El último relevamiento del Indec entre titulares de industria y comercio se transformó en el diagnóstico más incómodo para el programa económico. Según la Encuesta de Tendencia de Negocios, el 52,9% de las empresas manufactureras señala a la “demanda interna insuficiente” como el principal factor que limita su capacidad de producir. Ni la presión tributaria, ni el costo laboral, ni la competencia de las importaciones: la demanda.
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Industria y consumo: el 52,9% de las empresas advierte una demanda insuficiente
Industria y comercio alertan por la caída de la demanda, plantas ociosas y una morosidad récord que deja a millones fuera del crédito y del consumo interno.
Pedidos por el piso
El deterioro no es una fotografía aislada. Tres meses atrás, ese mismo indicador marcaba 51,8%, ahora sumó un escalón más. Muy por detrás se ubican las otras preocupaciones de los industriales: la competencia de productos importados concentra el 10,2% de las respuestas, la incertidumbre económica el 7,4% y los problemas financieros apenas el 4,2%.
El presente confirma la gravedad del cuadro. Casi la mitad de las firmas, el 49,7%, reconoce que la cartera de pedidos de sus clientes está “por debajo de lo normal”, solo un 2,8% la percibe por encima. El balance neto arroja un rojo de 46,9 puntos. Un 28,1% de los directivos califica de “mala” la marcha de su negocio, contra un magro 6,6% que la describe como “buena”, y casi uno de cada tres, 31,4%, dice que acceder al crédito bancario resulta “difícil”.
Las proyecciones no traen alivio. Para el próximo trimestre, el 22% de los empresarios espera que la demanda siga cayendo y solo el 17% anticipa alguna mejora. En ese contexto, un 16,1% de las firmas planea reducir el volumen de producción, apenas superado por el 13% que prevé aumentarlo.
Plantas que trabajan a media máquina
El informe de Utilización de la Capacidad Instalada de junio ubicó el promedio general en 59,1%, apenas por encima del 58,9% de un año atrás, pero el detalle por rubro resulta más elocuente que el promedio. La industria del caucho y el plástico trabaja al 41% de su capacidad, la metalmecánica no automotriz, al 41,5%, y el sector automotriz, al 45,5%. La metalmecánica operaba al 45,9% en junio de 2025, mientras que el sector automotriz lo hacía al 52%. Son los rubros más ligados al consumo durable, y son también los que más sufren la ausencia de compradores.
El otro termómetro, en las cuotas
Si la industria mide la falta de demanda en pedidos que no llegan, el comercio de electrodomésticos la mide en cuotas que no se pagan. En agosto, la morosidad en las casas especializadas del rubro trepó al 50%, la más alta de todo el sistema financiero, por encima de bancos y entidades no bancarias. El dato se inscribe en un escenario más amplio: el 92,3% de los hogares argentinos arrastra algún tipo de deuda, y casi nueve de cada diez de esas obligaciones están impagas.
El comportamiento varía según la cadena. En Frávega el atraso ronda el 39%, en Megatone el 43% y en Cetrogar el 48%. El caso extremo es Coppel, con una morosidad cercana al 70%, en créditos cuyo costo financiero total puede superar el 800% anual, según estadísticas del Banco Central y de consultoras privadas como 1816 y Analytica. El resultado: unos siete millones de personas quedaron fuera del circuito formal de crédito.
A pesar de las afirmaciones del presidente, ni el Mundial de Fútbol, que suele traccionar la venta de televisores, alcanzó para torcer la tendencia. Dinamizó el consumo en gastronomía e indumentaria deportiva, pero no revirtió la desaceleración del sector. Tampoco la venta online compensa el retroceso de los locales físicos, que enfrentan, a la vez, la competencia de las importaciones bajo el sistema puerta a puerta, con precios hasta 54% más bajos que los locales y un peso que ya se cuadruplicó dentro del comercio electrónico de tecnología.
Una lectura que excede la coyuntura
Los dos relevamientos, el de los industriales y el de la morosidad en electrodomésticos, describen, desde ángulos distintos, el mismo fenómeno: un consumo interno que no logra despegar y que condiciona tanto las decisiones de producción de las empresas como la capacidad de pago de las familias. La industria manufacturera lo advierte con las plantas ociosas, el comercio minorista, con las cuotas impagas. En ambos casos, la señal que emiten los propios protagonistas de la economía real es la misma: la demanda, más que cualquier otra variable, es la que hoy marca el ritmo de la actividad.