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Recitales

"Impuesto de fe": una fiesta insuperable de sonido infernal

Babasónicos abrió en Mendoza la gira nacional de su último disco. Un formato innovador que puso al público a sus pies.
Por Eugenia Cano

“Gracias por regalarme otro Bustelo lleno. Recuerdo que Babasónicos fue popular acá antes que en el resto de la Argentina. No sé si eso le pasó a otra banda…”.

Adrián Dárgelos está particularmente encendido. Es cierto, en cada una de las butacas del auditorio sobresale un rostro exultante. El lugar está a pleno en su capacidad. El público grita, aplaude, canta. La banda sabe que juega de local. Hace unos meses atrás convocó a una multitud en la Plaza Independencia en el marco de un festival organizado por una compañía telefónica y el año pasado –lluvia mediante- fue una de las figuras de la última edición de la Fiesta de la Cerveza. No importa cuánto tiempo pasa entre show y show. Es una fija: el grupo se anuncia y la gente va.

Babasónicos comenzó en Mendoza su gira nacional de "Impuesto de fe". Foto: Cristian Lozano. 

Sin embargo, este concierto en particular merece un paréntesis en el largo registro de presentaciones. Con tres fechas (Rivadavia, San Rafael y Ciudad) Babasónicos eligió la provincia para comenzar la gira nacional de “Impuesto de fe” (Desde adentro). Esa brillante locura que se descompone en un CD y DVD donde la formación desviste a parte de sus éxitos para que las canciones renazcan desde un lúdico coqueteo musical.

Como explicó Dárgelos en una entrevista para Generación B: “El formato se llama ‘Desde adentro’ y el disco se llama ‘Impuesto de fe’”. Fue grabado en vivo en la Ciudad de México, contiene dos canciones inéditas: Vampi y El Maestro, y enmarca con broche de oro los 25 años de carrera de la banda.

La voz líder de la banda: Adrián Dárgelos. Foto: Cristian Lozano. 

Lo novedoso es que aquí vemos a Babasónicos en un perfil acústico. Pero no es un formato acústico simple, sino todo lo contrario. Hay arreglos melódicos y rítmicos, juego de voces, instrumentos varios que van desde una pandereta, a un órgano con sonido eclesial, armónica y hasta un gong chino para matizar en la percusión. Y en todo este entramado, la guitarra electroacústica de Mariano Roger que suena y puntea, marcando el rumbo de la hipnótica travesía que propone el grupo.

Esta vez no hay pantallas, ni videos impactantes, ni la música suena dando electroshocks. Todo aparece en calma, salvo por unas luces rojas incandescentes que envuelven el escenario. Los muchachos salen con paso lento a buscar su posición con el instrumento y la multitud estalla de euforia. La gente se para, se sienta, no sabe muy bien cómo reaccionar, hasta que comprende que el show marcará su propio ritmo. Uno diferente a un recital de rock cualquiera.

El último disco fue grabado en vivo en México. Foto: Cristian Lozano. 

En este estado “zen” a lo Babasónico, es que la formación salió a 'pudrirla toda con su sonido infernal' (en palabras del mismo frontman). Empezó por El Colmo, para continuar el trayecto del álbum con Irresponsables. Luego vino una versión de El Pupilo que no está registrado en el disco y continuó con Vampi, Putita, El Maestro y Sin mi diablo, donde se generó una especie de ‘ritual chamánico’ con la percusión, para que la canción sonara más oscura e inquietante.

La noche trajo después Cómo eran las cosas, Celofán (del disco Romantisísmico), Puesto y Letra Chica, con un mix de cumbia e intro reggae, que los músicos comenzaron a tocar y retomaron por un pequeño desajuste que se produjo en el inicio. “Es difícil ver que nos equivocamos, espero que lo sepan apreciar”, dijo Dárgelos muy seguro de que la banda no comente este tipo de traspiés en vivo y que lo que se presenció fue algo excepcional.

Foto: Cristian Lozano. 

El clima en la sala se encendió luego con el enganchado Muñeco/ Deléctrico y se puso aún más caliente cuando la voz líder bajó del escenario y se paseó por las butacas cantando ‘tan freak y tan popular’… El músico estaba entregado al momento, de eso no quedaron dudas, porque no es frecuente verlo así de efusivo con sus seguidores. “Esta multitud hermosa me la quiero llevar a mi casa”, dijo y más tarde agregó: “Cada banda tiene el público que se merece”, “quiero dos más de éstos”.

Rubí, Yegua, Natural y el compilado Zumba, Yoli, Viva Satana y La Roncha, también engalanaron el formato del concierto que culminó a minutos de la medianoche, entre aplausos que parecían no tener fin.

De este modo quedó en claro que lo que se vio en el Bustelo no fue otro show más de Babasónicos, fue la confirmación de que después de dos décadas y media de carrera, el grupo sigue innovando y marcando un rumbo diferencial dentro de la escena de un rock nacional que suele estancarse en fórmulas repetidas.

Musical y creativamente, los ‘Baba’ tienen la habilidad de ir siempre un paso adelante y no se parecen a nadie más que a ellos mismos. Nunca defraudan. No sólo es rock, psicodelia, glam y divismo. Es en todo caso, una de las bandas argentinas a la que el paso del tiempo no hiere de muerte por una simple razón: siempre se está reinventando y no para de sorprender. Lo del sábado fue en esa dirección y la lanza dio justo en el centro de todos los sentidos.

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