La economía está en un nivel récord de monetización. Es que la cantidad de dinero en efectivo en poder del público más los depósitos privados en pesos (M3) en términos del PBI ha trepado a casi el 25%. Por eso cabe rezar para que la gente siga demandando pesos, porque de lo contrario se espesarán los nubarrones. Esto también explica por qué se mantiene el cepo cambiario y la escalada del blue pese a los intentos oficiales por acortar la brecha.
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La cantidad de dinero en manos de la gente es la más alta de los últimos 44 años
La excesiva emisión de dinero para financiar gasto público en la Argentina, en un contexto de tasas de interés bancarias negativas y una oferta de productos creciendo muy por debajo de lo que ha venido moviéndose la demanda ha generado en el tiempo mayores presiones inflacionarias y demanda de dólares como refugio de valor.
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Las sucesivas crisis económicas durante la gestión Alfonsín llevaron el nivel de monetización a menos del 5% y el mal comienzo de la de Menem lo acentuó. Luego la convertibilidad permitió que llegara a niveles cercanos al 17% a fines de los 90.
La caída de la convertibilidad hizo que la monetización descendiera a niveles del 12% del PBI con el que arrancó la gestión kirchnerista. La fuerte recuperación económica hizo que la demanda de dinero acompañara el crecimiento del PBI, pero ese proceso se agotó y el componente inflacionario empezó a gravitar en el stock de pesos deseado de la gente.
En la actualidad la cantidad de dinero en la economía, medido por el M3, es el máximo de los últimos 44 años. Sin embargo, ya en 2012 la demanda real de dinero dio muestras de agotamiento y de que no estaba dispuesta a seguir creciendo vertiginosamente. En el actual contexto es un polvorín que puede desactivarse, pero que requiere de ajustes para corregir algunos desequilibrios en forma armónica.
En situaciones similares cualquier detonante, por más pequeño e insignificante que parezca, puede acelerar preocupantemente la velocidad de circulación del dinero. La gente opta por deshacerse de sus tenencias de efectivo y de sus ahorros en pesos, y más allá de la presión sobre la plaza cambiaria, todo se complica. Corren para hacerse de bienes y/o divisas, pudiendo arrinconar a la oferta, que rápidamente ajusta por precios.
Las expectativas inflacionarias de la gente se aceleraron, de la mano de los aumentos convalidados por el Gobierno, sobre todo en el sector servicios, más los que aplicaron varias ramas manufactureras. La velocidad de circulación del dinero aumentó. Al ritmo de los precios. Cada vez se necesitan más pesos para adquirir los mismos bienes y servicios. Los cajeros automáticos no dan abasto porque enseguida el público los vacía para afrontar sus pagos domésticos por la baja denominación de los billetes y la capacidad limitada de los buzones.
El mayor riesgo en este contexto es que la gente no desee demandar todos los pesos que tendrá que emitir el Banco Central para continuar financiando al Tesoro. De ser así se acelerará la tasa de inflación por el mayor impulso de la gente a gastarlos antes de que pierden poder adquisitivo y seguramente se ampliará la brecha cambiaria. Estimaciones privadas dan cuenta que la financiación del fisco proyectada para 2014 implicaría convalidar una tasa de inflación del 35% para no perder reservas, advierte el análisis de Ambito.com
