La causa que abrió una caja de Pandora en la policía del sur provincial, tiene novedades constantemente, que permiten imaginar que el trabajo de la Justicia se dividirá en dos partes: una relativa al robo sufrido por una madre y su hija en su casa, el 27 de diciembre pasado; otra relacionada con los vínculos entre delincuentes y funcionarios policiales.
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Certezas, sospechas y dudas sobre policías y ladrones en el sur
Es que tras la detención de un policía en actividad, la imputación a su padre, también miembro de la Fuerza, pero retirado, junto a un grupo de ladrones, permitió que el Fiscal Javier Giaroli tuviera elementos que lo mantienen convencido de algunos hechos y protagonistas, al tiempo que olfatea un trasfondo que podría dar explicaciones respecto a por qué algunas zonas del departamento alcanzaron tantos episodios delictivos el segundo semestre del año pasado con cierta falta de efectividad preventiva de los hombres vestidos de azul que, en sospecha del magistrado, se beneficiaban en forma directa o indirecta del producido por esos actos criminales.
La convicción de la participación de varios de los detenidos en el hecho de calle Ortubia, de fines de diciembre, nace no sólo por las pruebas colectadas, entre ellas los testimonios y, especialmente, un video (donde se ve a los ladrones descargando la rez furtiva del auto del oficial Jonathán Osorio en casa del padre de este), sino también por los llamativos coletazos surgidos posteriormente.
Sin embargo, queda por probar si efectivamente Osorio estuvo en el domicilio asaltado o su participación transita más por el encubrimiento y/o la reducción de los artículos sustraídos.
La estrategia defensiva del policía transita por varios carriles. Por ejemplo, que en horas cercanas al momento del delito, él estuvo en un velorio, se fue a lavar el auto, cargó nafta y de ahí a la casa de sus padres, llevando a su hija en el vehículo.
Para verificar su coartada, será clave un trabajo que lleva adelante la Unidad Investigativa, analizando cámaras de seguridad de la cochería, del Ministerio y de la estación de servicio, para saber si efectivamente a esas horas, el Bora propiedad de Osorio transitó por el recorrido que él describió.
En tanto, SITIO ANDINO pudo escuchar un audio, enviado aparentemente a las 22,37 desde el celular de este policía a un compañero suyo, donde de fondo se escucha la voz de un menor. Lo que podría formar parte de la prueba que presente para intentar dar fuerza a su declaración indagatoria en el punto relativo a que no podía estar en un robo cuando andaba con su hija el vehículo.
El problema para Osorio es que le resta probar que sólo haya sido transportista de las cosas robadas por pedido de su padre, horas después del robo. Más bien, algunas novedades surgidas a última hora, podrían generarle el perfil de "reductor" de elementos de dudoso origen, si se comprobara que algunos elementos que estuvieron en su poder, los vendió a sus compañeros sin que pudiera justificar de dónde los obtuvo.
La duda surge porque Osorio habría aparecido con un equipo de aire acondicionado en la dependencia policial donde trabaja, en horas de la madrugada de la Navidad pasada. Otro equipo de aire acondicionado habría sido ingresado en otra dependencia policial, en época similar.
Justamente, dos equipos climatizadores habían sido señalados en una denuncia como sustraídos de un domicilio del distrito Las Paredes pocos días antes.
Esto llevó a que Giaroli ordenara analizar la forma en que el aire acondicionado llegó a la delegación de Cuerpos Especiales. Off the record, fuentes informales dijeron a este medio, que los compañeros de Osorio le habrían pagado alrededor de 9 mil pesos, sin consultarle su origen, aspecto que intenta esclarecer ahora el fiscal.
Pero para darle más vigor a este tipo de sospechas sobre cómo algunos policías adquieren ciertos artículos, las últimas horas revelaron una versión que da cuenta de un supuesto video donde se vería a uno de los detenidos por el caso de calle Ortubia, subiendo cosas a un móvil policial.
Justamente, el tema de los detenidos en esta causa también invita a acrecentar las inquietudes de Giaroli porque tras revelar en la audiencia del viernes que uno de los encarcelados llamó desde la Penitenciaría al testigo reservado que habría aportado el video de la descarga de lo robado en casa de Osorio padre; se investiga ahora si acaso uno de los oficiales que actuaron esa noche pudieron darle el dato al delincuente ya que ese testigo recurrió justamente a los encargados de la Seguridad Pública a revelarles lo que había alcanzado a grabar.
Justamente, este recién detenido, "Timón" Sosa gozaba de un extraño privilegio. Estaba prófugo desde hace un año y medio, sin que ningún policía cumpliera la orden de arresto que pesaba sobre él. Y Giaroli ya pudo comprobar que salieron dos oficios reclamando su captura al momento de quedar firme la sentencia a 6 años de prisión en su contra. Los oficios están fechados en junio de 2018; uno fue enviado a la Unidad Investigativa y otro a la Comisaría 32. Y eso que el "Timón" hace unos meses habría sido al menos en una ocasión a una comisaría para averiguación de antecedentes.
En tanto, otros policías que han recibido medidas administrativas preventivas porque se sospechaba que habían "liberado" las zonas donde se movieron los protagonistas del robo en calle Ortubia, explican que pueden probar que su desplazamiento no sólo fue reglamentario sino que cumplió parte de su objetivo.
En efecto, en el Ministerio Público Fiscal había llamado la atención de que se trasladaran desde una zona alejada hasta donde podrían andar los delincuentes. Pero este móvil habitualmente se mueve entre los cuatro sectores en las que se divide el patrullaje nocturno, conocidos como Alfa, Bravo, Charly, Delta en la ciudad de San Rafael.
La motorizada, que ha sumado más personal, movilidad y funciones en los últimos años, no tiene sector específico para sus tareas, por eso no debiera extrañar que esta movilidad se desplazara un poco más de 1 km, desde el barrio Constitución hasta una zona en cercanías de calles Rawson y 12 de octubre, donde una persona había informado cerca de la medianoche que habría visto a alguien con lo que podría ser una escopeta en su poder.
Esto desmiente la versión de que este móvil fue al domicilio violentado, que era en Las Paredes, y podría también dejar sin efecto la sospecha sobre el accionar de estos compañeros de Osorio porque estaría registrado que consultaron a una vecina en el lugar, quien le habría dado ciertas descripciones de los sospechosos, pero no habrían podido dar con ellos ni con los elementos robados, que habrían buscado en los descampados de los alrededores.
Al margen de ello, ciertamente el clima con algunos policías en el sur, es de sospecha. Porque surgen dudas, por ejemplo, acerca de cómo es posible que recién ahora se investigue el origen de un aire acondicionado o cómo es que un testigo de identidad reservada recibe un llamado a su celular desde la cárcel para apretarlo o cómo un delincuente puede estar prófugo cuando dos oficios judiciales dieron orden de detenerlo, y cuando fue aprehendido, no lo dejaron entre rejas.
A todo esto, más llamativo resulta que la zona de Las Paredes donde se venían registrando cerca de 60 hechos delictivos por mes, a partir de lo sucedido casi no tiene novedades de robos ni asaltos.
