatendiendo así, con lógico foco de prioridades, el amplio abanico de temas de los que suelen hacerse cargo los gobiernos.

Es por ello que oficialistas y opositores, aquí y allá, son conscientes que serán evaluados por lo que al momento del voto cada ciudadano sopese respecto a la actuación en este tiempo inimaginable. En todo caso, la pregunta que se hacen encuestadores de opinión pública y analistas es el límite de comprensión y/o tolerancia que tendrá el electorado con un severo panorama que deja poco margen para el optimismo, tanto en el plano sanitario como en el económico-social.

Con más de 4 millones de casos registrados y una cifra que ayer superó las 85 mil muertes, la perfomance argentina en la lucha contra el Covid-19 parece una cuesta arriba muy dura de remontar en el corto plazo. Las dificultades iniciales para el acceso de vacunas seguramente han contribuido para ese escenario, que sin embargo, parece haberse modificado en las últimas semanas. Según se ilusionan desde la Casa Rosada, en lo que queda de junio podría acercarse a que el 50% de la población nacional tenga recibida al menos una dosis.

De la mano de la emergencia sanitaria, afloran los desoladores indicadores económicos que también reflejan la caída de puestos de trabajo, cierre de empresas, pymes y negocios, con cifras brutales y más del 40% de la población por debajo de la línea de la pobreza. En paralelo, la caída del poder adquisitivo, vía inflación, vuelve a superar las previsiones oficiales del 29% para este año ubicándola entre el 45 y 50%, según algunos pronósticos.

Es por ello que la fidelidad del voto, o en todo caso, las simpatías partidarias serán puestas seriamente a prueba este año donde habrá que elegir desde concejales a diputados nacionales pasando por legisladores provinciales y también senadores nacionales. ¿El voto se definirá por gestión, por comprensión del contexto tan atípico o directamente por la grieta?

Mientras cada ciudadano comienza a asimilar tanta información y a sacar sus conclusiones (en el caso que admitamos que el voto es un proceso meditado), los actores comienzan a mover sus fichas pues la carrera ya está lanzada en todos los distritos. En silencio, la cuenta regresiva ya sucede.

En Mendoza, la figura de Suárez parece encontrar respaldo a su particular forma de administrar la pandemia, según detallan diversos sondeos. Un modo de sobrellevar la crisis que ha ido regulando restricciones con aperturas, articulando en la medida de las posibilidades con la Nación, pero sin evitar la senda propia cuando así lo consideró: por ejemplo con habilitaciones puntuales de actividades prohibidas en otras provincias y cuya más polémica ha sido la de la presencialidad escolar.

Sin embargo, el oficialismo exhibe la fatiga de un frente próximo a cumplir 6 años en el cual ha tenido una baja hasta ahora más simbólica que efectiva como fue la salida de Cambia Mendoza del sector más ortodoxo del Partido Demócrata (PD). A ello se le suma la incertidumbre sobre los pasos del Frente Renovador que a nivel nacional forma parte del kirchnerista Frente de Todos.

Desde el radicalismo, principal partido del frente, han tendido lazos con otros partidos de derecha como Republicanos Unidos (ex Recrear) de Ricardo López Murphy y Más Fe del pastor Héctor Bonarrico, aunque también se ilusionan con que finalmente los libertarios de José Luis Espert terminen -a nivel nacional- siendo parte de Juntos por Cambio (que por estos días evalúa un cambio de nombre) para que esa pata de centro derecha supla la salida del PD.

Más allá de ello, el resto de las fuerzas seguirían acompañando a Suárez aunque la exigencia de los socios es de mayor apertura en la conformación de listas. Y justamente quien encabeza este pedido es el mismo Pro que lidera Omar De Marchi, quien además es una pieza clave de contención de los sectores más liberales del Frente. Pero también, otro ex PD, Jorge Difonso con su sello Unión Popular.

