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Análisis

Las mismas calles pero con la felicidad en las caras

Las mismas calles que hoy serán protagonistas de los festejos de Argentina, fueron hacen 21 años el escenario de la caída de Fernando de la Rúa.
Por Marcelo López Álvarez

Las calles de las principales ciudades del país y sobre todo de la Capital Federal son reiterado escenario de acontecimientos masivos que superan toda lógica de convocatoria. Hoy 20 de diciembre al igual que 21 años atrás la zona del Obelisco, la Plaza de Mayo y circundantes (quizás alguna plaza del interior del país también) serán el continente de miles y miles de ciudadanos que buscan expresarse.

A diferencia de 21 años atrás la expresión de la movilización tendrá un carácter muy diferente, expresión de una felicidad desbordante que cualquier futbolero o futbolera a nivel mundial podría entender pero igual se sorprendería por el tamaño de la convocatoria ante la victoria de la Selección Nacional.

Es un error politizar el fútbol o creer que está alegría enorme va a solucionarle los problemas al gobierno de turno, pero es real que es un alivio en el humor social que permitirá otro ánimo. Sin embargo la dirigencia y los formadores de opinión parecen empeñados en generar todo lo contrario mostrando que el distanciamiento con la sociedad es cada vez mayor en cada uno de los temas que aparecen en la discusión social desde los ingresos hasta los festejos de un logro histórico.

Justo un 20 de diciembre como hoy 21 años atrás esa desconexión dirigencia -sociedad llegó a su máxima expresión con las mismas calles y zonas de hoy colmadas de ciudadanos expresando su bronca y descontento contra no solo el gobierno de turno sino contra una dirigencia que parecía incapaz de dar una respuesta adecuada. Aunque después, a pesar de todo, esa misma dirigencia fue la que construyó la salida aunque para ello hubo que llegar a la tragedia.

Siempre es bueno mirar la historia para no volver. Ese 20 de diciembre Fernando de la Rua y la enorme mayoría de su gabinete y colaboradores encabezados por su hijo Antonio y el amigo de este Dario Loperfido estaban tan lejos de la realidad que asusta.

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Las calles desbordadas de ciudadanos y violencia llevaron a la renuncia de De la Rua

Un par de anécdotas recuperadas del libro Doce Noches lo ilustran claramente

Ese 20 de diciembre De la Rua dio su último discurso en cadena nacional hablando de convocar al justicialismo y a una reforma constitucional, luego llama al presidente provisional del Senado Ramón Puerta para preguntarle que le había parecido su aparición y se produjo el siguiente diálogo.

—Lo escuché, Presidente. No se le ocurra hacer lo que estoy temiendo, no me diga que está por renunciar.

—…

—No vaya a hacer eso porque ya le dijimos que le vamos a votar el Presupuesto y las leyes que necesita a libro cerrado, salvo los artículos sobre el financiamiento a las provincias; ahí vamos a debatir.

—Ah, bueno, bueno… Puerta, ¿usted va a ir a Merlo, a San Luis?

—Sí, ya estoy saliendo para allá.

—¿Y ahí quiénes van a estar?

—Vamos a estar todos los dirigentes del peronismo. (Adolfo) Rodríguez Saá invitó a todos los gobernadores y a muchos senadores y diputados. Vea que viene muy bien este encuentro porque yo voy a comentar lo que estamos hablando ahora usted y yo.

—¿Pero, a qué hora va a ser esa reunión?

—Bueno, de acá me voy a San Fernando, hay un avioncito que me va a llevar. Yo estaré llegando a las siete de la tarde y calculo que vamos a inaugurar el aeropuerto de Merlo a las ocho.

—Lo que yo quiero es que me llame después de que termine la reunión entre ustedes.

—Creo que lo voy a poder llamar a las nueve o nueve y media.

—Ah no, pero ya va a ser de noche.

—Presidente, eso es lo único seguro a esta altura: a las nueve y media va a ser de noche.

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Parece increíble pero es real, Cuando ya todo era un caos y los muertos eran transmitidos en directo por la televisión el jefe del Bloque de Senadores del Radicalismo se comunica con el presidente y se produce otro diálogo demostrativo

—Fernando, están habiendo muertos en Plaza de Mayo —le avisó, según su versión.

—No, a mí nadie me informó eso, ni mis funcionarios de Interior ni el jefe de la Policía Federal.

—La televisión está diciendo que hay muertos.

—La televisión dice muchas cosas que no son ciertas.

—Me parece que esta vez es cierto porque están mostrando imágenes de personas caídas.

Miles de páginas se han escrito en cientos libros sobre aquellos días donde esa desconexión de los dirigentes con la sociedad y la realidad económica y política nos llevó a la tragedia pero que a cambio de otras veces se resolvió por vías institucionales, después de que cerca de las 20 horas Fernando De La Rua firmara su renuncia ya sin apoyo siquiera del propio radicalismo.

Hoy esas mismas calles, esas mismas cuadras están otra vez llenas de ciudadanos y ciudadanos desbordantes de alegría felicidad tras un grupo de jóvenes que nos dieron el mayor logro en mucho tiempo.

El proceso de desconocimiento de la realidad de estos días por parte de la política no está ni cerca de los de aquellos días, sin embargo al verlos actuar parecería que quisieran llega a eso.

Manuel Belgrano en mayo de 1810 pocos días antes de la Revolución escribió en El Comercio; “Procurando indagar en la historia de los pueblos las causas de la extinción de su existencia política, habiendo conseguido muchos de ellos un renombre que ha llegado hasta nuestros días, en vano hemos buscado en la falta de religión, en sus malas instituciones y leyes, en el abuso de autoridad de sus gobernantes, en la corrupción de costumbres y demás.

Después de un maduro examen y de la reflexión más detenida, hemos venido a inferir que cada uno de aquellos motivos y todos juntos no han sido más que causas, o mejor diremos, los antecedentes que han producido la única, la principal, en una palabra, la desunión”.

La unión no significa pensar todos lo mismo ni mucho menos, pero si por lo menos entender las necesidades básicas de los ciudadanos.

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