"Después te enterás de que a los papás les llegan las notas de la escuela diciendo: 'Sergito no se integra en el recreo, Sergito no presta atención a la maestra, Sergito se duerme en clase'. El problema es que Sergito tiene hambre". Con estas simples pero efectivas palabras, Cristian Bassin- quien actualmente tiene a su cargo un comedor multifunción- ilustró lo que sucede en Palmira y que se extiende al resto de la provincia. La necesidad de alimentos "crece cada vez más", dijo.
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Comedor en Palmira: "La realidad es que los chicos no tienen para comer"
Bassin, profesor y sacerdote y quien supo ocupar el cargo de ministro de Desarrollo Social durante la gestión de Francisco Pérez, hoy lleva adelante un comedor o, mejor dicho, un espacio de inclusión social llamado "Vengo a proponerles un sueño". Este centro está ubicado en Ameghino 635 de Palmira, San Martín y reciben entre 60 y 80 niños de 3 a 15 años a los que le brindan desayuno, almuerzo y merienda. Pero, la necesidad es tan grande que es habitual que los chicos lleven mercadería a sus casas para tener algo para cenar, porque "la realidad es que no tienen para comer", indicó Bassin, iniciador del espacio.
Acorde a un informe elaborado por la Fundación Mediterránea, el 35,3% de la población urbana de Mendoza es pobre y en esto hay dos cuestiones que llaman la atención. Por un lado, que la provincia supera la media nacional que es del 32% y, por el otro, que desde el 2016 se ha revertido una tendencia que venía marcada desde hace diez años. Es que, en 2006, Mendoza tenía no sólo menos pobres- el 23% de la población urbana- sino que la tasa de pobreza era más baja que la media país, en ese momento del 29%.
Ahora la realidad ha cambiado y el sector vulnerable es el más castigado. Es por eso que este diario visitó tres comedores comunitarios en el barrio Santo Tomás de Aquino, en El Borbollón, otro en Palmira y uno más en el barrio Escorihuela de Guaymallén para escuchar un relato de tristeza y angustia.
"Lo de la pobreza nadie me lo cuenta, lo vivimos todos los días. El hambre y la desesperación de no saber si mañana habrá aunque sea una papa para comer. Algunos hacen política con el tema, por épocas de elecciones, todos visitan zonas vulnerables para conseguir el voto pero con el hambre de la gente no se juega. Trasciende a toda bandera política y credo religioso. El hambre habla de la vida, lo más valioso que tiene el ser humano. Hablemos del desarrollo partiendo de que se tiene que empezar a alimentar mejor. El niño no puede educarse si no tiene para comer, está nervioso, débil", expresó Bassin.
El "Espacio de Inclusión Social: Vengo a proponerles un sueño" comenzó a funcionar en julio de 2015 pero ahora, a marzo de 2017, afirman que la cantidad de personas en situación de calle y que se acercan ha incrementado considerablemente. "Se ha duplicado la cantidad de gente que viene a pedir comida, ropa o calzado. Ha habido muchos despidos, los papás nos cuentan que ya no aparecen ni las changas en las fincas o chacras por la misma situación económica. Nos dicen que van y no les dan trabajo o que de 10, toman a 2, 3 hombres. Entonces el resto llega a su casa con angustia, nervios y empiezan las discusiones y de las cuales son testigos los niños y cuando no hay nada para comer, la desesperación juega su papel también. Esta es la cadena que genera violencia intrafamiliar y que después se replica en otros ámbitos de la vida. Hay tensión en todas partes, todos lo vemos y vivimos", explicó Bassin.
Son más en invierno
Las bajas temperaturas de invierno castigan a muchos, eso no es una novedad aunque la realidad parece no cambiar sino empeorar. Esto también se refleja en los comedores comunitarios. En el centro que lleva adelante Bassin junto a un gran número de voluntarias dan fe de eso.
Allí, unos 60 chicos de la zona de Palmira Sur, la llamada "Fondo de Palmira", reciben de lunes a sábado el desayuno, almuerzo y merienda pero, además, se les da útiles escolares y guardapolvos a los que necesiten. También se brinda apoyo escolar y la posibilidad de hacer deporte dos veces a la semana.
En este lugar también hay un ropero comunitario que tiene mucho éxito especialmente en el invierno. Igualmente, comerciantes y vecinos colaboran mucho con este centro con alimentos no perecederos, útiles o ropa en buen estado. Incluso, gracias a estas donaciones, seis niños recibieron zapatillas para reemplazar las que tenían. Es que aunque sea difícil de creer hay niños que se prestan el calzado entre sí, esto ocurre en varias familias numerosas.
"En el invierno y con la situación que aprieta cada vez más, sube la cantidad de personas que recibimos. A veces vienen mamás y papás que se quedan con los nenes y no te piden comida pero se les da. O te envían con los chicos una notita que dice Cristian, si puede ser un paquete de fideos para esta noche'. Además de darles desayuno, almuerzo y merienda, se llevan mercaderías porque hay mamás que realmente no tienen para dar la cena. Así de cruel y real es esto. Incluso, muchas veces hacemos comida para que lleven en tupper", indicó Bassin.
Cómo y con qué podés colaborar con este espacio de inclusión social ubicado en Palmira:
En Vengo a proponerles un sueño se necesita:
- Leche, cereales, galletas, cacao (para hacer chocolatada), azúcar, tutucas
- Alimentos no perecederos: arroz, lentejas, polenta
- Frutas y verduras
- Calzado y abrigo para el invierno que se aproxima
- Útiles escolares, guardapolvos, todo lo que pueda servir para un niño en edad escolar.
Acercarse a Aeghino 635, Palmira o llamar al 2615757856 (Cristian Bassin) de lunes a viernes de 17 a 19 y los sábados, de 10 a 13.