La Universidad Católica Argentina (UCA), a través del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), estimó que la pobreza alcanzó 36,3% en el tercer trimestre del año, una cifra que, si bien muestra una caída respecto de 2023, se ubica por encima de la informada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La diferencia reabrió el debate sobre la metodología utilizada para calcular el valor de la canasta básica y, en consecuencia, el umbral que determina la condición de pobreza.
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La pobreza bajó al 36,3% en el tercer trimestre de 2025
Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social (ODSA) que elabora la Universidad Católica Argentina (UCA), la cifra de la pobreza cayó luego de haber alcanzado el año pasado su valor más alto desde 2005.
En tanto, la indigencia en el tercer trimestre de este año se estableció en el 6,8%, cifra que marca una baja frente al 11,2% de igual período de 2024.
Desde el ODSA señalaron que los datos oficiales “sobreestimaron la reducción” registrada durante 2023 y advirtieron que parte del descenso de la pobreza reportado por el Indec responde a un cálculo “excesivamente optimista” del costo de vida. El informe se difundió en un contexto de discusión técnica sobre las fuentes utilizadas para medir ingresos y precios.
Impacto en hogares con niños y cronicidad
El 48,8% de la población en hogares con niños se encuentra en situación de pobreza, frente a 10,8% en hogares sin niños. La población crónicamente pobre —que permaneció en esta condición entre 2024 y 2025— representa el 27,6% del total, alcanzando al 60,9% en los estratos socioeconómicos más bajos.
El informe también destaca que transferencias sociales como la Asignación Universal por Hijo son determinantes para reducir la indigencia y la pobreza, aunque resultan insuficientes para revertir la desigualdad estructural.
Estrés económico
La UCA también difundió un conjunto de indicadores específicos construidos a partir de encuestas realizadas en julio de este año que permiten medir distintos tipos de estrés que atraviesan los hogares urbanos: el estrés económico, vinculado a privaciones monetarias para cubrir necesidades básicas; el estrés social, asociado a carencias estructurales del entorno doméstico; y el estrés subjetivo, que evalúa el bienestar psicológico de las familias.
En el caso del estrés económico, el análisis de largo plazo revela un deterioro sostenido entre 2010 y 2017, seguido por una etapa de relativa estabilidad. Aunque en 2024-2025 se observa una baja, los niveles solo retroceden a los registrados en 2022-2023. Actualmente este tipo de estrés afecta al 47% de la población, muy por encima del piso histórico cercano al 35%. En otras palabras, casi una de cada dos personas vive hoy en hogares que sufren la situación económica.
Respecto a la medición de la pobreza monetaria corregida, desde la UCA hacen un análisis según nivel socioeconómico (NSE) de las personas y por presencia o no de niños/as en el hogar. Los datos muestran que los NSE más bajos y los hogares con niños/as mantienen sistemáticamente mayores tasas de pobreza. Para los NSE muy bajos la pobreza llega al 65,1% de las personas, para los niveles bajos alcanza al 44,4%, mientras que para los niveles medios es del 19% y para los altos de 4,3%.
Respecto a la composición del hogar, la pobreza y la indigencia son mucho mayores en hogares con niños/as, donde llegan al 48,8% y 9,2% respectivamente, mientras que en los hogares sin criaturas las tasas son del 10,8% y 2,1% respectivamente.