Vacunación Covid: el Estado debe dejarse ayudar

"Las dos terceras partes de las vacunas han sido asignadas a los 50 países más poderosos y el 0,1% a los 50 países más pobres", dijo el presidente de Cruz Roja Argentina y pintó el panorama como pocos. Ciertamente, la vacunación seguirá siendo al ritmo que nos marquen desde afuera, por lo que el Estado argentino necesita ayuda. 

Los antecedentes financieros internacionales argentinos no nos ubican entre las naciones a las que el mundo esté dispuesto a solventarle lo que pidan, y eso también nos juega en contra. 

La pandemia ha motivado una nueva presión entre los gobernantes: la comparación que hacen sus pueblos mirando a vecinos, torna odiosa cualquier explicación que se pretenda dar respecto a por qué a algunos les venden más que a otros.

Y ahí es donde duele que nos hayamos endeudado tantas veces internacionalmente, con una predisposición de pago que pocos mandatarios supieron subsanar, para que luego otros volvieran a pedir sin pagar.

Ya es hora de darnos cuenta de que el acceso a las vacunas no es sólo una cuestión humanitaria, sino que también se rige por valores... valores económicos, tanto o más potentes que las estrategias que de buena manera se intentan, como la Iniciativa Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI) que pretende repartir "equitativamente" 281 millones de dosis en el planeta.

El vacío se notó en forma inmediata. Las cifras son contundentes. América Latina y el Caribe sólo han recibido algo más de 35 millones. Apenas han podido inmunizar a 5 de cada 100 habitantes.

La comparación que hicieron algunos medios de prensa españoles, marcó que en Estados Unidos, ya han vacunado 1 de cada 4 ciudadanos.

La desigualdad existe porque la raza humana, en definitiva, también pertenece al mundo animal donde impera la ley del más fuerte a la hora de la supervivencia.

Es tiempo de que los Estados busquen otros aliados porque sus arcas fueron vaciadas para sostener la economía por las cuarentenas que por doquier abundaron en el planeta para lograr distanciamiento y aislamiento como primeras armas defensivas.

Los laboratorios, al fin de cuentas, no la regalan. Y aun cuando no es una vacuna cara, por la cantidad sideral que se necesita repartir y por la necesidad de ganarle al implacable reloj, lo cierto es que apenas han podido cumplir con sus compromisos. Pfizer un 1,7%; AstraZéneca 0,30%, por ejemplo.

Al final, rusos y chinos pudieron cumplir a mayor velocidad, están ya un poco más del 5% de sus compromisos, repartidos.

Lo que hará falta es la inyección del capital privado. Si bien los Estados se encargan de elaborar la adquisición y distribución en esta primera y desesperante etapa, en algún momento tendrán que dejarse ayudar por el poder adquisitivo del sector privado.

No está mal que se haya elaborado (en países federales como el nuestro) la repartición sobre la base de ciertos parámetros de cantidad de habitantes hacia los estados provinciales. Otros, como Chile, no tuvieron más distribución por el hecho de ser unitarios sino porque compraron más: incluso pagando más por la vacuna.

Y ahí está el punto que rige tanto a una economía como a una pandemia. La vacuna va al lugar donde están dispuestos a pagar por ella.

De manera que si hoy vemos que 4 países acaparan casi el 90% de las vacunas disponibles, no es porque la Organización Mundial de la Salud haya fallado en el objetivo sino porque evidentemente el mundo sigue andando con las reglas de siempre.

Acá es donde los empresarios argentinos, sabiendo de lo famélico de las arcas estatales, pero sobre todo, de la imagen que otros gobiernos incumplidores de sus compromisos supieron sembrar, deben tener el permiso para la instauración de un sistema de aporte privado para colaborar en la adquisición y distribución de vacunas.

Porque, y esto hay que decirlo con todas las letras, al fin de cuentas lo que se busca es la inmunización: Mientras más vacunados haya, serán menos los que correrán el riesgo de contagiarse. Y esto implica decir que si una provincia o una empresa pueden vacunar más gente, el beneficio será para los que vengan más retrasados en otra provincia o empresa.

Es hora de federalizar la vacunación desde una idea descentralizadora que permita a los gobiernos provinciales pudientes, salir a comprar también ellos. Y será hora, más temprano que tarde, que el capital privado tenga una participación de apoyo al Estado nacional, a través del sistema de prepagas argentino que, a costo suyo, permita el acceso a más vacunas.

Porque la pandemia ataca sin mirar el bolsillo, pero con un bolsillo más grande se obtienen más vacunas.

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