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Gasto público en Argentina: cuánto cayó y qué margen queda para reducir impuestos

El gasto público cayó a 35,4 % del PBI, pero reducir impuestos sin afectar el equilibrio fiscal requerirá nuevos recortes graduales y una reforma tributaria.

Por Marcelo López Álvarez

En medio de la discusión por el manejo del déficit del Estado y el futuro del Banco Central, el gasto público consolidado de la Argentina cerró 2025 en 35,4 % del Producto, casi doce puntos por debajo del pico de 47,3 % de 2016. Es la mayor contracción en dos décadas y, según un informe de la Fundación Mediterránea, más de la mitad de ese ajuste, un 55 %, se concentró en la actual administración. El otro dato duro: ni así el país recuperó los niveles de gasto de comienzos de siglo, lo que limita cuánto se puede seguir bajando impuestos sin comprometer las cuentas públicas.

Quién bajó más y cuándo

El estudio divide el recorte en tramos. Entre 2016 y 2019, durante el gobierno de Mauricio Macri, el gasto cedió 3,8 puntos del Producto; entre 2023 y 2025, ya con Javier Milei en la Casa Rosada, la baja fue de 6,5 puntos. En términos relativos, un 32 % del ajuste de la última década corresponde a la gestión macrista y apenas un 13 % a la de Alberto Fernández, si se excluye 2020, el año atípico de la pandemia. El contraste se vuelve más nítido si se mira hacia atrás: entre 2004 y 2016 el gasto había subido 20,7 puntos, de 26,6 % a 47,3 % del Producto, un salto atribuido en un 95 % a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Lo que costó una década y media construir recién empezó a desmontarse en los últimos nueve años.

Una segunda mirada, el mismo diagnóstico

El informe aplica también una metodología alternativa, que excluye empresas públicas y obras sociales estatales en las provincias y toma el gasto nacional en base caja. Con ese criterio, el gasto consolidado pasó de un piso de 26,5 % del Producto en 2005 a un techo de 42,6 % en 2015, para ubicarse en 32,2 % en 2025, la cifra que sirve de referencia cuando se la compara con el objetivo del Pacto de Mayo: bajar el gasto consolidado a 25 % del Producto. La distancia por recorrer sigue siendo considerable.

Medido contra el máximo de 2015, el retroceso fue de 10,4 puntos, con 8,5 puntos de caída en Nación respecto de su pico de 2016 y apenas 2,1 puntos en las provincias frente al máximo de 2017. Pero si el punto de comparación es el piso de 2005, el gasto de 2025 todavía se ubica 5,7 puntos por encima, repartidos casi por igual entre Nación y provincias.

La política de recorte del gasto público y baja de impuestos empieza a encontrar límites

Jubilaciones y subsidios, las partidas que más pesan

Todas las grandes partidas del gasto nacional están hoy por debajo de sus máximos históricos. Jubilaciones y subsidios a la energía lideran la lista, con una reducción de 2,9 puntos del Producto cada una respecto de sus picos; las ayudas sociales bajaron 2,5 puntos y el gasto en personal, 1,4 puntos. El panorama cambia contra el piso de 2005: ahí las jubilaciones resultan 2,5 puntos más altas que hace dos décadas, y las ayudas sociales, 0,8 puntos por encima. Un dato que suele quedar afuera del debate público: la inversión directa nacional está hoy por debajo de su mínimo histórico de 2005, y algo similar ocurre con las transferencias de capital a las provincias. El achique del Estado no fue parejo: golpeó con más fuerza a la obra pública que al gasto corriente.

El límite real para bajar impuestos

Aquí llega el corazón del informe. Si se suman las partidas del gasto nacional que en 2025 todavía superaban los niveles de 2005, jubilaciones, ayudas sociales, subsidios energéticos y transferencias a empresas públicas, el excedente equivale a 4 puntos del Producto, suficiente para financiar un 150 % de lo que recaudan hoy el impuesto al cheque y los derechos de exportación, los dos tributos nacionales más distorsivos.

El problema es que buena parte de ese excedente es políticamente intocable: el gasto previsional difícilmente pueda recortarse más, dada la licuación de haberes ocurrida desde 2018 y el peso que ganaron las moratorias. Si solo se recortaran ayudas sociales, subsidios energéticos y transferencias a empresas públicas hasta los niveles de 2005, el ahorro alcanzaría para eliminar un 60 % de esos dos impuestos, no la totalidad. A nivel provincial el ejercicio arroja un resultado parecido: devolver a 2005 las partidas hoy por encima de aquel punto permitiría desarmar un 65 % de la recaudación de Ingresos Brutos y Sellos, los tributos provinciales más nocivos, aunque el margen baja a 48 % si se excluye el gasto previsional de las provincias con cajas propias.

Un ajuste que ya no puede ser de shock

La conclusión del estudio es menos optimista que el relato de la baja de impuestos como paso inmediato. Eliminar tributos distorsivos sin resentir el equilibrio fiscal en Nación y provincias exigirá, según la Fundación Mediterránea, una combinación de reducción adicional del gasto, ya no en forma de shock, sino gradual, junto con la sustitución de impuestos muy distorsivos por otros más neutrales, y la eliminación de exenciones dentro de los tributos tradicionales. El margen existe, pero es bastante más angosto de lo que parece a primera vista.

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