La Provincia de Mendoza se ubicó entre las jurisdicciones con mayores caídas del empleo privado registrado en julio de 2026. El retroceso del 0,7%, compartido con Corrientes y superado únicamente por Santa Cruz (0,9%), se enmarca en un deterioro generalizado: ese mes, diecisiete jurisdicciones perdieron puestos formales y el país acumuló catorce meses consecutivos de contracción en el sector.
El dato provincial surge del informe de octubre del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la UBA y el Conicet.
En todo el país, julio cerró con 12.700 empleos privados registrados menos, lo que representa una baja mensual del 0,2%. Desde noviembre de 2023, la pérdida acumulada alcanza los 266.000 puestos, retrayendo el volumen de ocupados en este segmento a niveles similares a los de mayo de 2014.
Una caída que se prolonga
Los datos más recientes profundizan el diagnóstico formulado en el informe de julio del mismo instituto, enfocado en los registros de abril y en la evolución salarial de mayo y junio. Aquella publicación anticipaba la aceleración del fenómeno: la destrucción de empleo privado había pasado de unos 4.000 puestos en febrero a 8.000 en marzo y casi 12.000 en abril.
Para entonces, las empresas privadas reunían alrededor de 6,14 millones de asalariados registrados, 235.000 menos que en noviembre de 2023. La cifra de julio elevó ese saldo negativo a 266.000.
El retroceso impactó de igual modo en el universo asalariado formal consolidado. En abril, la suma del sector privado, el público y el trabajo de casas particulares rondaba los 9.975.000 trabajadores: 330.000 menos que en noviembre de 2023. Las leves incorporaciones en el Estado y en el servicio doméstico registradas ese mes no alcanzaron a compensar la sangría en la actividad privada.
Las cifras responden a universos distintos: la baja de 266.000 puestos a julio atañe al empleo privado registrado, mientras que la de 330.000 a abril engloba a las tres categorías del trabajo asalariado.
La planta de Unilever en Mendoza que cerró en agosto dejando 60 trabajadores sin su empleo registrado
Foto: Cristian Lozano
Producción y trabajo, con recorridos distintos
Uno de los ejes del diagnóstico es la brecha entre el nivel de actividad y el comportamiento del empleo. Según el informe de octubre, la producción nacional se ubicaba un 2,2% por encima de noviembre de 2023, mientras que el trabajo privado registrado cayó más del 4% en el mismo lapso.
El IIEP atribuye esta divergencia a un crecimiento concentrado en sectores de baja intensidad laboral; la reactivación del producto agregado convivió así con un achicamiento sistemático de las nóminas.
Comercio e industria encabezaron las pérdidas de puestos en julio. En tanto, la construcción, que en abril anotaba una leve contracción del 0,1%, retrocedió un 0,6% mensual.
Los datos del sector industrial permiten dimensionar la magnitud del deterioro: el informe de julio contabilizaba unos 86.000 puestos destruidos desde septiembre de 2023, con bajas en treinta de los últimos treinta y dos meses. En la construcción, los 380.000 empleos formalizados en abril representaban 91.000 menos en comparación con el pico alcanzado en mayo de 2023.
El otro frente del deterioro
La destrucción de puestos coincidió con el constante deterioro del poder adquisitivo. En junio, el salario mínimo llegó a $367.800 y sufrió una caída real mensual del 0,6%, completando doce meses en terreno negativo. Desde noviembre de 2023 acumula una pérdida del 40% en su capacidad de compra, ubicándose por debajo del nivel de 2001 y representando apenas un tercio del máximo registrado en septiembre de 2011.
Entre los asalariados privados registrados, el índice salarial del INDEC descendió un 0,1% real en mayo y quedó 3,6% por debajo de noviembre de 2023. La remuneración promedio del SIPA mostró contracciones en marzo y abril, mientras que las estimaciones de mayo preveían una merma adicional del 2%.
En el sector público, el índice salarial registró en mayo una baja real del 0,6% y acumuló una pérdida del 17,8% respecto de noviembre de 2023.
El complejo escenario laboral no resulta ajeno a los mendocinos. Sin embargo, resta ver si la exposición de estas cifras abre los ojos a la dirigencia política y social sobre la dimensión de una crisis de la que no parecen tomar nota.