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Avivadas y chiquitaje de los argentinos que compran con tarjeta en el exterior
Proliferan las tarjetas de regalo, cash back, PayPal y datáfono para hacerse de dólares; fragmento del libro "Estoy Verde", de Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio.
Durante aquel verano, los turistas criollos llamaron la atención en todos los destinos de moda en América Latina y el mundo. No sólo por la costumbre de hablar a los gritos ni por los inconfundibles vocativos "che" y "boludo". Allí donde había muchos argentinos, invariablemente, había una fila para pagar con tarjeta. Desde la caipirinha en los chiringuitos de la playa de Río de Janeiro hasta la ropa en los locales de los malls de Florida, todo se tarjeteaba y nadie amagaba con sacar un billete. Más de un comerciante en el extranjero se sorprendía por la súbita obsesión argentina de pagar con tarjeta. Muchos de ellos preferían cobrarles en efectivo, tal vez para evitar el registro de la operación, y les preguntaban a los albicelestes por qué insistían en usar el plástico. La respuesta sonaba demasiado complicada en países donde los controles de cambio han desaparecido hace años o décadas.
Algunos argentinos iguales trataron una suerte de cashback casero en playas de Colombia o Ecuador, donde proponían a los comerciantes que les facturaran una compra y les entregaran el efectivo, a cambio de una comisión que llegó al 8%o 10%. ¡10%! Cerca de Cartagena y a la entrada del parque Tayrona, por ejemplo, los que más cotizaban eran los negocios con datáfono -como llaman los colombianos a sus POSnet- cuyos dueños terminaron por habituarse y hasta ofrecían el servicio a los mochileros al identificar una tonada gardeliana.
Sin viajar, los más familiarizados con el comercio electrónico también amasaron atractivas rentas con arbitrajes entre el mercado oficial y el paralelo. Fue a través de la página web de PayPal, que permite efectuar pagos a otras personas o empresas. Lo que hacían algunos argentinos era crear dos usuarios distintos, uno con una cuenta en Argentina y otra con una en el exterior. Así la persona ordenaba el pago a otro supuesto sujeto, que era él mismo, más allá de las fronteras, de modo de hacerse de dólares al tipo de cambio oficial y depositados afuera. Bajo la lupa del Banco Central, PayPal decidió por voluntad propia que desde octubre de 2012 ya no se pueden efectuar pagos entre residentes en Argentina, tengan o no cuentas en el extranjero.
Fuente: La Nación
