ver más
°
Cooperativa

Mendoza perdió más de la mitad de sus cooperativas desde 2016

Mendoza perdió el 51,4 por ciento de sus cooperativas desde 2016 y quedó penúltima en densidad nacional, en medio del estancamiento de su economía provincial.

Por Marcelo López Álvarez

Mendoza tenía 861 cooperativas en 2016. Ocho años después, en 2024, quedaban 418. La caída, del 51,4 por ciento, no es un dato aislado ni el resultado de un mal año: es la fotografía final de un proceso de ataques permanentes contra la economía cooperativa y solidaria. Así lo refleja un trabajo publicado en la revista científica Alma Mater, de la Universidad Champagnat, que describe una contracción “selectiva” y sostenida. El retroceso golpeó de manera desigual a los distintos rubros del cooperativismo provincial y coincidió con el amesetamiento de la economía mendocina.

La autora, Natalia Estefanía Palazzolo, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, analizó las series de la DEIE entre 2000 y 2024 y las cruzó con el producto bruto geográfico (PBG) y datos del INAES para comparar a Mendoza con el resto de las provincias. El resultado ofrece un mapa incómodo para una jurisdicción que se concibe como una economía diversificada.

De punta a punta de la serie, entre 2000 y 2024, el número total de cooperativas cayó un 28,5 por ciento, de 585 a 418. Ese dato global esconde una curva más pronunciada. Hasta 2016, el cooperativismo mendocino había crecido con fuerza y alcanzado un techo histórico de 861 entidades, un 47 por ciento más que al comienzo del período. Luego, el desplome fue tan rápido como la expansión previa y la provincia terminó 2024 incluso por debajo del nivel con el que había iniciado el siglo.

Última en el podio nacional

El diagnóstico se vuelve más preocupante al observar la posición relativa de Mendoza en el país. El informe construye un indicador de densidad cooperativa, medido en entidades cada 100.000 habitantes, y ubica a la provincia en el puesto 23 entre las 24 jurisdicciones, apenas por encima de San Luis.

Con 15,2 cooperativas cada 100.000 habitantes, Mendoza queda muy lejos de Jujuy, Formosa o Santiago del Estero, que superan las 80, y también de provincias de peso comparable, como Santa Fe o Entre Ríos. El dato llama la atención porque se trata de la cuarta provincia más poblada del país y la quinta por su aporte al producto bruto interno nacional.

Esa escala, en principio, debería haber favorecido el asociativismo. No ocurrió. La autora sostiene que la explicación no puede reducirse a variables demográficas, sino que debe buscarse en la trayectoria económica e institucional propia de la provincia.

Vivienda, trabajo y campo, los más castigados

El desglose por rama confirma que no todas las cooperativas corrieron la misma suerte. Las de vivienda fueron las más afectadas: crecieron con fuerza hasta 2016, impulsadas por créditos y programas estatales, y luego perdieron el 58,3 por ciento de sus entidades. Ese retroceso las dejó un 47,9 por ciento por debajo del nivel de 2007. El fenómeno se repite en departamentos tan distintos como Ciudad, Godoy Cruz, Las Heras y Maipú, lo que permite descartar que se trate de un problema localizado.

Las cooperativas de trabajo tuvieron el recorrido más volátil. Entre 2007 y 2016 casi se triplicaron, impulsadas por los servicios a personas e inmuebles, y funcionaron como un colchón frente a la falta de empleo formal. Después de 2016 perdieron la mitad de sus unidades, aunque el balance de todo el período todavía muestra un saldo positivo del 35 por ciento, sostenido por el trabajo agropecuario e industrial.

El agro, a su vez, se redujo un 43 por ciento desde 2000, con una caída extrema, del 89 por ciento, entre las cooperativas pecuarias y piscícolas, que casi desaparecieron del registro. Lo que permanece del cooperativismo agrario se concentra cada vez más en la matriz tradicional mendocina: vitivinicultura, olivicultura, fruticultura y horticultura.

Mas del 40% de la cooperativas agrarias se perdieron en los últimos años en Mendoza

En el otro extremo, las cooperativas de provisión de bienes y servicios no vinculadas con la vivienda y las de crédito y seguros mostraron una mayor estabilidad, aunque también sufrieron la caída general posterior a 2016. Las federaciones que agrupan al sector siguieron el mismo camino: pasaron de siete en 2000 a apenas cuatro en 2024, con la mitad de la baja concentrada en los últimos ocho años.

Una economía que no crece

El trabajo evita establecer una causalidad directa, pero traza una correspondencia temporal difícil de ignorar. El PBG mendocino, medido a precios constantes, cerró 2024 en 24.184 millones de pesos de 2004, con una caída del 0,9 por ciento respecto del año anterior, y acumula entre 2015 y 2025 una contracción cercana al 4 por ciento.

La participación de la provincia en el valor agregado nacional bajó del 3,6 al 3,2 por ciento entre 2011 y 2023, su piso histórico. Según la investigación, el 60 por ciento del producto provincial depende de apenas cuatro ramas: industria, comercio, actividades inmobiliarias y transporte. Esa concentración deja poco margen para que otros sectores y sus formas asociativas ganen terreno.

La lectura que propone la autora es exploratoria, como ella misma aclara: una sola variable no alcanza para explicar un fenómeno tan complejo. La coincidencia entre el pico cooperativo de 2016 y el posterior quiebre de la economía provincial, agravado por el endeudamiento externo y, más tarde, por la pandemia, deja planteada una hipótesis para futuras investigaciones: en Mendoza, cuando la economía no crece, el cooperativismo tampoco encuentra dónde sostenerse.

Te Puede Interesar