Así como De Marchi dio la interna en 2019 podría repetir esa jugada que descomprima ante lo que suponen no sucederá: la ruptura del espacio. Pero en política nada puede descartarse. Son llamativas las recientes señales de diferenciación que el diputado nacional ha ofrecido públicamente en temas sensibles para el Ejecutivo provincial como el recuperado manejo del proyecto de Sales de Potasio o la capitalización de IMPSA.

La mutua desconfianza entre De Marchi y los radicales deberá ser conducida con cautela si el oficialismo no quiere sobresaltos en las urnas. Por ello, la dupla casi cantada de cabezas de listas con Alfredo Cornejo para el Senado y Julio Cobos para Diputados con la que sueña Suárez todavía requiere ajustes y validaciones internas en las que la UCR tendrá el aval del ala más socialdemócrata del Frente: el Partido Socialista, la Coalición Cívica y Libres del Sur. Una tarea que está a cargo del presidente radical e intendente de Godoy Cruz, Tadeo García Zalazar. En la dureza o generosidad de la negociación puede estar el éxito de la contienda.

En la oposición el panorama aparece más calmo aunque no por ello menos debatido. El liderazgo de Anabel Fernández Sagasti es algo que por disciplina o por resignación, nadie en el peronismo cuestiona. Ni se atrevería, al menos con algún peso representativo. A ello, la senadora nacional agrega el constante lucimiento de sus vínculos con la Casa Rosada que no son más que una constante exhibición de poder real. Desde el Presidente, hasta su vice y mentora Cristina Fernández, pasando por todos los ministros y subsecretarios, cada vez que un expediente dice "Mendoza" levantan el teléfono para consultarla.

Por ello, es segura su postulación a renovar su banca en el Senado y el deseo es que algunos intendentes se sumen a la boleta en búsqueda de peso territorial y adelantar así la sucesión de municipios donde el peronismo gobierna, para asegurar que dentro de dos años no haya cambio de color por la salida de figuras emblemáticas como Roberto Righi (Lavalle), Martín Aveiro (Tunuyán) o Emir Félix (San Rafael) que no tienen reelección.

Será ese peronismo nuevamente subordinado al kirchnerismo el que deba dar pelea en un electorado que parece adverso al Gobierno nacional y a sus principales figuras, a las que además acusa de perjudicar a Mendoza, una disputa bizantina, pero que el público común registró con una sola acción: cuando en la visita oficial de Fernández a Chile, Suárez no fue parte de la comitiva presidencial. Un gesto que de tan obvio resultó contundente para ilustrar la situación.

Por lo demás, serán meses decisivos para observar el reacomodamiento de la implosión de Protectora, y con ello el ahora destino ¿separado? de José Luis Ramón y Mario Vadillo. El primero, pivoteando con la Casa Rosada lo que hasta podría valerle un lugar en sus listas o algún otro premio para su constancia en el quórum y las votaciones legislativas. El segundo, buscando horizontes nuevos pero con ímpetus menos novedosos.

Lo que queda del PD ya anunció un acuerdo con la nueva fuerza emergente: el MendoExit de Hugo Laricchia en busca de un armado transversal al estilo de las antiguas reivindicaciones mendocinistas de los gansos. En ese esfuerzo también hay quienes, como Luis Rosales, que quieren sumar a los liberales de Espert para fortalecer ese frente de tono conservador.

Finalmente, la izquierda del FIT y el Polo Obrero aspira a mantener presencia en la Legislatura y algunos concejos deliberantes aunque sus consignas se hayan revelado en estos años, en esos cuerpos colegiados, como más proclives al inmovilismo que a la revolución que promueven.

En menos de un mes, el 14 de julio, habrá que inscribir las alianzas para las PASO y 10 días después, el 24, presentar los candidatos para dar comienzo formal a la campaña electoral. De acuerdo a la evolución sanitaria, para ese entonces, muchas cartas ya estarán irremediablemente echadas. El voto también es una sumatoria de sucesos, casi todos olvidables en el último año y medio. O en el peor de los casos, un impulso del momento que también suele explicar lo que la política no advierte.

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