Como bien dijo Adrián Sorrentino es su magnífica performance de entrada como maestro de ceremonia, lo bueno del espectáculo que estrenó este viernes en el Teatro Selectro es la posibilidad de ver en una sala cultural y a un horario razonable a los Drag Queen. Seres de estética fantástica reservados a la noche y a sitios alternativos.
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Una puerta abierta al universo Drag Queen
Adrián Sorrentino fue el invitado estrella del show. Foto: Axel Lloret
La propuesta Love Fucking Drag Queen, dirigida por Renzo Bruno rompe con lo esperable y pone al alcance de todos la esencia de un universo artístico lleno de magia, fascinación y, al mismo tiempo, cargado de algunos prejuicios o ignorancia por lo que resulta extraño o desconocido.
Se trata de una puesta osada. Una gran idea para desentrañar de modo agradable y cercano al público la esencia de aquellos actores y bailarines que han decidido dedicar su vida a recrear la ilusión de personajes femeninos o andróginos exacerbados en sus rasgos, en sus maquillajes y en sus formas.
En ese juego teatral los enigmas se resuelven fácilmente. El show se estructura por segmentos en los cuales surgen las preguntas que llevan a conocer en profundidad o por lo menos eso intenta- a los Drag Queen. Tales como si es una disciplina en la que sólo se desempeñan hombres o si son gay o puede haber heterosexuales. También la mirada de la religión, el amor, la diferencia entre ser Drag y ser transformista, forman parte del planteo en el que todo se vuelve más humano. La trama del show se va mechando en esta dirección con sketchs, entrevistas y canciones que mostrando el glamour que caracteriza al movimiento.
Los protagonistas indiscutidos del espectáculo son Sergio Kartajena Sotelo, primer Drag Queen de Mendoza y Sergio Kartajena Sotelo, a quienes durante el desarrollo de la puesta se puede llegar a conocer parte de sus historias de vida. El humor lo pone un dúo que se saca chispas en el escenario, Jessica Echegaray y Deivid Laguna, quienes interpretan a dos presentadores. Mientras que Renzo Bruno, también actúa y adiciona otra buena cuota de comicidad al guión.
Se trata de un espectáculo atractivo, pero al que se le podrían afinar algunos detalles para que se desarrolle de forma más fluida. Un trabajo más jugado de luces que colaboren en potenciar los climas de algunas situaciones y una mejor articulación entre cuadro y cuadro, podría potenciar el lucimiento de cada una de las piezas. A pesar de estos detalles, Love Fucking Drag Queen, pasa al frente porque se anima a romper con cierto conservadurismo local y propone una mirada igualitaria de los seres humanos, revelando a los Drag Queen, como figuras artísticas en sí mismas. En este sentido, la obra se disfruta y es un deleite para la vista.
*Fotos: Axel Lloret