11 de octubre de 2026
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Romina Yan

El duro relato de Valentín Yankelevich, hijo de Romina Yan, sobre el maltrato que sufrió de su padre

A los 23 años, el nieto de Gustavo Yankelevich y Cris Morena decidió hacer pública su historia de violencia familiar. Explicó cómo su abuelo lo ayudó a empezar de nuevo.

Por Sitio Andino MuchoShow

Por años, Valentín Yankelevich guardó silencio sobre la violencia que asegura haber sufrido de parte de su padre, Dario Giordano, tras la muerte de Romina Yan. A los 23 años, decidió contar su historia y recordar cómo el amor y la contención de su abuelo materno fueron fundamentales para comenzar una nueva vida.

“Mi abuelo Gustavo (Yankelevich) me salvó la vida. Él me devolvió la vida”, expresó al recordar uno de los períodos más difíciles de su historia en una entrevista con Infobae. El joven piloto de Turismo Carretera 2000 decidió hacer público su testimonio para alentar a otros niños a pedir ayuda y recordarles a los adultos la importancia de escucharlos.

La muerte de Romina Yan y el comienzo de una etapa dolorosa

Valentín tenía apenas siete años cuando su madre murió, el 28 de septiembre de 2010. Según recordó, la noticia fue devastadora para él y sus hermanos. Hasta ese momento, describió su hogar como un lugar feliz, marcado por la presencia y el cariño de Romina, a quien definió como una madre muy dedicada.

Tras la muerte de la actriz, Darío Giordano les prometió que se encargaría de cuidarlos y protegerlos. Sin embargo, según el relato de Valentín, la situación familiar empeoró con el paso del tiempo. “Cuando uno creía que eso era tocar fondo y la tristeza máxima que se podía experimentar, llegaron situaciones que hoy, mirando para atrás, fueron mucho peores”, recordó.

Valentín tenía solo 7 años cuando Romina Yan falleció.

Valentín tenía solo 7 años cuando Romina Yan falleció.

El joven aseguró que, cuando tenía entre nueve y diez años, comenzó a sufrir violencia física y psicológica por parte de su padre, una situación que, según contó, también afectó a su hermano Franco.

Golpes, humillaciones y el miedo de volver a casa

En su testimonio, Valentín describió un entorno cotidiano de gritos, golpes, insultos y castigos. Aseguró que el maltrato era constante y que las horas que pasaba en el colegio se habían convertido en el único momento del día en el que sentía alivio, porque sabía que al regresar a su casa podía volver a sufrir violencia.

También relató episodios en los que su padre lo habría agarrado de los pelos, golpeado, encerrado en su habitación y dejado sin comer durante varias horas. Sin embargo, destacó que las consecuencias emocionales fueron especialmente profundas. Según contó, las descalificaciones constantes lo llevaron a creer que no servía para nada y que no tenía un futuro.

“Lo que te queda adentro es el maltrato psíquico y psicológico”, explicó al comparar las secuelas emocionales con el dolor físico.

Valentín recordó que, al principio, cuando él y su hermano intentaron contar lo que sucedía, no encontraron la respuesta que necesitaban. Según su relato, sus abuelos paternos les dijeron que su padre también estaba atravesando un mal momento y que debían comprenderlo. “Empezás a sentir que no hay salida, que estás condenado a vivir en esta situación”, señaló.

Gustavo Yankelevich, la primera persona que los escuchó

La situación comenzó a cambiar cuando Valentín y Franco pudieron hablar con su abuelo materno, Gustavo Yankelevich. El productor solía invitarlos a almorzar por separado una vez por semana, una oportunidad en la que ambos pudieron contarle lo que estaban viviendo.

Según recordó Valentín, su abuelo comprendió la gravedad de la situación y escuchó sus pedidos de dejar la casa en la que vivían con su padre. “Él fue la primera persona que nos escuchó”, afirmó. El joven también destacó el acompañamiento de su abuela, Cris Morena, durante ese proceso.

Valentín contó que llegó a tener pensamientos relacionados con la muerte y que, en uno de los momentos más oscuros de su infancia, sentía que no tenía motivos para seguir viviendo. El amor y la contención que encontró en su abuelo fueron fundamentales para recuperar las ganas de vivir y comenzar a imaginar un futuro diferente.

Franco y Valentín junto a su abuelo materno, Gustavo Yankelevich.

Franco y Valentín junto a su abuelo materno, Gustavo Yankelevich.

“Nos dio lo único que necesitábamos como dos nenes que habían perdido a su madre y, en este caso, a su padre, porque si vos me preguntás a mí, fue como perderlo: yo no tenía padre. Nos dio lo único que necesitábamos, que era amor y contención. Nada más”, expresó.

Una decisión que cambió su vida

Valentín relató que un viernes, después de salir del colegio, él y Franco fueron a declarar y comenzó un proceso judicial que se extendió durante varios años, hasta que su abuelo obtuvo la tenencia definitiva. Ese mismo día, los hermanos dejaron la casa en la que vivían con su padre y no regresaron. El piloto recordó que se llevó apenas algo de ropa en su mochila escolar y que tuvieron que comprar todo lo necesario para comenzar una nueva vida.

Aunque la salida de ese hogar marcó un cambio decisivo, recuperarse de las experiencias vividas no fue sencillo. El joven reconoció que atravesó una adolescencia difícil, con mucha bronca por lo que le había sucedido, pero aseguró que el acompañamiento familiar lo ayudó a mirar la vida de otra manera.

A los 18 años también decidió cambiarse el apellido Giordano por Yankelevich, una elección que vinculó tanto con el deseo de honrar a su madre como con el reconocimiento hacia su abuelo, a quien considera su verdadero padre.

Valentín es piloto de Turismo Carretera 2000.

Valentín es piloto de Turismo Carretera 2000.

El mensaje de Valentín para los niños y los adultos

Hoy, a sus 23 años, Valentín aseguró que es feliz, que tiene amigos y una pareja, y que puede mirar hacia atrás y reconocer cuánto cambió su vida desde aquella infancia marcada por el sufrimiento. También explicó que uno de sus sueños es formar una familia y darles a sus futuros hijos el amor que, según siente, le faltó durante una parte de su niñez.

Su testimonio busca trascender su historia personal y dejar un mensaje sobre la violencia contra niños y adolescentes: la necesidad de que los chicos puedan hablar y encuentren adultos dispuestos a creerles y ayudarlos. “Alguien los va a escuchar siempre. Y si la primera persona no te escucha, vas a otra. Así hasta que alguien te escuche”, sostuvo.

El joven concluyó con un pedido dirigido especialmente a los adultos: “Que escuchen a los niños, porque los niños te dicen la verdad, te cuentan lo que les está pasando”.

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