Por Juan José Llach
Por Juan José Llach
Economista, director del IAE Universidad Austral.
La economía mundial muestra algunos signos preocupantes que deberían ser una razón más para desarrollar aquí políticas prudentes y previsoras pero, según su acentuada costumbre, el gobierno ha optado una vez más por profundizar el modelo agravando así los problemas y aumentando los riesgos.
No se trata sólo de que los granos están en los precios más bajos en cuatro años. También se conocieron la semana pasada los nuevos pronósticos del Fondo Monetario que, tal como preveíamos, recortaron el crecimiento global al 3,4% (-0,1) para 2014 y al 3,8% (- 0,2) para 2015.
Entre los países desarrollados el FMI mejoró, también previsiblemente, las perspectivas de los EEUU a 2,2% (+0,5) y al 3,1% (+0,1) y rebajó las del Área Euro a 0,8% (-0,3) y 1,3% (-0,2), respectivamente. Para los emergentes hubo recortes similares al promedio mundial previéndose un crecimiento del 4,4% en 2014 (-0,1) y del 5% en 2015 (-0,2) pero se mantuvo a China inalterada en su nueva velocidad de crucero del 7,4% y 7,1% para este año y el próximo. Sin embargo, el castigo más fuerte fue para América Latina, que crecería un magro 0,3% en 2014 (¡-1,0!) y sólo 1,4% en 2015 (-0,6%).
Y en tan sombrío panorama regional la más castigada para el bienio 2014-15 fue la Argentina ya que el FMI nos ve ahora cayendo 1,7% este año (-2,2) y 1,5% en 2015 (-2,5%). Según su hábito de pelearse con la realidad el gobierno cuestionó estos números. Sin embargo, aunque el índice de actividad económica del INDEC muestra hasta agosto un aumento de 0,1% el del Congreso cae 1,3% -y nuestro pronóstico para el año es -2,0%.
Aun para el INDEC la construcción cae 2,3%, para el Grupo Construya baja 4,6% y las ventas de cemento caen 3,6%. Las ventas minoristas según CAME acumulan una disminución del 7,7%, se desploman las ventas de bienes durables y la confianza del consumidor y hasta las ventas de bienes básicos caen según fuentes privadas 1,6%.
En fin, la industria manufacturera según el INDEC está cayendo 2,8% pero según los privados baja en promedio 4%.
Es harto evidente que más allá de decimales hay en la Argentina una recesión bastante fuerte. Por eso es penoso que, olvidando sus pergaminos académicos o quizás por estar ellos vinculados sólo a la teoría, el ministro de Economía, Axel Kicillof, discuta airadamente con el FMI sus proyecciones para la Argentina en vez de preocuparse más por corregir las causas que llevan a esta situación. Peor aún, lo ocurrido en las últimas semanas tiende a agravar las cosas.
Mientras la Argentina fue declarada en desacato por el inefable Juez Griesa honor que compartimos en lo que va del siglo con Belice, Congo, Irak y Rusia- el Congreso votó una ley de abastecimiento de constitucionalidad dudosa y que, en todo caso, desalentará la inversión y no paliará la inflación. Con filosofía análoga la Presidenta despidió de mala manera al presidente del Banco Central para reemplazarlo por otro más dócil a ella y a su Ministro de Economía.
El Congreso agregó luego un código civil que, además de sortear los procedimientos parlamentarios debidos y muchos otros defectos, genera incertidumbres en los contratos en moneda extranjeras.
El impulso recesivo no debería sorprender si se tiene en cuenta que tanto la escasez de divisas como la presión inflacionaria estructural se están procurando combatir con tres herramientas que, pese al discurso oficial, castigan la actividad económica.
La primera es amarretear las divisas a los importadores en la desesperación por frenar un poco la caída de las reservas del Banco Central. La segunda es atrasar el tipo de cambio oficial para no acentuar la ya fuerte expectativa de devaluación. La tercera es que, dado que el gasto público sigue creciendo por encima del 40% anual y más que los ingresos y dado también que el país está innecesariamente en cesación parcial de pagos, la brecha fiscal se financia con emisión monetaria.
Para evitar que la inflación supere decididamente el 40% anual, el BCRA -al menos el de su ex presidente Fábrega, no sabemos qué pasará ahora- ha estado absorbiendo su propia emisión de base con la de LEBAC y NOBAC cuyo stock casi se ha duplicado en un año y supera ya los 260.000 millones de pesos.
Esto no es gratis, porque buena parte de esa masa monetaria se retrae del crédito al sector privado, que se expande en pesos nominales a un 20% anual, muy por debajo de la inflación, y crecen menos de un 15% los créditos más vinculados a la inversión como los hipotecarios y prendarios.
Resulta así que la relación entre los títulos emitidos por el BCRA y dicho crédito, que era de sólo un 17,9% en diciembre pasado llega ahora a cerca del 35%. Seguiremos esperando cada vez con mayor esfuerzo que el gobierno deje de pelearse con la realidad y opte por seguir caminos análogos a los de los países que crecen.

