Pocas veces una causa generó tantas sospechas y especulaciones respecto a las conexiones que podrían existir entre el hampa y la fuerza policial en San Rafael, como la que se abrió para descubrir a los autores del robo ocurrido a fines del año pasado y que involucra a un policía en actividad, a su padre que también fue miembro de la fuerza, y a un delincuente condenado en 2016 y que extrañamente lleva 3 años libre sin que ningún funcionario de seguridad se encargara de tomarse el sencillo trabajo de buscarlo como prófugo.
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Una novela policial que puede tener un trasfondo institucional grave
El hecho fue un robo en la casa de una familia ubicada en calle Ortubia, en el distrito sanrafaelino Las Paredes, donde el viernes 27 de diciembre pasado, cerca de las 10 de la noche, una mujer estaba viendo televisión con su pequeña hija, cuando vio entrar unos sujetos a su casa, quienes se llevaron equipos de TV, música, guitarra, dólares y otros elementos.
Esa misma madrugada, el fiscal Javier Giaroli pidió una serie de allanamientos, que autorizó el juez Jorge González. Los resultados fueron inmediatamente positivos porque se dio con los nombres de los posibles partícipes y la red furtiva.
Claramente, la participación de una persona que ostenta desde entonces el carácter de testigo reservado, fue clave. Personalmente les indicó a unos policías un automóvil Bora, y apareció un video que facilitó la detección de los posibles partícipes del atraco.
Sin embargo, con el correr de los primeros días de este año, el Ministerio Público Fiscal se fue encontrado con diversos episodios que alcanzaron el carácter de preocupantes ya que podrían estar revelando unas irregularidades cuanto menos sospechosas, a saber.
La llamada que se corta
La persona que llamó al 911 para informar del suceso, habría estado relatando el caso cuando repentina e inexplicablemente, le cortaron la comunicación. Hoy se investiga quién y por qué cortó el teléfono en el Centro Estratégico de Operaciones del Ministerio de Seguridad en la zona sur de la provincia.
El alejado móvil que va y no ve nada
Insistió la persona con la comunicación y el segundo llamado dio cabida a una nueva situación sorprendente. Un policía que patrullaba el barrio Constitución se habría ofrecido a acercarse al lugar de los hechos denunciados, cuando en realidad era una jurisdicción de la Comisaría 60 en Las Paredes, bastante alejada de la ubicación de ese móvil.
Más suspicacias levantó en el magistrado el hecho de que ese policía con esa movilidad se retiraron sin novedades de las inmediaciones del lugar señalado. Pasaron luego varios y valiosos minutos hasta que pudiera presentarse en el domicilio de la víctima personal de la Unidad Investigativa, delegación zona sur.
Cuando la persona cuyo nombre se mantiene en reserva se tomó el trabajo de seguir al vehículo y grabar el instante en que bajaban la mercadería en la casa de un ex policía, de apellido Osorio, se pudo registrar cómo y quiénes sacaban desde el televisor hasta la mayor parte de los objetos que formaban parte del botín.
La amenaza al testigo reservado
Esta persona fue quien aportó los datos clave y desde ese momento reclamó se reservara su identidad ante los policías que lo escucharon. Sólo sabría su nombre, luego, la Fiscalía.
El asunto fue que la noche de este jueves, horas antes de la audiencia de prisión preventiva a la que se sometieron los acusados ante el Juez Claudio Gil, uno de los detenidos en esta causa, conocido como "Timón" Sosa Flores, llamó al número de teléfono de la persona de identidad reservada, identificada solo con la letra B en el expediente. Esto llevó al fiscal a alegar enardecidamente en la audiencia la inadmisible situación que vuelve a generar sospechas respecto del accionar de las fuerzas de seguridad.
El condenado en libertad que nunca fue prófugo
Justamente, en la audiencia, se reveló también que ningún policía cargó en la computadora durante tres años el carácter de prófugo que tenía uno de los ahora detenidos en esta causa. Se trata justamente del "Timón" Sosa Flores. Otro hecho que hace sospechar de los vínculos con la Policía que pudiera tener este delincuente que debía purgar una pena de 6 años de prisión ordenada por el juez Julio Bittar de la ex Primera Cámara del Crimen, por un robo agravado por uso de arma de fuego en poblado y banda; sentencia que data de agosto de 2016.
Es decir, la sospecha de los vínculos nace de la participación de Timón en este hecho donde están involucrados un ex funcionario de la fuerza y otro en actividad; en haber alcanzado a conocer los datos del testigo reservado que algunos policías conocieron la noche del hecho, y así poder llamarlo y apretarlo; y en haber estado sin la declaración de pedido por la Justicia que debía tramitarse en las oficinas dependientes del Ministerio de Seguridad para evitar que anduviera libre luego de la condena del 2016.
¿La venganza contra el buen policía?
Pero vinieron más hechos a generar sospechas serias en la Fiscalía acerca de cuán comprometida podría estar alguna persona más de la Policía de Mendoza, ya que hace un par de semanas nada más, apareció una llamativa denuncia contra uno de los oficiales que coadyuvaron esa noche entre el 27 y 28 de diciembre pasado a descubrir que el auto era del policía Jonathan Osorio, y la casa donde descargaban la mercadería, la propiedad del padre este, quien alguna vez también fue funcionario de la fuerza de seguridad.
La duda surge porque la denuncia carece de elementos serios, a entender de la Fiscalía, y encima estaría acreditado que quien la formula tendría un vínculo comercial con un pariente del policía detenido.
En otras palabras, al policía que actuó diligentemente para dar con los partícipes del robo en calle Ortubia, lo denuncia alguien vinculado al policía denunciado como integrante de la banda.
En pocas palabras, la novela policial del verano sanrafaelino parte de un robo, cuya mercadería es descargada de un auto de un policía, en la casa de un ex policía, es denunciado al 911, pero la llamada convenientemente se corta, con el agregado de que uno de los ladrones obtuvo una ventaja de 3 años de sorprendente negligencia policial para deambular en libertad siendo que lo habían condenado a prisión, y obtiene hasta el número del testigo reservado que sólo conocían los policías, para poder llamarlo y apretarlo desde la cárcel, mientras un policía que actuó cumpliendo el deber, convenientemente es denunciado por alguien relacionado con un compañero suyo detenido por estos hechos.
Esta historia tiene continuidad, sin dudas, y quizás más sorpresas.
