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Dólar, deuda externa, fugas: la edad de oro liberal
Ese fue el verdadero y gran negocio del cuarto de siglo liberal (1976-2001). Comprar dólares verdaderos con unos papelitos de colores que fabricábamos aquí. Y llevarlos a pasear por el mundo.
En esos tiempos, y por la lógica del 1 a 1, se importaba cada vez más y se exportaba cada vez menos. Así crujieron las fábricas, los empleos industriales, los salarios, el consumo y en consecuencia se redujo el mercado interno. ¿Cuántas personas realizaron ese pingüe negocio? Algunos centenares de empresas, algunos miles de individuos. No más.
Las recientes medidas dictadas por el Banco Central intentan ponerle un límite a ese despropósito. Debería excluirse de sus restricciones a los ahorristas que compran dólares para irse de vacaciones, por ejemplo, por un monto no superior a $ 20 mil al año. Esta distinción es importante porque la mayoría de los compradores de dólares (que los adquirían con plata negra) realizaban una doble exacción: en la misma maniobra fugaban dólares y evadían impuestos.
Por vía de sus principales medios de intoxicación el establishment puso el grito en el cielo: ¿Cómo se atreve el gobierno a meter la nariz en el más rentable de nuestros negocios? Bueno, señores, si esta presidenta, que acaba de ser reelecta con el 54 por ciento de los votos (lo que convalida y ratifica una gestión iniciada en 2003), no puede inmiscuirse en los negocios turbios del sector más concentrado de la economía, ¿quién podría hacerlo?
