Estuvo 13 años prófugo y a dos de lograr que la causa en su contra prescribiera. Pero no lo consiguió. En enero del 2013 cayó detenido en Entre Ríos, por estar sospechado de haber asesinado a golpes a su hija de un año, Rosario Belén, y desde entonces, su final parecía estar escrito.
Hoy, a casi dos años de esa detención y a 15 del crimen, la Quinta Cámara del Crimen confirmó lo que en los pasillos tribunalicios se hablaba desde hace mucho: Alejandro Amitrano fue condenado a prisión perpetua.
La Cámara, la misma que en el 2001 había absuelto a la madre de la pequeña víctima, decidió sentenciar al acusado bajo el delito de homicidio agravado por el vínculo en concurso ideal con homicidio agravado por alevosía, y aplicarle la pena máxima que establece el Código Penal.
Los jueces Rafael Escot, Alejandro Gullé y Liliana De Paolis dieron lugar al pedido del fiscal Fernando Guzzo, y de esa forma, desestimaron lo que había requerido la defensa.
Las pruebas en contra de Amitrano eran muchas. Además de todos los estudios forenses que ratificaron las graves lesiones que tenía la víctima, y que no eran compatibles con una caída, los informes psiquiátricos complicaron al imputado.
En la última jornada de debate, el sospechoso siguió de cerca cada dicho tanto del fiscal como el de su defensa. Mientras tomaba con las manos una imagen de la Virgen María, estaba inquieto, evidentemente nervioso por el desenlace.
Finalmente, cuando tuvo la posibilidad de hablar por última vez, prefirió no decir nada, y quedó a la espera de la sentencia, que se ventiló cerca de las 18 de hoy.
Ya sabiendo su futuro, fue retirado por el personal penitenciario y enfrentó las cámaras y fotos de los trabajadores de prensa. "Esto es culpa de ustedes", dijo, acerca de la sentencia. Luego, entró al ascensor y más tarde, fue llevado a la cárcel, donde permanecerá de ahora en adelante.
El caso
Rosario Belén murió en noviembre de 1999. Cuando los médicos confirmaron que la bebé tenía lesiones compatibles con un maltrato, fueron en busca de su padre, Alejandro Amitrano, quien a esa altura ya había desaparecido.
El hombre, hoy con 40 años, estuvo prófugo 13 años, hasta que fue detenido en enero del 2013, en Entre Ríos, donde atendía un kiosco y utilizaba un nombre falso para evitar ser encontrado.
Luego de esto, fue traído a Mendoza e investigado por la fiscal Claudia Ríos, quien recibió todas las pruebas que ya había tramitado, en su momento, el Sexto Juzgado de Garantías el que empezó a instruir la causa-.
El caso había tenido un primer juicio en el 2001, cuando la Quinta Cámara del Crimen juzgó a la madre de la pequeña, Cecilia Cousau. Sin embargo, los jueces absolvieron a la mujer, perfilando todas las miradas a Amitrano, que en ese entonces estaba prófugo.
Con su detención, quedó el camino allanado, y hoy la Justicia puso punto final a una larga historia.